Los obispos valencianos, ante el 10-N: «Que nuestros políticos sean artífices de la paz, la convivencia y la concordia» - Alfa y Omega

Los obispos valencianos, ante el 10-N: «Que nuestros políticos sean artífices de la paz, la convivencia y la concordia»

Reclaman que se defienda la vida humana en todas sus fases, así como el matrimonio natural, la libertad religiosa, la acogida a los migrantes y el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones

Fran Otero
Foto: Raúl Doblado

Los obispos de la Provincia Eclesiástica Valentina –que incluye las diócesis de la Comunidad Valenciana y Baleares– han hecho público este miércoles una nota antes las elecciones generales del 10 de noviembre en la que piden a los políticos  que sean «artífices de la paz, la convivencia, la concordia y el progreso de todos».

«Oramos a Dios, en primer lugar, para que los gobernantes y políticos promuevan siempre el bien común y la justicia para todos, y no se dejen llevar por el interés particular o partidario; esto es que promuevan el conjunto de aquellas condiciones de vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección», explican.

En concreto, los obispos de estas diócesis –Ibiza, Menorca, Mallorca, Segorbe-Castellón, Orihuela-Alicante y Valencia– se refieren a la defensa de la vida humana en todas sus fases, «cuya dignidad y valor deben ser reconocidos y escrupulosamente garantizados», y al matrimonio natural «como comunidad de vida y amor conyugal». Sobre este último punto añade, además,  la necesidad de que se respete y garantice «el derecho originario y prioritario que asiste a los padres para educar a sus hijos según sus convicciones más profundas».

Del mismo modo, reclaman que los que más sufren tengan «un especial cuidado» de parte de los políticos y citan, en una parte del documento, a aquellos «que por diversas razones viven entre nosotros procedentes de otros pueblos en busca de una vida mejor y más segura». Y continúan con una apelación al respeto y defensa de la libertad religiosa individual y de las Iglesias y confesiones, «que permita a las personas poder ejercitar y vivir su fe en privado y en público sin coacción y menosprecio y a la Iglesia católica poder ejercer su misión de anunciar el Evangelio».

Como conclusión, reconocen «el valor del trabajo y la dedicación» de los políticos y gobernantes, que consideran «necesarios e imprescindibles para nuestra sociedad». «Por ello suplicamos a Dios para que pongan todo su empeño en cuidar los destinos de las personas, de las familias, los grupos y toda la nación sobre los que están llamados a ejercer su autoridad al servicio de una sociedad verdaderamente democrática y libre».