Olivia y Eugenio. ¿Qué es ser normal? - Alfa y Omega

Prometía mucho. La incombustible Concha Velasco, después de sufrir una dura enfermedad, vuelve a su hábitat natural: el escenario. Y llega arrasando con un tema, a priori, maravilloso: una madre y su hijo. La maternidad en estado puro. Y esta vez, con una característica más especial si cabe: un hijo con Síndrome de down. Y lo que eso conlleva en sus vidas. Pero la alegría de esa madre coraje que defiende a su hijo por encima de todo se torna al final de la obra en un sabor agrio. Aviso a navegantes: voy a contar el final. No lo hago nunca, pero siempre hay una excepción. Y tiene un por qué. Así que si no quieren saberlo, no sigan leyendo.

La obra te va llevando, despacito, a comprender las razones por las que esa madre, enferma de cáncer, debe terminar con su vida y la de su hijo. Oigan, es difícil meterse en el papel de una mujer de un alto estatus social que poco a poco ve cómo se trunca su historia. Y es más, que ve cómo su hijo, que no tiene a nadie más que a ella, va a quedarse solo en el mundo. Un hijo que no puede valerse por sí mismo. No voy a quitar un ápice de dramatismo a la decisión que toma una persona que sufre cuando llama a la Asociación por una muerte digna. Ni al momento en el que le da a su hijo la primera de las pastillas. No quiero decir que es una decisión tomada a vuela pluma. Olivia sufre muchísimo. Y no decide acabar con la vida de su niño, al que tanto ama, de la noche a la mañana ni porque sí. Pero yo no estoy de acuerdo. Y no me gusta salir del teatro pensando que me han manipulado.

Y eso que el texto es brillante en ocasiones, como en ese monólogo en el que Concha defiende la normalidad de su pequeño (¿Es normal un hijo que se emborrache todos los días? ¿es normal un hijo que abandona a sus padres? ¿Qué es ser normal?), o en ese otro parrafazo en el que cuenta cómo cuando nació Eugenio quiso morir, por saberse señalada toda la vida. Pero esa lucidez que marca el guión queda ensombrecido por el amargo final. Si tanto defiende una vida ‘diferente’ de la norma, si tanto amor te ha dado ese hijo a quien otros miraban con recelo, ¿por qué ahora decidir quitarle la vida, también a él?

No se suicida. Ni mata a su hijo. En el último momento tira la toalla y prefiere verse impedida y doliente del brazo de Eugenio que muerta. Pero no cierra la puerta al fatal desenlace. «Tiempo hay para tomarse las pastillas». Y yo pienso en tantas personas que luchan contra viento y marea para mantenerse vivos, y conviven con enfermedades aterradoras. Y pienso qué dirían ellos cuando otros califican su fallecimiento de muerte indigna. Y me duele, la verdad.

Decisiones duras en vidas difíciles hay. Pero no hay vida indigna cuando es vivida. Porque ante todo, es un regalo. Un regalo de Dios.

Olivia y Eugenio

★★☆☆☆

Teatro:

Teatro Bellas Artes

Dirección:

Calle Marqués de Casa Riera, 2

Metro:

Sevilla, Banco de España

OBRA FINALIZADA