«Un matrimonio normal»: la causa de Tomás Alvira y Francisca Domínguez llega a una fase clave - Alfa y Omega

«Un matrimonio normal»: la causa de Tomás Alvira y Francisca Domínguez llega a una fase clave

Tras más de catorce años de trabajo, el Dicasterio de las Causas de los Santos ya tiene las positiones sobre los Siervos de Dios. Su hijo asegura que el mejor legado de sus padres fue demostrar que la santidad se construye en la vida cotidiana

José Calderero de Aldecoa
Tomás y Paquita.
Tomás y Paquita.

«Con una inmensa alegría y agradecimiento a Dios». Así ha vivido el sacerdote Tomás Alvira la entrega en el Dicasterio de las Causas de los Santos las positiones sobre la vida, virtudes y fama de santidad de sus padres, Tomás Alvira y Francisca Domínguez. Se trata de dos volúmenes, de unas 800 páginas cada uno, en los que se recogen las figuras de los dos Siervos de Dios a partir de la documentación reunida durante los respectivos procesos diocesanos, cuyas dos fases de instrucción se cerraron en Madrid en 2014.

El proceso ha sido muy largo. «Si no me equivoco, la causa empezó en el Tribunal Diocesano de Madrid en 2009», apunta el presbítero a Alfa y Omega. Es decir, 14 años de trabajo que se plasmaron en 10.000 folios y que, posteriormente, se han condensado en las positios. El sacerdote subraya el rigor del procedimiento. «Es casi como una tesis doctoral», asegura. Cada afirmación debe sustentarse exclusivamente en los testimonios recogidos durante el proceso canónico, sin recurrir a otras fuentes.

Francesco Russo y Melchor Sánchez de Toca en la entrega de las positiones.
Francesco Russo y Melchor Sánchez de Toca en la entrega de las positiones. Foto: Opus Dei.

Un matrimonio llamado a la santidad

Aunque existen dos positiones, una para cada Siervo de Dios, la causa avanza de manera unitaria por tratarse de un matrimonio. Se trata de un criterio que fue impulsado por san Juan Pablo II para poner de relieve la vocación a la santidad en la vida familiar, explica Tomás Alvira hijo.

«La Iglesia canoniza a determinadas personas para proponer ejemplos de vida cristiana» a los fieles, subraya. Durante siglos abundaron las causas de papas, obispos, sacerdotes y religiosos, mientras que apenas había matrimonios elevados conjuntamente a los altares. De ahí que el Pontífice polaco promoviera la causa de los esposos Beltrame Quattrocchi, a los que él mismo beatificó.

«Hay que tener en cuenta que la mayoría de los miembros de la Iglesia son laicos», susceptibles de estar casados, «y es verdad que pueden aprender de las virtudes de un Papa o una monja, pero como ejemplo se sentirán mucho más identificados con las virtudes de un matrimonio santo».

Por eso, Alvira tilda de «detalle bonito», que las causas avancen juntas, «aunque lógicamente las virtudes personales de cada cónyuge se analizaran por separado».

La familia Alvira Domínguez (en primera fila, en el centro, su hijo Rafael).
La familia Alvira Domínguez (en primera fila, en el centro, su hijo Rafael).

«Extraordinariamente normales»

Al recordar a sus padres, Tomás Alvira evita hablar de hechos excepcionales. «Eran un matrimonio extraordinariamente normal», resume. Su santidad, afirma, no estuvo marcada por fenómenos extraordinarios, sino por la fidelidad cotidiana al Evangelio en el matrimonio, la familia y el trabajo, siguiendo el carisma del Opus Dei.

Entre los recuerdos que conserva destaca uno especialmente significativo. Su padre solía contar que san Josemaría le aconsejó estar «siempre en el frente del amor». Por ello, «he procurado sorprender a tu madre siempre, hasta el último momento», repetía. Para su hijo, esa frase resume una vida en la que la santidad se forjó en los pequeños detalles y en el amor vivido día a día.