Mar Sánchez Izuel: «Vamos con hábito y somos innovadoras»

Mar Sánchez Izuel: «Vamos con hábito y somos innovadoras»

Religiosa de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, dirige el Colegio Montserrat de Barcelona

Fran Otero
Foto: Colegio Montserrat

Mar Sánchez Izuel (Barcelona, 1973) es religiosa de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. Lo es porque fue a uno de los colegios de la congregación. Allí se topó con Montserrat del Pozo, su referente, conocida como sor Innovación y hoy madre general de la congregación. Encontró su vocación, estudió Periodismo y descubrió que quería ser educadora, porque «es la mejora manera que he encontrado de cambiar el mundo». Tras pasar por los centros de Lanzarote y Madrid, hoy dirige el Colegio Montserrat de Barcelona, el buque insignia, y es la responsable de la Red Nazaret Colegios Innovadores en España-Indonesia.

¿Qué significa ser directora de un colegio concertado católico?
Es un privilegio. También un aprendizaje constante y una invitación a salir de uno mismo para pensar en las personas que tienes que  hacer crecer. Ejercer esta responsabilidad es la manera en la que hago vida mi entrega a nuestro Señor. Además, en mi caso, se establece un modelo de líder que es femenino y esta presencia es muy válida. Esto, además, marca una manera de hacer las cosas.

¿Cómo se ejerce el liderazgo en mitad de una pandemia?
En medio de la incertidumbre. Yo tengo suerte, pues este es compartido con otras religiosas y laicos. En nuestro caso, en este tiempo hemos querido ser más proactivos que reactivos. Esto supone no solo responder a las urgencias, sino seguir ayudando a que cada alumno encuentre el sentido a su vida. Los centros católicos son plataformas de evangelización y no podemos renunciar a eso.

A sus colegios los define la innovación. ¿Cuál es la propuesta?
Se trata de darle la vuelta a todo un centro educativo y poner al alumno en el centro. Es decir, darle lo que necesita para que pueda cambiar el mundo. Esto significa que los colegios tienen que pasar por cuatro transformaciones: en el enfoque, el currículo, las metodologías y la evaluación; en el rol del profesor, que ya no es un dispensador de contenidos sino el que diseña un escenario nuevo para que el alumno crezca; en la organización, y en el ámbito digital. Esto se puede hacer en tres años.

¿Cómo?
Formando a los profesores para la acción. El profesor es el principal recurso que va a tener un niño. Así lo hemos hecho en España y a nivel internacional gracias al movimiento Nazaret Global Education. Cuando el Papa Francisco empezó a hablar de las periferias, nosotras optamos por ofrecer este tesoro educativo a todo el mundo. A partir de ahí, vimos las zonas donde el nivel de educación todavía es muy bajo y lanzamos un proyecto en Indonesia, donde estamos construyendo un colegio. Y otro Timor Leste, donde queremos promover una escuela de Magisterio.

¿Qué tiene que ver la innovación con el Evangelio?
Nuestra misión es evangelizar, que cada uno descubra su vocación y que, a través de ella, se entregue y cambie la vida de los demás. Pero para esta evangelización no valen un lápiz y una libreta. Para conseguir que el alumno crezca y descubra sus talentos hay que ponerle al lado personas formadas y recursos.

¿Cómo vive el debate político en materia educativa, con ataques a los colegios católicos incluidos?
Hay mucha más pugna a nivel político. Nosotras vamos con hábito y somos innovadoras, y esto ha sorprendido a gente que nos dice: «Tan lanzadas que sois y tenéis ese toque clásico». Yo les respondo que es para que me identifiquen. Cuando encuentras a gente apasionada, da igual de dónde procedas. Esto lo viví en Madrid, donde impartí cursos de formación en los que la mayor parte de los asistentes eran profesores de la escuela pública. Imagina la escena: la monja dando clase de inteligencias múltiples y aprendizaje cooperativo a profesores de la pública. Pasa más a menudo de lo que pensamos.

¿Será posible un pacto educativo?
Ojalá se consiguiera. La educación tiene que ir al margen de la política. Hay gente muy comprometida a nivel educativo y que sabe mucho. Trabajemos desde ahí. Todo esto debería hacerse al margen de las leyes educativas que establece un partido, porque, además, no tocan lo nuclear de la educación. El problema que tengo en el aula no me lo resuelve ninguna ley educativa, sino en cómo yo crea en ese alumno. Ojalá existiese ese pacto al margen de la política y se contara con un buen presupuesto.