Pedro Huerta: «Nuestra educación necesita un pacto social y político»

El nuevo secretario general de Escuelas Católicas afirma que no pueden aceptar la reforma de Celaá y pide que se reconozca la función social de la concertada, muy visible durante la pandemia

Fran Otero
Con el Papa. En diez días como secretario general, Pedro J. Huerta apenas ha pisado su nuevo despacho. Solo ha podido añadir algún elemento personal, como una foto con Francisco. Foto: Fandiño

¿Cómo afronta este encargo que, además, le llega en un momento delicado?

–Llego con la voluntad de continuar la labor que se ha realizado hasta ahora y de aportar mi estilo y mi visión de las cosas. He encontrado una organización bien estructurada y con buenos profesionales. Esto me da seguridad, porque la situación no es la deseable.

¿Cómo concibe la escuela católica? ¿Qué estilo va a imprimir?

–Creo que es importante seguir haciendo visible la función social de la escuela católica en nuestro país; su apuesta por la modernización de la educación y del sistema educativo, que es algo que nos identifica, y su carácter evangelizador. También la transparencia.

¿Cómo valora la labor de la escuela católica durante la pandemia?

–Llevo pocos días como secretario general, pero puedo contar mi experiencia como profesor que era hasta hace unos días. He vivido la situación desde la base: los momentos de angustia y la preocupación del claustro por que nadie se quedara atrás, sobre todo aquellos que no tenían medios. En estos días estoy descubriendo que eso que yo viví es la experiencia de toda la escuela católica. Todo esto hay que ponerlo en valor, pero no para que nos den una medalla, sino para mostrar ante la sociedad esa función social, que nada tiene que ver con la segregación o el elitismo del que se nos acusa. Ha habido un esfuerzo real, incluso sin medios ni ayudas financieras externas. La escuela católica ha respondido ante esta situación y tenemos que seguir respondiendo.

¿Cómo afronta este nuevo curso?

–A nivel institucional se afronta desde el respeto de los protocolos que ha aprobado la Administración. Mientras esperamos a la financiación, los centros han adelantado fondos para que sus instalaciones sean lugares seguros, donde puedan cumplir su misión. De los docentes y los alumnos me ha llegado la esperanza y la ilusión de volver a encontrarse. Las familias, por su parte, lo viven desde la incertidumbre y a ello no ayudan las numerosas informaciones que reciben a través de los medios de comunicación. Con ellas tenemos que encontrar espacios de comunión. El confinamiento hizo visible una unión entre padres y colegios que hay que seguir aprovechando.

La reforma educativa sigue su tramitación en el Congreso. ¿Es momento para ello?

–Nuestra educación necesita un pacto social y político, leyes que incluyan su modernización, así como diálogo y consenso. Para esto siempre hay tiempo. No lo hay para plantear leyes educativas por imposición. La preocupación de las familias y los docentes está en cómo empezar el curso. No es el momento para plantear una ley que no mejora la educación.

Y que, además, es lesiva para la escuela católica concertada, ¿no?

–No podemos aceptar una ley que suponga un ataque contra la enseñanza concertada, porque ese ataque supondría un menoscabo en la educación. La existencia de las redes pública y concertada ayuda a mejorar la educación en muchos sentidos.

Pero se las sigue enfrentando…

–Enfrentarlas es una trampa en la que muchos caen y no beneficia a la educación. Este debate hace un flaco favor a las necesidades reales.

¿Cuáles son esas necesidades?

–La cuestión de la brecha digital, el fracaso escolar, la innovación, las nuevas metodologías o la modernización de los centros. Como escuela concertada habría que resolver el problema de la financiación. Esto también afecta a nuestro profesorado, que tiene una carga lectiva mayor y un carga salarial menor.

¿Ha podido mantener algún contacto con la ministra Celaá?

–Me ha escrito para felicitarme y para desear que la buena relación entre las dos partes continúe. Estamos a la espera de poder establecer algún encuentro.

Pedro J. Huerta Nuño

Quién es: Profesor con amplia trayectoria, fue provincial de la Orden Trinitaria hasta este año.

Un deseo: Que se atiendan necesidades reales como la brecha digital, el fracaso escolar, la innovación o la finaciación.

«La escuela católica ha respondido durante la pandemia y tiene que seguir respondiendo. Todo esto hay que ponerlo en valor».