Objetivo: la comunión plena - Alfa y Omega

Objetivo: la comunión plena

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Benedicto XVI y Bartolomé I

El diálogo ecuménico no queda reducido solamente a la foto de un abrazo entre las Cabezas de la Iglesia católica y la ortodoxa. Los avances hacia la unidad, después de siglos de Historia en los que Roma y Constantinopla se han mirado de lejos, han progresado poco a poco, pero ambas Iglesias ya se atreven a hablar de la posibilidad de celebrar la Eucaristía juntos. Si el primer encuentro que acortó las distancias -el de Pablo VI y el Patriarca Atenágoras-, no podía «ser considerado más que como un gesto fraternal, inspirado por la caridad de Cristo, que dejó a sus discípulos el precepto supremo de amarse los unos a los otros, de perdonar las ofensas hasta setenta veces siete y de estar mutuamente unidos» (Comunicado conjunto de Pablo VI y Atenágoras) -algo que tomó cuerpo en el levantamiento mutuo de las sentencias de excomunión-, desde entonces los pasos dados han concretado la forma de la unidad deseada. Un hito fundamental en los acontecimientos futuros que desearon Pablo VI y Atenágoras los constituyó el Encuentro entre Juan Pablo II y el Patriarca Dimitros, en la fiesta de San Andrés de 1979, durante el viaje del primero a Turquía, pues entonces comenzó el trabajo de la Comisión Mixta Católico-Ortodoxa para el diálogo teológico común, con la finalidad declarada de restablecer la comunión plena; ambos pastores reconocían entonces «una mejor comprensión de las posiciones teológicas recíprocas», junto a una «purificación del recuerdo colectivo de nuestras Iglesias» que allanaba el camino.

Otro paso también decisivo tuvo lugar en Roma, esta vez entre Juan Pablo II y el Patriarca Bartolomé I, en la fiesta de San Pedro y San Pablo en 1995, cuando ambos oraron juntos en la basílica vaticana, pero lamentando que, después, «nos separamos dolorosamente durante la celebración de la liturgia eucarística, puesto que aún no nos es posible beber del mismo cáliz del Señor». Más tarde, en el año 2004, ambos reconocerían que los impedimentos para la unidad «son, ante todo, doctrinales», pero también derivados de «los profundos cambios que se han producido recientemente en el ámbito social y político». Sin embargo, un acontecimiento importante de este encuentro fue la concesión al Patriarcado ecuménico del uso de la Iglesia de San Teodoro, en el centro de Roma.

Pablo VI y Atenágoras; a la derecha Juan Pablo II y Dimitros

Ya en el año 2006, Benedicto XVI y Bartolomé I alabaron la reanudación de los trabajos de la Comisión Mixta, paralizada durante varios años «debido a diversas dificultades». La Comisión había recomenzado poco antes su labor con un estudio sobre Conciliaridad y autoridad de la Iglesia, avanzando en una visión eclesiológica de tipo más colegial que hoy el Papa Francisco ha sugerido en varias ocasiones.

Ahora, el Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé han pedido reconocer «la urgencia del momento», para que llegue por fin «el día en el que finalmente participemos juntos en el banquete eucarístico».

J. L. V. D.-M.