Los movimientos populares sacan lecciones de la pandemia

Los movimientos populares sacan lecciones de la pandemia

El coronavirus «ha puesto de manifiesto todo lo que veníamos denunciando», afirman los trabajadores cristianos antes de su encuentro con el Papa

María Martínez López
Formación sobre trabajo decente organizada por el Movimiento de Trabajadores Campesinos en junio. Foto: OIT América Central

Cuando el Papa participe este sábado en el IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares para saber cómo han vivido los sectores más vulnerables la pandemia, conocerá experiencias como la del Movimiento de Trabajadores Campesinos de Guatemala. Cuando llegaron las restricciones de movilidad con todas sus consecuencias, «tuvimos que reorientar el trabajo» para poder ayudar a los afectados, narra Juan José Monterroso. Algunos grupos repartieron víveres, mientras en otros lugares pusieron en marcha mercados locales para favorecer el emprendimiento. Hubo entidades que denunciaron ante la Inspección de Trabajo y los tribunales los despidos y las reducciones de salario. Otras adaptaron sus talleres de autoestima para mujeres a pequeños grupos, donde se pudieron seguir destapando casos de violencia intrafamiliar.

Para Rosario Castelló, representante del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) en el comité organizador, es solo una muestra de cómo «en las comunidades más periféricas ha crecido la solidaridad, y las asociaciones se han organizado para responder a las necesidades más prioritarias». Una lección de «sentido de lo común por encima de intereses particulares», impartida por los marginados y descartados.

La cita de este sábado es la conclusión de la primera parte del encuentro, que tuvo lugar el 9 de julio. Ahí se preparó el diagnóstico que escuchará Francisco. El último año y medio, resume Castelló, «ha puesto de manifiesto todo lo que veníamos denunciando» antes. El coronavirus ha golpeado con más fuerza entre quienes ya sufrían injusticia y marginación. Las carencias de los sistemas sanitarios han quedado en evidencia incluso en los países ricos, y en otros «menos preparados han llevado a una vulnerabilidad tremenda». En conclusión, «todo un modelo de sociedad tóxica e inhumana» que descarta a grupos enteros y que la pandemia «no ha hecho más que agravar».

¿Qué normalidad?

«Decimos que queremos volver a la normalidad, pero para muchos millones de personas la normalidad es muy injusta y pone sus vidas en jaque», afirma la representante del MMTC. Por ello, los movimientos populares también presentarán al Papa propuestas para alcanzar «un nuevo paradigma» de desarrollo humano integral. Entre ellas, cita la defensa de «sistemas sanitarios universales públicos y gratuitos» y garantizar el acceso a los medicamentos. También el compromiso para mitigar el cambio climático con un especial esfuerzo por cuidar la Amazonía, la condonación de la deuda externa de los países en desarrollo y la creación de un salario universal a las familias sin ingresos.

Para los movimientos populares, estos no son lejanos ideales. En su ADN está, además de la ayuda mutua, incidir en el ámbito político para lograr, por ejemplo, la defensa de las tierras de los pueblos indígenas o que se dignifique la situación laboral de los trabajadores domésticos o los cartoneros. «Una característica de los movimientos populares es que no tiene que venir nadie de fuera, sino que son las propias personas las que se organizan».

Ejemplo argentino

El 6 de octubre, el Papa tuvo un adelanto de este sábado. Recibió a Lucas Pedró, secretario de Culto de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, una organización argentina. Le habló de sus repartos de comida y de cómo su cooperativa elabora imágenes de la beata Mama Antula y del Negro Manuel, cuidador de la Virgen de Luján.