«Nuestra política es: lo primero, las víctimas»

El jesuita Hans Zollner forma parte de la Comisión Pontificia para la Tutela de Menores creada por el Papa Francisco. También dirige en la Universidad Gregoriana de Roma un centro pionero en la prevención y el estudio de los casos de abusos por parte del clero. Aunque la Comisión tiene mucho trabajo por delante («como para 30 o 50 años más»), hay ya resultados visibles, asegura

Ángeles Conde
Hans Zollner y el cardenal Sean O’Malley, responsable de la Comisión Pontificia para la Tutela de Menores, durante una rueda de prensa en febrero de 2015. Foto: CNS

El jesuita Hans Zollner forma parte de la Comisión Pontificia para la Tutela de Menores creada por el Papa Francisco. También dirige en la Universidad Gregoriana de Roma un centro pionero en la prevención y el estudio de los casos de abusos por parte del clero. Aunque la Comisión tiene mucho trabajo por delante («como para 30 o 50 años más»), hay ya resultados visibles, asegura

¿Cómo acompaña la Iglesia a las víctimas?

Victims first [Lo primero, las víctimas]. Esta es la principal política. Lo primero es escucharlas y acogerlas. Así lo han dicho Benedicto XVI y el Papa Francisco o la Congregación para la Doctrina de la Fe, con su carta circular a todas las conferencias episcopales para la preparación de las líneas-guía con el fin de tratar los casos de abuso sexual. La prioridad es escuchar a quienes han sufrido los abusos de una forma empática, incondicional, sin prejuicios, sin ponerse a la defensiva y sin intentar negar los hechos. En muchas ocasiones, esto supone facilitar un camino que, para algunas de estas personas, conduce a algo que podemos considerar como un inicio de reconciliación o curación. Yo he conocido a personas que han podido hacerlo y ha sido una gracia.

Para estas víctimas, ¿es posible retomar una vida normal?

Cada persona es única. Para muchas depende de la respuesta recibida a lo largo de los años porque a veces han pasado décadas luchando solas y sufriendo las consecuencias del abuso, como trastornos psicológicos, enfermedades, imposibilidad de trabajar, pobreza… Muchas continúan indignadas y es comprensible, sobre todo si sus abusadores no han sido procesados, sino, por ejemplo, cambiados de parroquia. Se llegan a sentir personas rechazadas que no pueden recurrir a nadie. Otras víctimas han encontrado paz, aunque una parte de su vida continúa ensombrecida. Hay un tercer grupo de personas que, por una serie de circunstancias y por gracia de Dios, encuentran cómo emprender un camino verdadero, serio y profundo –ni espiritualizante ni idealizante–, para atravesar la oscuridad y entrar en el sufrimiento. Lo hacen con ayuda de terapeutas y familia, y en muchas ocasiones también asistidos por sacerdotes y religiosos. Llegan a encontrar, en medio de estas arenas movedizas, el modo de dar un paso tras otro hacia la confianza arrebatada. Porque lo que se ha destruido es la confianza: en las demás personas, en la Iglesia… Es muy comprensible.

¿Victims first es ahora la línea maestra porque el error fue dejar desamparadas a las víctimas?

En su carta a los católicos de Irlanda, Benedicto XVI señaló que no solo el pecado sino también el crimen fue que, sabiendo que existían estos casos, se dejó solas a las víctimas, sin escucharlas, sin ayuda terapéutica y sin ningún otro apoyo. Y en un estado que, para muchas víctimas, es un gran sufrimiento –y de lo que no se habla tanto–: una gran soledad espiritual. Porque, para algunas, la herida más grande es no poder fiarse de Dios. Eso les lleva a no sentir Su presencia, no poder relacionarse con Jesucristo, no poder rezar, no poder ir a Misa, no poder entrar en una iglesia… Creo que, de esto, la Iglesia –los responsables dentro de la Iglesia– no nos damos tanta cuenta. Algunas víctimas no quieren saber nada nunca más de la Iglesia, pero a otras les gustaría volver a tener una relación con Dios. El problema es que no encuentran una respuesta. Si nuestra mediación falta, retomar la relación con Dios no será posible.

¿Cómo se plantea la responsabilidad de cada miembro del clero?

La Congregación para la Doctrina de la Fe en el 2011 envió una circular a todas las conferencias episcopales solicitando el cumplimiento de estas medidas, entre las que consta cómo tratar a los sacerdotes acusados, la cuestión de la formación y cómo se relaciona la justicia canónica con la legislación civil de los Estados. La Congregación pide a las Iglesias locales que no actúen por su cuenta, como si las indicaciones del Vaticano no fueran aplicables para ellos. Cada obispo debe transmitir estas directrices a sus responsables: vicario general, vicario judicial… y después, de modo apropiado, a todos los sacerdotes y fieles. Muchos obispos han escrito cartas pastorales o han dedicado sus homilías al tema. En estas guías, como digo, también se recoge el procedimiento para hacer una denuncia. Ante una acusación o sospecha, el Derecho Canónico indica que se debe poner en marcha una investigación preliminar, al final de la cual el obispo o el provincial debe hacer la denuncia, en el caso de que haya una probabilidad de verdad. Después se envía a la Congregación y esta estima cómo proceder. Obviamente la Iglesia no puede ocuparse de la cuestión judicial de cada estado. En Francia, por ejemplo, existe obligación de denunciar civilmente, pero no es así en Italia o en Alemania. Aunque esto no significa que no haya que hacerlo. Existe una responsabilidad moral de hacerlo.

¿Y se llega hasta el final?

Muchas veces los obispos denuncian ante la Congregación casos que ya han prescrito penalmente. Los obispos americanos han decidido que cualquier denuncia contra cualquier sacerdote será llevada a Doctrina de la Fe, incluso si los crímenes han prescrito ante la justicia civil y la Policía no puede hacer nada. En esos casos la Iglesia hace mas que los estados.

¿Hablamos del concepto de accountability que introdujo la Pontificia Comisión?

Accountability se refiere a que, si un obispo o superior no denuncia, se convierte en corresponsable. Por ejemplo, en los casos donde habiendo conocimiento de la comisión de un abuso, se ha trasladado de parroquia o centro al sacerdote abusador.

De eso habló el Papa Francisco durante la rueda de prensa a la vuelta de México. También alabó la labor de Benedicto XVI, ¿por qué se desconoce su trabajo en este ámbito?

Él hizo mucho más de lo que se sabe. En un periodo muy difícil, inició procesos canónicos contra abusadores muy conocidos, como prefecto y luego como Papa. Fue quien endureció las normas de la Iglesia. Y por supuesto Francisco ha seguido esa línea. Yo estuve presente en la reunión que celebró en Casa Santa Marta con seis víctimas de abusos. Para muchos quizá fue algo simbólico, pero no olvidemos que las recibió en el corazón de la Iglesia, en el Vaticano. Yo fui testigo de cómo las acogió, de su enorme cercanía humana y espiritual hacia ellos. Está claro que este asunto centra la atención del Papa.

¿Hacia dónde camina la Comisión?

De momento, hemos hecho varias cosas. Por ejemplo, hemos sido invitados en varias conferencias episcopales para ofrecer asesoramiento. Yo estuve en Filipinas el pasado agosto, donde convocamos a 75 obispos durante tres días para hablar sobre abusos y prevención. Nos invitaron en mayo, fuimos en agosto y en enero instituyeron una oficina nacional para la protección de menores. Tenemos además varios grupos de trabajo sobre varios temas, con propuestas como la jornada de oración y la liturgia penitencial, porque –repito– es importante el aspecto espiritual en el cuidado de las víctimas. En cuanto al aspecto legal, trabajamos por asegurar que las víctimas en un proceso canónico puedan estar respaldadas. Yo personalmente soy el responsable del grupo de trabajo encargado de la formación de los sacerdotes y líderes de la Iglesia. También está presente el asunto de la prevención en los colegios. Son muchas las áreas de actuación.

Entonces, tienen mucho trabajo por delante.

Sí, hay como para 30 o 50 años más.

Angelines Conde. Ciudad del Vaticano

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»«El instinto era proteger a la institución del escándalo»»]

«Papa Francisco, es hora de proteger a los niños y restaurar la fe». El productor de Spotlight, Michael Sugar, recogía el domingo con estas palabras el Óscar a la mejor película. El filme, que narra las investigaciones del Boston Globe hasta el descubrimiento de decenas de casos de abusos sexuales en la archidiócesis de Boston, fue una de las ganadoras de la noche, al recibir dos estatuillas, incluida la categoría de mejor guion original.

«No es una película anticatólica», escribía el lunes en L’Osservatore romano Lucceta Scaraffia. «Es verdad que no se cuenta la larga lucha de Joseph Ratzinger contra la pedofilia, pero en una película no se puede decir todo».

En la misma línea, Hans Zollner dijo a Radio Vaticano que, pese al tono crítico de Sugar, el reconocimiento a Spotlight supone «un nuevo impulso» a la labor que realiza la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores, y recordó que el arzobispo maltés Charles Scicluna –durante diez años encargado de perseguir estos crímenes desde la Congregación para la Doctrina de la Fe– ha recomendado a los obispos que vean la película.

Solo unas horas antes de la entrega de los Óscar, empezaba a testificar por videoconferencia desde un hotel de Roma el cardenal George Pell sobre su posible responsabilidad en el ocultamiento de abusos como obispo y sacerdote en Australia, fundamentalmente en las décadas de los 70 y 80. «No estoy aquí para defender lo indefendible», aseguró el prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede en una sala, en la que estaban presentes decenas de víctimas y unos 70 periodistas. Pell admitió que la Iglesia gestionó a menudo «de forma errónea las cosas», puesto que «el instinto era más bien proteger a la institución del escándalo». El cardenal australiano negó haber ocultado casos de abusos, aunque sí reconoció que «en aquellos días, si un sacerdote negaba tal actividad, yo me inclinaba firmemente a aceptar el desmentido». Al mismo tiempo, el prelado puso en valor los avances en la lucha y prevención de esta lacra por parte de la Iglesia australiana en los últimos 20 años.

En la víspera de esta declaración, el cardenal Pell protagonizó un gesto hacia las víctimas de su diócesis natal, Ballarat, una de las más golpeadas, con medio centenar de suicidios motivados por las secuelas de estos abusos. El prefecto de la Secretaría de Economía colgó en la réplica vaticana de la gruta de Lourdes uno de los característicos lazos de colores en recuerdo de las víctimas. En la mañana del lunes, George Pell fue recibido en audiencia por el Papa.

R.B.

[/w8_toggle]