«¡Ríndanse ante este pueblo!»

Las camionetas cargadas de policías pasan a toda velocidad disparando contra todo los que se mueve en las calles del centro de Managua. Un muerto y más de 40 heridos, la mayoría por bala, es el resultado de este último ataque de paramilitares y policías contra los estudiantes que resisten en la Universidad de Ingeniería. Ya son cuatro las universidades en las que los estudiantes se han atrincherado y levantado barricadas tras la masacre comenzada el 19 de abril

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Una familia nicaragüense durante una manifestación contenida por grupos policiales. Foto: Javier Bauluz

Las camionetas cargadas de policías pasan a toda velocidad disparando contra todo los que se mueve en las calles del centro de Managua. Un muerto y más de 40 heridos, la mayoría por bala, es el resultado de este último ataque de paramilitares y policías contra los estudiantes que resisten en la Universidad de Ingeniería. Ya son cuatro las universidades en las que los estudiantes se han atrincherado y levantado barricadas tras la masacre comenzada el 19 de abril

Ya son más de 80 muertos y alrededor de 900 heridos en Nicaragua, además de incontables detenidos, torturados y desaparecidos por las fuerzas del presidente Daniel Ortega. Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, llevan en el poder una década rodeados de graves acusaciones de robar elecciones, hacerse con el control de todas las instituciones del Estado, prohibir los partidos de la oposición y controlar la mayoría de los canales de televisión –y, por tanto, la información– a través de sus hijos, propietarios de los mismos.

El pasado mes de abril comenzó la rebelión de miles de nicaragüenses, tras la brutal represión ejecutada por el Gobierno contra las manifestaciones convocadas ante la bajada de las pensiones y la valiente defensa por parte de los estudiantes de los pensionistas golpeados por los paramilitares orteguistas. En menos de una semana hubo decenas de muertos y centenares de heridos. Pero los estudiantes no se rindieron y consiguieron vencer su propio miedo. Desde entonces, la exigencia de la dimisión de Ortega y Murillo se ha convertido en un clamor popular. Actualmente hay manifestaciones y tranques –cortes de carretera– por todo el país. A esta reivindicación se han sumado organizaciones de la empresa privada y de la sociedad civil, y también la Iglesia católica.

La versión 2.0 de monseñor Romero

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, es el más claro defensor de los estudiantes y de sus derechos desde el principio del conflicto. Muchos temen por la vida del respetado pero también amenazado Báez, que se ha convertido en la versión 2.0 de monseñor Romero, el obispo salvadoreño que fue asesinado y que pronto será declarado santo. Su histórico grito «¡Cese la represión!» resonó esta vez a través de las cuentas de Twitter y Facebook de monseñor Báez en los primeros días de la masacre. Desde entonces, no ha dejado de estar en primera línea de la defensa de la democratización y de la búsqueda de soluciones al conflicto, siendo uno de los organizadores –junto al cardenal Brenes y los demás obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua–, del llamado Diálogo Nacional. Como mediadores han conseguido sentar en la mesa al Gobierno y a la sociedad civil, estudiantes, campesinos y representantes de la empresa privada. Aunque no parece que la pareja presidencial esté por la labor de abandonar el poder sin derramar más sangre.

Monseñor Silvio Báez ha recibido varias amenazas de muerte. Foto: Javier Bauluz

Paramilitares y terror

De hecho, desde el comienzo del diálogo, los orteguistas han cambiado sus tácticas y han pasado a sembrar el terror, usando a sus seguidores paramilitares armados y la difusión de noticias falsas por lo medios oficialistas. Por las noches, muchas veces acompañados por la Policía, los paramilitares saquean tiendas, queman sus propios edificios vaciados previamente, matan estudiantes parapetados en las universidades y hacen desaparecer a jóvenes en las calles. Hace pocos días, el cuerpo quemado y torturado de un joven, sin dientes y con las piernas partidas, fue encontrado en la Cuesta del Plomo, el mismo lugar donde abandonaba los cuerpos de los desaparecidos la Guardia del dictador Somoza, derrocado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional tras la revolución de 1979.

 Los nietos del sandinismo

Hoy, los nietos del sandinismo original son los y las jóvenes estudiantes, quienes han crecido escuchando las historias e ideas de libertad y justicia de esa revolución traicionada por el orteguismo.

Desde hace años la poderosa vicepresidenta Murillo habla de Dios y la Virgen en su discurso diario matinal, bajo el lema oficial del Gobierno: Nicaragua, cristiana, solidaria y socialista. Una burda pero efectiva forma de manipulación en un país tremendamente religioso como Nicaragua. Muchos de los gigantescos carteles con la foto de la pareja presidencial están siendo derribados estas semanas por quienes les gritan en las calles «¡que se vayan!». Otro de los símbolos de su poder son los 120 enormes árboles de metal distribuidos por Managua y otras ciudades que están siendo talados por los manifestantes, en medio de grandes muestras de júbilo cuando se desploman.

Mientras siguen las muertes diarias, los hospitales públicos niegan la atención médica a los heridos, y algunos fallecen por falta de tratamiento adecuado. Los médicos rebeldes han creando puestos médicos y hospitalillos dentro de las universidades tomadas, cerca de las barricadas y también en las sacristías de algunas iglesias, que también han sido atacadas por ello. Ha habido sacerdotes que han sufrido amenazas por su apoyo a los derechos de los ciudadanos, y más de una vez han salido a las calles a interponerse entre el fuego de la Policía y los paramilitares contra la población alzada y desarmada.

Todavía resuena en la calles el grito lanzado en la mesa del diálogo a la cara del presidente Ortega por parte del joven estudiante Lesther Alemán: «¡Ríndanse ante este pueblo!».

Javier Bauluz
Nicaragua