Mosul celebra su primera Misa de Navidad en tres años

Cristianos y musulmanes se reunieron el 24 de diciembre en la maltrecha iglesia de San Pablo de la ciudad iraquí, liberada de Daesh hace cinco meses

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Monseñor Louis Sako, obispo patriarcal caldeo de Mosul, durante la Eucaristía en San Pablo, en Mosul. Foto: EFE

Cristianos y musulmanes se reunieron el 24 de diciembre en la maltrecha iglesia de San Pablo de la ciudad iraquí, liberada de Daesh hace cinco meses

«Con esta celebración decimos a todos los habitantes de Mosul que son hermanos, sea cual sea su religión, su etnia y a pesar de todos los daños y los sufrimientos que les infligieron». Este es el testimonio que la agencia AFP ha recogido de Farqad Malko, quien un mes atrás regresó del Kurdistán para rehacer su vida en la castigada ciudad del norte de Irak, liberada el pasado mes de julio de las fauces de Daesh tras nueve meses de lucha sangrienta. También es un mensaje de esperanza después de la catástrofe islamista. Tal y como asegura esta mujer iraquí, participante en la primera Misa de Navidad oficiada en Mosul en tres años, «estar aquí es una alegría inmensa».

El 24 de diciembre, los villancicos volvieron a sonar en la iglesia de San Pablo, la única abierta en una ciudad en la que la presencia cristiana se remonta al siglo IV. Se colocaron árboles de Navidad, se instalaron cortinas blancas y rojas para ocultar las huellas de las explosiones en sus muros y vidrieras, se encendieron velas y se celebró la Eucaristía.

En su homilía, ante al menos un centenar de cristianos y una buena cantidad de vecinos musulmanes, entre los que también se encontraban algunas autoridades locales y militares, el obispo patriarcal caldeo, monseñor Louis Sako, llamó a las decenas de fieles a rezar por «la paz y la estabilidad en Mosul, en Irak y en el mundo». A las puertas de templo se llevó a cabo un gran despliegue para velar por la seguridad de una misa histórica, que estuvo preparándose durante más de un mes.

Junto a los blindados, no se ocultó la imagen de uno de los «mártires» cristianos de Mosul, asesinado por los yihadistas. Una manera de recordar tres años de ocupación, tres años de atrocidades, tres años de infierno.

Después del éxodo

Durante este periodo, Daesh persiguió en la segunda ciudad iraquí, al igual que en el resto del autodenominado «califato», a las minorías religiosas, en particular a los yazidíes y a los cristianos caldeos y siríacos de la meseta de Nínive, lo que desencadenó un éxodo masivo. Y aunque la derrota de los yihadistas aún no ha estimulado el retorno generalizado de quienes lo dejaron todo atrás, la restauración ya está en marcha. «Se trata de nuestra tierra, de nuestras casas, y vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para reconstruir Mosul junto a nuestros hermanos de todas la religiones», señala a AFP la joven Mina Ramez, de 20 años. Ella volvió a su ciudad hace dos meses, y lo hizo con un firme propósito: «Nunca abandonaremos la tierra que nos ha visto nacer».

Isabel Gutiérrez Rico/ABC