Los que faltan en el altar - Alfa y Omega

Los que faltan en el altar

A pesar de la apertura del culto con pueblo en nuestras parroquias, no todos han podido volver a ellas. Más allá de la limitación del aforo, son demasiados los sacerdotes –sin estadísticas oficiales la cifra, parece rondar los 70 presbíteros– que han sido llamados por el Señor a su presencia y celebrarán ya con Él la Misa desde el cielo

José Calderero de Aldecoa
Foto: Belén Díaz Alonso

A pesar de la apertura del culto con pueblo en nuestras parroquias, no todos han podido volver a ellas. Más allá de la limitación del aforo, son demasiados los sacerdotes –sin estadísticas oficiales la cifra, parece rondar los 70 presbíteros– que han sido llamados por el Señor a su presencia y celebrarán ya con Él la Misa desde el cielo

Foto: Fundación Diagrama

Pedro Lozano Arias
El cura del acordeón
Ciudad Real

A Pedro Lozano Arias era imposible verlo sin su acordeón. «Lo aprendió a tocar de pequeño, a los 7 años, cuando nuestra madre le puso un profesor para que pudiera tocar la marcha real a la Virgen de Cortes», asegura su hermano mayor, Juan José Lorenzo. Y «ya no se separó de él» hasta el punto de que lo utilizó incluso en su labor pastoral, «tocando en residencias de ancianos, en hospitales, en casas de acogida, para llevar un poco la alegría del Señor».

Pero más que su destreza con el acordeón, su hermano destaca su generosidad. «Cuando le dio el ictus en 2017 regaló el acordeón y su coche entre los sobrinos». También recuerda que en Almagro, donde estuvo trabajando cerca de 20 años, «era frecuente que se quitara incluso de comer para dar el dinero a los más necesitados. Había familias enteras que acudían a él para pedirle dinero». Pedro siempre les atendió, sin poner ningún tipo de obstáculo. Hasta que él mismo fue quien atendió la llamada del Señor, la noche del 3 de abril. «Le había dado un segundo ictus y cuando le entró el virus se lo llevó muy rápido».


Foto: Parroquia de San Antonio de la Florida

José María Martín Martín
La sonrisa de Dios
Madrid

En la parroquia en la que sirvió hasta su muerte –San Antonio de la Florida–, a José María Martín Martín se le recuerda con una sonrisa permanente. «Era una persona especialmente alegre. En los nueve años que ha estado aquí, nunca le he visto enfadado ni que hablara mal de nadie. Jamás. Y ante las cosas que eran más negativas, tan solo le salía un mecachis», asegura el párroco, Juan Luis Rascón. Antes de llegar a Madrid, había ejercido durante 20 años de misionero en Argentina. Allí fue párroco y director espiritual en un seminario. «Siempre hablaba de esa etapa. Decía que le había marcado mucho», afirma Rascón. En los últimos años ya estaba jubilado, «pero actuaba como un vicario parroquial más y no tenía ninguna disminución de tareas». De hecho, «hasta el mismo día del confinamiento estuvo haciendo su vida normal: celebrando Misa, confesando a la gente, visitando a los enfermos…». El coronavirus se lo llevó el 4 de abril, pocos después de que también atacara a una hermana suya que había venido para ayudarle. «Lo hemos sentido muchísimo, porque era muy querido».


Foto: Diócesis de Palencia

José Mariscal Arranz
Una casa abierta al peregrino
Palencia

Hoy en Carrión de los Condes encontramos hasta cuatro albergues para los peregrinos del Camino de Santiago, pero el primero de todos ellos lo fundó el sacerdote José Mariscal Arranz, «en la misma casa parroquia». Allí «no solo recibía» a quienes se dirigían hasta la tumba del apóstol, «sino que también limpiaba y cocinaba para ellos junto a su hermana», asegura su amigo íntimo y también sacerdote Germán García Ferreras.

Fue la obra más singular de Mariscal Arranz, que gastó principalmente sus horas como párroco en la iglesia de Santa María de Carrión y, una vez jubilado, como confesor y guía en la catedral de Palencia, de la que posteriormente fue nombrado canónigo. «También recibió la distinción de prelado doméstico de Su Santidad por parte del Papa Juan Pablo II», rememora García Ferreras, que no se pudo despedir de su amigo antes de que se lo llevaran al hospital por culpa de una caída. José «nunca más volvió, después de que le encontraran el virus dichoso tras hacerle unos análisis». Falleció el 11 de abril, a los 91 años.


Foto: Diócesis de Pamplona

Miguel López Navarcorena
Fiel a san Fermín
Pamplona

El que fuera consiliario de Adoración Nocturna Femenina de Pamplona, Miguel López Navarcorena, falleció a causa del coronavirus el 29 de marzo, tan solo dos semanas después de decretarse el Estado de alarma. Su hermana Carmen, que pudo verlo por última vez el mismo día en el que empezó el confinamiento, lo recuerda como «un hombre muy pacífico y dedicado por entero a su labor sacerdotal». Esta la desarrolló principalmente en la parroquia de San Fermín, en la que trabajó como vicario durante 50 años y a la que seguía acudiendo para ayudar ya jubilado. «Vivía en la residencia sacerdotal y le costaba andar, pero él se cogía el autobús y bajaba siempre a la parroquia y celebraba Misa». Tantos años de dedicación hacían imposible acompañarlo a pasear por la calle. «Salías con él y no llegabas nunca, porque todo el mundo se paraba a saludarle. Era muy querido», asegura Carmen. También lo fue en Ecuador, donde «se marchó de misión algunos años junto a un grupo de sacerdotes» diocesanos, subraya Carmen. Ahora se ha marchado para siempre a la casa del Padre.


Foto: Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño

Alejandro Sáez González
El capellán de los migrantes españoles
Calahorra y La Calzada-Logroño

La vida de Luis Mari Centeno, secretario de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, y la del sacerdote Alejandro Sáez González, transcurrieron entre tantos encuentros pastorales que la muerte por coronavirus de este último «la he sentido muchísimo». Era «una persona afable, con un carácter realmente agradable», asegura el también rector de la iglesia de San Bartolomé. Pero, ante todo, «era una persona muy trabajadora  y estaba totalmente entregado al servicio de los demás». Incluso «una vez que se jubiló se dedicó a atender a las religiosas bernardas de un pueblo vecino a Logroño».

Ambos se conocieron en el seminario y posteriormente coincidieron en Alemania. «Él permaneció allí 24 años, en la capellanía de migrantes de la diócesis de Friburgo –dirigida tradicionalmente por sacerdotes riojanos– atendiendo pastoralmente a los españoles residentes en la zona. Yo le sustituí en aquella labor». Tras su regreso, terminó siendo párroco de la catedral hasta su jubilación. El coronavirus puso fin a la amistad terrenal entre ambos el 24 de abril.


Foto: Murialdinos

Franco Zango da Re
El scout de los abandonados
Josefinos de Murialdo

Franco Zago da Re nació en Italia, pero vivió en el mundo. A España llegó en 1966, ya perteneciente a los josefinos de Murialdo y antes de ordenarse sacerdote, para impulsar la atención a un centro de acogida de adolescentes en Getafe. Chavales, muchos de ellos, de ambientes marginales ligados a la delincuencia. «Pero Franco no tenía miedo». Una vez concluida la obra, siguió recorriendo el mundo. «Fue un pionero; donde el Espíritu Santo le dictaba, ahí iba». Roma, México, Chile, Argentina y de nuevo España en 2016, con la misión de comenzar una nueva obra en la periferia de Madrid, en la barriada de El Pozo. Y allí estaba el padre Franco, con sus 71 años, de vuelta a sus niños y jóvenes más necesitados y abandonados, «su pasión, y al que ellos adoraban porque era amable y afable», asegura Juan José Gasanz, párroco de San Raimundo de Peñafort. En sus últimos días el COVID-19 le complicó la respiración, ahora ya estará respirando «el aire puro de las Dolomitas del cielo», esas montañas que tanto le gustaban, como buen scout que era, «el federado número 4 en España». Por B. Aragoneses


Foto: María Pazos Carretero

José Ruiz Orta
Sembrador de paz y alegría
Opus Dei

El padre José Ruiz Orta era el capellán del Hospital de Cuidados Laguna y falleció el 31 de marzo, a los 82 años, de la misma manera que vivió: entregado a los demás. Se lo llevó por delante el coronavirus después de que se infectara, sin él saberlo, acompañando la soledad de Fermín, que había enviudado hacía un mes y del que no se separó hasta que ambos encontraron la vida eterna. Y así fue siempre. «Nos enseñó a sembrar esperanza, alegría, cariño, ternura, y a dedicar el tiempo y los medios que fueran necesarios por un enfermo». Y «si había que celebrar una fiesta de cumpleaños, él era el primero en animarse para acercar la figura amable, alegre y sonriente de Nuestro Señor a los enfermos», asegura Ana Pérez, directora de comunicación de Fundación Vianorte-Laguna. «Todos recordamos el mítico cumpleaños de nuestro paciente Mateo, cuando don José matriculó su silla de ruedas y nos animó a mover Roma con Santiago para organizarle un tablao flamenco en la sala del hospital». El capellán ha dejado tal huella que «siempre le recordaremos», concluye Pérez. El funeral en memoria de don José tendrá lugar el jueves 2 de julio a las 20:00 h. en la parroquia de Santa Beatriz de Madrid y se podrá seguirse en los perfiles de Facebook Live y YouTube del Hospital de Cuidados Laguna.


Foto: Arzobispado de Oviedo

Juan Luis González Novalín
La amistad por bandera
Oviedo

En Oviedo, el coronavirus se llevó a los 91 años al histórico sacerdote Juan Luis González Novalín, el que fuera rector de la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat, de Roma, entre 1998 y 2010. «Le tuvimos que llevar al hospital porque se había roto la pierna y ocho días después murió por el coronavirus y nos entregaron sus cenizas», asegura Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro, en Gijón.

Sin embargo, su también amigo, para el que ha sido «un shock» el fallecimiento de Novalín, subraya más su vida que su muerte. «Era muy afable, con una carácter abierto y le gustaba mucho hacer amigos», asegura Gómez Cuesta. «Pero, ante todo, era un gran conversador y tenía una memoria extraordinaria. Sabía acercar con anécdotas de la historia o de su propia vida para amenizar la conversación».

Antes de colgar para celebrar la fiesta de san Pedro y san Pablo, titular el primero de la parroquia gijonesa, el sacerdote destaca de Juan Luis González Novalín su «muy alto interés por el curso de la historia. Esa vocación de historiador le llevaba a estar al día en todo, a hacer previsiones, a pensar los hechos cotidianos que podían tener trascendencia».


Misa por todos los fallecidos

La catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá una Misa funeral por las víctimas de la pandemia de COVID-19 el lunes 6 de julio a las 20:00 horas. Estará presidida por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, y concelebrada por los miembros de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española. La celebración será retrasmitida en directo por TRECE.

Por José Calderero de Aldecoa @jcalderero