Los paúles cumplen 400 años y unifican sus provincias en España

Con ocasión de la apertura del Año Vicenciano, que celebra los 400 años de la fundación de la Congregación de la misión, ha tenido lugar la unión de tres provincias de los padres páules en España: Barcelona, Madrid y Salamanca. Constituirán una sola provincia llamada San Vicente de Paúl-España, que junto a la provincia de Zaragoza serán las dos presencias de los paúles en nuestro país

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Asamblea interprovincial de los paúles en España, hace dos años. Foto: Congregación de la Misión

Con ocasión de la apertura del Año Vicenciano, que celebra los 400 años de la fundación de la Congregación de la misión, ha tenido lugar la unión de tres provincias de los padres páules en España: Barcelona, Madrid y Salamanca. Constituirán una sola provincia llamada San Vicente de Paúl-España, que junto a la provincia de Zaragoza serán las dos presencias de los paúles en nuestro país

La Congregación de la Misión –nombre oficial de los padres paúles– lleva ya en España más de 300 años, desde que cinco misioneros procedentes de Italia desembarcaran en Mataró, el 8 de julio de 1704, con destino a Barcelona.

A los pocos días de llegar, los misioneros comenzaron la predicación de ejercicios espirituales, primero a sacerdotes de la diócesis y más tarde a todo tipo de personas. No pasó mucho tiempo hasta que empezó a pedir la admisión en la congregación un buen número de sacerdotes procedentes del clero secular, contagiados por el carisma de san Vicente de Paúl.

Pronto, los paúles abrieron tres casas con las que se dedicaron sobre todo a predicar en misiones populares y a impartir ejercicios espirituales. Hasta el obispo de Barbastro les encargó la dirección del seminario diocesano. En apenas 70 años, ya había en nuestro país 64 paúles haciendo apostolado, por lo que se creó la provincia de España. A su labor se sumó más tarde la atención espiritual a las Hijas de la Caridad, que llegaron a España en 1790.

Tras el paréntesis de la Guerra de la Independencia, la congregación volvió a resurgir: se fundaron nuevas casas en Valencia y en Madrid y se aceptó la dirección del seminario de Badajoz, hitos que hicieron aumentar las vocaciones de manera notable.

Sin embargo, pronto llegó una grave crisis. Con la desamortización de Mendizábal, la congregación fue disuelta y los misioneros expulsados de España. Ello sirvió, no obstante, para la predicación del Evangelio en Francia, Italia, Estados Unidos o Siria.

Lo que siguió fue una sucesión de restauraciones y de expulsiones, dependiendo de los gobernantes de turno y de las vicisitudes bélicas que poblaron nuestro territorio. El mayor florecimiento vino años después de concluida la Guerra Civil: en 1960, las tres provincias vicencianas contaban con 39 casas, 298 sacerdotes, 429 estudiantes y 131 novicios, con una especial expansión misionera en Cuba, Filipinas, México, Perú, Puerto Rico y Venezuela.

Hoy, 300 años después de su presencia en España, los paúles son casi un centenar y regentan cinco colegios y 18 parroquias, además de animar la presencia misionera en Honduras, India, Madagascar, Cuba, México y Puerto Rico.

Como afirma Celestino Fernández, periodista, escritor y cronista de su congregación, los paúles «tenemos que saber leer los signos de nuestro tiempo, las señales de esta sociedad nueva, posmoderna, transmoderna, tecnificada, globalizada, secularizada… que nos ha tocado vivir hoy y aquí. No podemos quedarnos mirando al cielo de las glorias pasadas». Por eso, «habrá que tener la suficiente audacia evangélica y vicenciana para no echar en saco roto nuestra herencia, y confiar en el Señor con aquella confianza que el mismo Vicente de Paúl expresaba al decir que lo que más le preocupaba y angustiaba no era el futuro de la congregación, sino los pobres “que se multiplican todos los días, que no saben ni qué hacer ni adónde ir”, esos “que constituyen mi peso y mi dolor”».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo