Los santos se encomendaban a él

San José es hombre de trabajo. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya. En cambio, ha descrito sus acciones: acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el significado límpido para la realización…

Colaborador
Arriba, de izquierda a derecha: san Juan Bosco, santa Teresa de Jesús y san Juan Pablo II. Debajo, san Josemaría Escriva y santa Teresita de Lisieux

San José es hombre de trabajo. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya. En cambio, ha descrito sus acciones: acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el significado límpido para la realización de la promesa divina en la historia del hombre; obras llenas de la profundidad espiritual y de la sencillez madura. San Juan Pablo II

Tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendeme mucho a él. (…) No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer; (…) que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que ansí como le fue sujeto en la tierra –que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar–, ansí en el cielo hace cuanto le pide. Santa Teresa de Jesús

Tratándole, se descubre que el Santo Patriarca es maestro de vida interior: porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con Él, a sabernos parte de la familia de Dios. Nos da esas lecciones siendo, como fue, un hombre corriente, un padre de familia, un trabajador que se ganaba la vida con el esfuerzo de sus manos. San Josemaría Escrivá

Desde mi infancia, le tenía una devoción que se confundía con mi amor a la Virgen. Todos los días recitaba a san José la oración: «Oh, san José, padre y protector de las vírgenes, a cuya guarda fue encomendada la misma inocencia, Cristo Jesús, y María, Virgen de las vírgenes: os suplico y ruego, por estas dos riquísimas prendas, Jesús y María, que, preservándome de toda inmundicia, hagáis que siempre sirva a Jesús y María con puro corazón, con cuerpo casto y con el alma libre de toda mancha de pecado». Santa Teresita de Lisieux

Invocadlo también, jóvenes, con jaculatorias. Por ejemplo, durante el estudio decid en vuestro corazón: «Sancte Joseph, ora pro me; ayudadme a ocupar bien el tiempo de estudio y de clase». Si os viene alguna tentación: «Sancte Joseph, ora pro me» (…). No olvidéis que él es el protector de todos los trabajadores, y que lo es también de los jóvenes que estudian, porque el estudio es trabajo. San Juan Bosco