Multilateralismo, armas nucleares, trata, medio ambiente… los mensajes de la Iglesia a la ONU

La intervención del Papa Francisco en la Cumbre sobre Acción Climática y el hecho de que haya enviado a su secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, al frente de la delegación vaticana revela la importancia que da la Iglesia a todas las cuestiones que se han abordado en la Asamblea General de Naciones Unidas. El número dos del Vaticano ha participado en más de una decena de encuentros de alto nivel, además de en la sesión plenaria final. Estos son los mensajes que ha lanzado

María Martínez López
Foto: CNS

La intervención del Papa Francisco en la Cumbre sobre Acción Climática y el hecho de que haya enviado a su secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, al frente de la delegación vaticana revela la importancia que da la Iglesia a todas las cuestiones que se han abordado en la Asamblea General de Naciones Unidas. El número dos del Vaticano ha participado en más de una decena de encuentros de alto nivel, además de en la sesión plenaria final. Estos son los mensajes que ha lanzado

Multilateralismo: «Miembros de una única familia humana»

Una de las grandes preocupaciones del Papa en el panorama internacional, más allá de los desafíos concretos, es el multilateralismo. Fue el tema de su discurso a comienzo de año al cuerpo diplomático, y fue la cuestión elegida por su secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, para centrar su discurso final ante la Asamblea Plenaria de Naciones Unidas, después de una semana de intervenciones sobre cuestiones concretas.

«El no reconocer que la comunidad internacional es una familia de naciones que comparte un destino común y un hogar común –subrayó– está en el centro de los muchos desafíos a los que hoy se enfrenta el multilateralismo», como son la acción unilateral, las políticas partidistas o nacionalistas, el dominio de los poderosos. Todas ellas consecuencia de no «reconocer a los otros como igualmente miembros de una única familia humana, permitiendo que prevalezca un clima de miedo, desconfianza y oposición».

El cardenal Parolin subrayó avances como la lucha contra la pobreza, donde los Objetivos de Desarrollo del Milenio lograron sacar a mil millones de personas de la extrema necesidad. El multilateralismo también ha contribuido a solucionar conflictos como el de Sudán del Sur o República Centroafricana, a «luchar contra epidemias y cuidar de los migrantes y refugiados».

Al mismo tiempo, el secretario de Estado pidió que se «renueve nuestra dedicación a proteger a las mujeres y los niños de la violencia sexual generalizada durante los conflictos», una práctica «degradante, deshumanizante y una grave violación de los derechos y dignidad de la víctima». Pidió también protección para los hijos concebidos en estas violaciones, que también son «víctimas inocentes». Exhortó también a una mayor cooperación internacional y regional para acabar con la proliferación de armas.

En cuanto a la preocupación global sobre las migraciones, el cardenal insistió en que es necesario un «compromiso integral y la acción de todos los estados». Se felicitó por los pasos que se están dando para el Foro Internacional para la Revisión de las Migraciones (IMRF por sus siglas en inglés), que se celebrará en 2022 y que todos los estados miembros deberán aprovechar «para abordar los desafíos y preocupaciones emergentes» para una migración más segura, ordenada y regular. También apoyó la petición de que se establezca un panel de alto nivel sobre desplazados internos, que «fueron dejados fuera de los Pactos Globales» sobre migraciones y refugiados.

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Armas nucleares: «Actuar ya, no en una vaga fecha futura»

A la Santa Sede le decepciona «la ausencia actual de negociaciones orientadas a lograr ni siquiera los pasos más modestos hacia este objetivo vital de seguridad global», la eliminación total de las armas nucleares. Lo reconoció el cardenal Parolin en el encuentro plenario de alto nivel para conmemorar y promover el día internacional con este objetivo. Pero frente a la tentación de «perder la esperanza», pidió «perseverancia y determinación». Destacó la «importancia crítica» de que los líderes globales a los más altos niveles «alcen la voz con fuerza para exhortar a esos estados que deben dar los próximos pasos para que empiecen a actuar ya, no en alguna fecha vaga del futuro y no esperando a una situación internacional ideal de paz y seguridad». Se felicitó, en cambio, por el creciente número de países que han firmado el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares. Al mismo tiempo, pidió «diálogo sincero, honesto y efectivo» para que los estados que aún no han firmado «forjen la confianza que hace falta» para hacerlo.

«Las armas nucleares ofrecen una falsa sensación de seguridad. La incómoda paz que promete la disuasión nuclear ha demostrado una y otra vez ser ilusoria. Una paz duradera y la seguridad internacional no se pueden fundar en la destrucción mutuamente asegurada o en la amenaza de la aniquilación». Por ello, el representante de la Santa Sede lamentó que, 23 años después de su firma, el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares aún no haya entrado en vigor. Falta la ratificación de nueve países clave. En este sentido, y en un contexto de proliferación nuclear y modernización de los arsenales, la Santa Sede se ha sumado a varios estados miembros para reiterar su «llamamiento urgente» a los países que aún siguen fuera del acuerdo. «El régimen de no proliferación debe trabajar de forma tan incansable por una prohibición de las pruebas nucleares como lo hace por el desarme».

Conflictos internacionales: «Nuevos senderos de diálogo»

Después de ocho años en guerra en Siria, «es necesario, o más bien urgente, superar el estancamiento político y tener el coraje de buscar nuevos senderos de diálogo y nuevas soluciones, con realismo y preocupación por los implicados». En un acto organizado por la Unión Europea, el cardenal Parolin subrayó que estos nuevos caminos deben tener en cuenta tres aspectos claves: las «duras cargas para la población» que suponen las sanciones impuestas al país, y la necesidad de promover tanto «el regreso voluntario y seguro» de los refugiados y desplazados en general, como la presencia en particular de los cristianos y otras minorías religiosas.

En su discurso ante la Asamblea General, el secretario de Estado del Vaticano aludió a otros conflictos de Oriente Medio, como la guerra de Yemen y el «perenne» enfrentamiento entre Israel y los territorios palestinos, con la petición de que se den pasos para buscar «un compromiso concreto y simbólico» sobre Jerusalén.

Foto: CNS

Trata de personas: Acabar con la impunidad

En un desayuno ministerial sobre tráfico de seres humanos, el cardenal Parolin valoró la movilización de la comunidad internacional contra esta lacra que afecta a 41 millones de personas. Pero «no es comparable en tamaño con este cáncer. Nuestros esfuerzos ni se han acercado a la efectividad que deberían tener». En esta labor se debe mejorar tanto en «la prevención del tráfico abordando lo que lo alimenta» (las situaciones que generan vulnerabilidad y los factores que aumentan la demanda), como en protección y asistencia a las víctimas, haciendo hincapié en su rehabilitación; en perseguir a los implicados, pues «hay demasiadas pocas condenas y la mayoría de traficantes todavía opera con impunidad»; y, finalmente, en promover colaboración entre instituciones de todo tipo. En este sentido, puso como ejemplo dos realidades promovidas por la Iglesia: el Grupo Santa Marta y Talitha Kum, la red de religiosas contra la trata.

Desarrollo sostenible: «Moverse juntos» y sin «colonización ideológica»

Alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030 «requiere todo nuestro esfuerzo coordinado. Ningún Estado o Gobierno, ningún programa oficial de asistencia al desarrollo, ninguna organización o institución financiera puede cumplirlo» por sí solo. «Requiere un enfoque global, integral, de toda la sociedad». Por eso, el cardenal Parolin animó a los participantes en el foro político de alto nivel sobre este tema, a «moverse juntos en la misma dirección», marcada por el bien común y la buena fe. «Significa alejarse de la tendencia hacia la colonización ideológica y hacia imponer la voluntad de unos pocos a la mayoría». Requiere «alinear recursos humanos, financieros, técnicos y tecnológicos», y que los países en desarrollo «demuestren transparencia, rendición de cuentas y ser dignos de confianza».

Libertad y persecución religiosa: Más protección… y ayuda para el regreso

Ante la Asamblea General, el cardenal Parolin denunció el «aumento de ataques contra creyentes en el último año», particularmente reprensibles al producirse muchos de ellos cuando se reunían para rezar. «Apreciamos la llamada de atención de la comunidad internacional y su adopción de varias iniciativas», que deben considerar a todas las religiones. Pero pidió también más responsabilidad a los estados a la hora de proteger a todos sus ciudadanos y de abordar «los factores culturales que llevan a la violencia».

En el debate específico sobre Asegurar un futuro a los cristianos perseguidos, convocado por Hungría, celebró el regreso de muchos de los cristianos de la Llanura de Nínive, donde además de sus ciudades intentan «reparar el tejido social que había sido descompuesto por el odio, la traición y la brutalidad. Su retorno es un signo de que el mal no tiene la última palabra. Es también un poderoso testigo de la importancia de la presencia cristiana en Oriente Medio». Pero lamentó la falta de avances en el proceso de reconstrucción, sobre todo en Mosul. «Hay una necesidad apremiante» de oportunidades laborales, educativas y de atención sanitaria, y queda mucho por hacer en seguridad, prevención, ayuda humanitaria y desarrollo para garantizar que puedan permanecer «permanecer pacíficamente en sus hogares a largo plazo».

Foto: Fundación Juan Ciudad

Cobertura sanitaria universal: Sí a un derecho humano, no al aborto

En un encuentro sobre cobertura sanitaria universal, el número dos del Vaticano afirmó que «asegurar que todas las personas tengan acceso a la atención médica que necesitan es una expresión concreta de solidaridad, justicia social y del reparto equitativo del bien común». Sin embargo, «la mitad de la población mundial todavía no tiene acceso a atención sanitaria básica, mientras cerca de cien millones de personas son empujadas a la pobreza extrema cada año debido a los gastos médicos». Para atajar esta vulneración de un derecho humano, hacen falta –afirmó el cardenal– políticas que aseguren la atención esencial a todos, y también «la investigación y el desarrollo de tratamientos que, aunque no sean rentables desde el punto de vista económico, son esenciales para salvar vidas».

Sin embargo, al mismo tiempo lamentó como «muy desafortunado» que en la declaración adoptada en ese encuentro se hayan incluido «referencias profundamente preocupantes y divisivas» a conceptos como la «salud sexual y reproductiva y derechos reproductivos», rechazando que se interpreten para incluir el aborto.

Cuidado de la creación: «Más cooperación y recursos»

Citando el videomensaje del Papa a la Cumbre de Acción Climática del 23 de septiembre, el cardenal Parolin recordó en la Asamblea General que a pesar de logros multilaterales como el Acuerdo de París y su desarrollo en la Cumbre de Katowice, «hay una necesidad clara y urgente de voluntad política más convencida y mayor cooperación global en dotar de los recursos para implementar esos compromisos», sobre todo entre los países ricos y aquellos en vías de desarrollo, así como de «un marco transparente» que promueva la confianza.

Participó también en el Encuentro de alto nivel sobre protección de las selvas tropicales, donde recordó el daño que está sufriendo el Amazonas, pero también otros bosques pluviales como los de la cuenca del río Congo o los del sudeste asiático, «esenciales para un desarrollo humano integral». Además de poder «acabar alterando todo el ecosistema», esta destrucción provoca «un gran sufrimiento humano» que «recae mayoritariamente en aquellos cuya casa, sustento, patrimonio cultural y estructuras sociales dependen de los bosques». Una crisis «no solo ambiental, sino también social y sobre todo ética» que reclama «una ecología y un desarrollo integrales, equilibrando el uso responsable de los bosques y su protección», y ofreciendo salidas laborales dignas y sostenibles a los pobres, que a veces los destruyen por pura supervivencia.

María Martínez López