Santa Sofía, espejo en el que se mira Turquía

Hasta la construcción de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, la de Santa Sofía de Constantinopla (actual Estambul) «fue el edificio cristiano más importante del mundo». Luego fue mezquita, hasta transformarse en museo

María Martínez López
La cúpula bizantina y los minaretes, construidos entre 1481 y 1850, dan su inconfundible perfil a Santa Sofía. Foto: CNS

Hasta la construcción de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, la de Santa Sofía de Constantinopla (actual Estambul) «fue el edificio cristiano más importante del mundo». Luego fue mezquita, hasta transformarse en museo

Además de atraer cada año a más de tres millones de turistas, Santa Sofía es el espejo en el que se miran los cambios en la actual Turquía. El presidente Recep Tayyip Erdogan lo sabe. Juega cada vez más con ello desde 2013, cuando permitió que se volviera a llamar a la oración desde los minaretes de un edificio que, desde hace 85 años, es un museo. En el último año ha presidido varios actos con tintes religiosos en él, y solo una decisión del Consejo de Estado (que escuchó el caso el 2 de julio) le separa de hacer realidad su promesa electoral de devolver la antigua basílica al culto musulmán. Este viernes, el máximo tribunal administrativo de Turquía ha permitido que la antigua iglesia bizantina pueda convertirse en mezquita, dejando la decisión sobre ese paso en manos del Gobierno.

El gesto tendría una gran fuerza simbólica dentro del viraje de Erdogan. «Empezó como un islamista moderado», influido por los movimientos islámicos que empezaron a surgir en los años 70 del siglo XX. Con un elemento añadido de «reacción pendular» frente al laicismo impuesto en el país desde la desaparición del Imperio otomano. Lo explica Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor de Historia Medieval en la Universidad CEU San Pablo.

«Pero ha ido girando hacia el nacionalismo neotomano», una corriente que, paradójicamente, coexiste en el mundo musulmán turco con el sufismo, mucho más espiritual. Este nacionalismo, profundiza Rodríguez de la Peña, entremezcla la religión con la pretensión de recuperar una especie de califato y, con él, «la primacía panislámica sobre árabes y persas». Como los sultanes otomanos, que, una vez lograron controlar buena parte de Oriente Próximo, sumaron a su cargo el de califas.

La Sabiduría de Dios, ¿punto de encuentro?

Con este impulso detrás, pocos visos de éxito tienen tanto las críticas internacionales como la petición del patriarca armenio de Constantinopla, Sahak Mashalian, de que en el cambio previsto se permita también la oración cristiana. Tampoco la advertencia del patriarca de Constantinopla, Bartolomé, de que este paso «fracturaría» la relación entre Oriente y Occidente, en vez de permitir que Santa Sofía sea «un punto de encuentro» para los fieles del cristianismo y el islam, al estar dedicada –su nombre completo– a la Santa Sabiduría de Dios.

Efectivamente, a pesar de que su nombre pueda generar confusión, la basílica no está dedicada a una santa, ni a mera sabiduría. Hace referencia a la sabiduría divina, y no como un atributo de Dios sino como forma de referirse a Dios mismo.

Justiniano era «un emperador de una enorme cultura», y al querer consagrar el templo a esta figura en el siglo IV, era consciente del papel teológico que tenía, apunta el profesor de Historia Medieval. «Hay una tradición muy fuerte», especialmente enraizada en el cristianismo oriental, «que vincula la Sabiduría con el Hijo no encarnado, con el Logos; pero también con el Espíritu Santo».

«El edificio cristiano más importante»

«Hasta la consagración de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, Santa Sofía fue el edificio cristiano más importante de la historia», por encima de las grandes catedrales góticas europeas, subraya Rodríguez de la Peña. Y no solo por su tamaño, o porque su diseño arquitectónico, obra del físico Isidoro de Mileto y del matemático Antemio de Tralles, con su cúpula circular sobre un espacio cuadrado fuera un «hito» en la época.

Simbólicamente, «representa a Bizancio» y a todo el cristianismo oriental. Además de por su valor histórico, si se habla de su arquitectura es por ser el elemento que perdura hasta hoy. En lo decorativo, ya antes de la llegada del islam se empezó a perder el esplendor del que el emperador Justiniano quiso dotarla.

El interior, con decoraciones cristianas e islámicas. Foto: CNS

Continua destrucción

Gran parte de sus mosaicos originales fueron destruidos durante los períodos iconoclastas de los siglos VIII y IX; y, «aunque se reconstruyeron después, ya no eran los originales», reconoce el profesor de la Universidad CEU San Pablo. También sufrió daños, sobre todo en sus ornamentos sagrados, durante la «devastadora» cuarta cruzada. Aunque no tantos como la ciudad, arrasada por guerreros que eran «verdaderos saqueadores», para disgusto del Papa Inocencio III. Como explica el experto en Historia Medieval, esto creó «un abismo de odio» que hizo imposible que las frecuentes negociaciones en busca de la unidad perdida llegaran a buen puerto.

La conquista musulmana por parte de Mehmet II en 1453 marcó el comienzo del dominio otomano. Antes de ser convertida en mezquita, Santa Sofía fue testigo de una terrible matanza de los cristianos que se habían refugiado en ella durante los tres días de saqueo y pillaje que, según la costumbre de la época, Mehmet permitió a sus soldados. Comenzaban así cinco siglos de dominio otomano durante los cuales «se trataba bien al que colabora y es dócil», sobre todo en momentos de mayor tolerancia como los siglos XVI y XIX; «y se era duro con el que se rebela».

De mezquita a museo

Esta tolerancia se mostró también con la antigua basílica. Una de sus imágenes más icónicas hoy, el mosaico de la Virgen con el Niño de una de sus cúpulas, no fue destruida. El respeto musulmán a la figura de María hizo que sobreviviera, a pesar de la prohibición de figuras humanas en las mezquitas. Eso sí, en el siglo XVI Solimán ordenó que fuera tapada. Solo volvió a estar a la vista cuando, en 1935, se transformó en museo.

Solo doce años antes la República de Turquía había sustituido al Imperio otomano y su padre fundador, Mustafá Kemal Atatürk, estaba imprimiendo en ella un fuerte laicismo, similar al francés. Este movimiento resultó «ambivalente». Si bien «en cierto grado fue positivo para las minorías religiosas», por otro lado supuso «una especie de occidentalización forzosa» que supuso que se eliminara parte del legado cultural del país.


1.660 años de historia

360: Se construye la primera iglesia, en el lugar donde hoy se levanta Santa Sofía. Esta y su sucesora son destruidas durante sendos disturbios en la ciudad.

537: Concluye su construcción, iniciada en el 532. En la época, era el edificio más grande del mundo. Y siguió siendo la mayor catedral casi 1.000 años, hasta que se consagró la de Sevilla en 1520.

1054: Es el escenario de la excomunión del patriarca Miguel I Cerulario, culminación del cisma de Oriente.

1204: Durante la cuarta cruzada es convertida en catedral católica hasta 1261.

1453: Los musulmanes liderados por Mehmed II ocupan Estambul y la convierten en mezquita.

1931: El Gobierno laicista de Kemal Ataturk decreta su cierre al público, para reabrirla en 1935 convertida en museo.

María Martínez López