«Quiero ser cristiano»: el éxodo de Mahdi, de Irán a Burgos

Un día, las Hijas de la Caridad de la casa San Vicente de Paúl, en Burgos, recibieron un pedazo de papel que les hizo llegar Mahdi, un iraní solicitante de asilo que tienen acogido. Había usado el traductor de Google para escribir: «Quiero ser cristiano». Dos años después, el obispo de Burgos le acaba de bautizar en la catedral

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El arzobispo Fidel Herráez bautiza a Mahdi, en la catedral de Burgos, el pasado 24 de mayo. Foto: Archidiócesis de Burgos

Un día, las Hijas de la Caridad de la casa San Vicente de Paúl, en Burgos, recibieron un pedazo de papel que les hizo llegar Mahdi, un iraní solicitante de asilo que tienen acogido. Había usado el traductor de Google para escribir: «Quiero ser cristiano». Dos años después, el obispo de Burgos le acaba de bautizar en la catedral. Esta es su historia:

Mahdi es la prueba de aquello que escribió san Agustín en sus Confesiones: «Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti». Nacido en Irán, Mahdi tuvo desde niño una fuerte inquietud por buscar a Dios. En su juventud leyó varios libros con la historia de diferentes religiones, «hasta que un día conocí a un amigo cristiano, con quien empecé a leer la Biblia a escondidas. Iba a menudo a su casa a rezar en secreto junto a su familia y junto a otros amigos cristianos. Leíamos la Escritura y hablábamos de la vida de Jesús».

Mahdi cuenta asimismo que «los cristianos en mi país no viven con tranquilidad y no tienen iglesias para rezar. Yo allí vivía feliz porque conocía al hijo de Dios pero vivía con mucho miedo mi fe en secreto». En Irán está prohibido cambiar de religión y hacerte cristiano, afirma, «y por eso mis amigos y yo tuvimos que salir, aunque yo tengo mucho amor a mi país. Me fui porque tenía y sigo teniendo miedo a lo que le pudiera pasar a mi familia si me descubrían. Un día, le dije a mi familia que me iba a buscar un lugar para hablar con Jesús con libertad».

Lo que siguió fueron dos largos años de los que Mahdi no quiere dar más información. «He pasado un largo camino muy duro, pero no quiero volver atrás», reconoce. Su fiel compañera durante esos dos años ha sido una Biblia escrita en persa que logró sacar de Irán, y que fue leyendo durante todo ese tiempo. Mahdi cita un pasaje tras otro casi de memoria porque conoce muy bien la Escritura: tanto en su país como en su huida a Occidente ha sido su compañera habitual en su trato con el Señor.

Su éxodo concluyó cuando, dos años después de abandonar su casa, una furgoneta lo dejó en Burgos, donde lo primero que hizo fue encaminar sus pasos hacia la catedral. Se puso delante del Santísimo «y recé como un ser humano perdido que ha encontrado el camino. Le di las gracias a Dios y a su Hijo por haberme dado salud y por haberme cuidado como siempre ha hecho».

Foto: Archidiócesis de Burgos

Precisamente la catedral de Burgos ha sido el templo donde Mahdi recibió el Bautismo hace apenas dos semanas, de la mano del arzobispo, monseñor Fidel Herráez. Desde que mostró su interés a las religiosas que le acogían hasta ahora ha sido catequizado por José Luis Lastra, consiliario de la Delegación de Pastoral de Migraciones, quien cuenta que «al principio nos teníamos que comunicar por el traductor de Google, y solo cuando aprendió algo más de español comenzamos con el catecismo habitual de la Primera Comunión». En todo este tiempo, a José Luis le ha sorprendido de Mahdi «todo el conocimiento que tiene de la Biblia. Yo no conozco a muchas personas que la puedan manejar como él lo hace».

«Para mí Jesús no es solo un ser humano. Es un camino que tiene mucha luz y mucho amor –afirma Mahdi recogiendo toda su experiencia–. No es que yo lo ame a Él, es que Él me amó primero, y solo puedo dar gracias a Dios, a su Hijo y a María mi Madre, que me llevaron hasta la catedral de Burgos para darme una vida nueva».


Irán: una sociedad «en ebullición religiosa»

El jesuita Jaume Flaquer, de la asociación Cristianisme i Justicia y profesor de Diálogo Interreligioso en la Facultad de Teología de Cataluña, acompaña cada año a algún iraní en su camino hacia la fe católica. «Hay de todo. Los hay que vienen ya con un acercamiento», afirma para Alfa y Omega. «Saben que seguir con ese proceso en su país podría ser incluso peligroso para ellos, y por eso se vienen a Europa». «Hay otros que emigran por motivos económicos y que, aunque ya conocían algo, aquí han acabado de decidirse».

Para Flaquer, este fenómeno de conversiones al cristianismo se debe a que la sociedad iraní está en «un momento de ebullición», parecido al que experimentó España cuando comenzó el proceso de secularización: « Hay muchos que rechazan la religión islámica por su clericalismo y por su vinculación con el régimen político», pero muchos siguen buscando en la religión un horizonte de sentido. Eso los lleva al cristianismo, porque «les atraen principios como el amor al prójimo e, incluso, el amor al enemigo. Muchos están hartos de una vivencia de la religión que en algunos de sus discursos legitima la violencia, por el contexto que hay de conflicto en la zona entre el chiísmo y el sunismo».

En la experiencia de Jaume Flaquer, los conversos iraníes son adultos «que descubren el cristianismo a partir de la pura figura de Jesús que encuentran en el Evangelio». Allí viven su fe como ciudadanos de segunda clase y en ocasiones con riesgo para su vida, «pero les resulta muy atractiva la relación de Jesús con sus contemporáneos». «El encuentro con la adúltera les maravilla, porque ellos ven de vez en cuando que a las mujeres sorprendidas en adulterio se las lapida como entonces». También les fascina la relación de Jesús con sus enemigos, «su relación pacífica con quienes le persiguen. Les muestra cómo han de ser sus relaciones con quienes les rodean». «Para ellos, todo esto es una luz que cambia su vida de arriba abajo», concluye.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo