«Los mártires de la caridad» tendrán vía propia hacia la santidad - Alfa y Omega

«Los mártires de la caridad» tendrán vía propia hacia la santidad

Casos como el de monseñor Romero o el obispo colombiano Jesús Emilio Jaramillo encajan en esta tercera vía, que se añade a las del martirio y las virtudes heroicas

Ricardo Benjumea
Foto: web jesusemiliojaramillo.org

Casos como el de monseñor Romero o el obispo colombiano Jesús Emilio Jaramillo encajan en esta tercera vía, que se añade a las del martirio y las virtudes heroicas

«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Esta cita del Evangelio de Juan encabeza y da título al motu proprio Maiorem hac dilectionem del Papa Francisco, firmado el 11 de julio, que añade una nueva vía en el camino hacia la santidad.

Hasta ahora, para ser declarado beato cabían dos opciones: demostrar que la persona ejercitó en vida las virtudes teologales en grado heroico, o bien que murió mártir. Hay martirio cuando una víctima acepta voluntariamente su muerte por amor a Cristo y perdona a sus verdugos, que actúan a su vez motivados por el «odio a la fe» o a alguna virtud cristiana. Eso incluye la caridad, pero Francisco ha optado por diferenciar específicamente esta vía. «Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito», establece el documento papal.

Según aclaraba L’Osservatore Romano en un artículo difundido casi de forma simultánea con el motu proprio, se pueden encontrar precedentes en la tradición de esta vía a la santidad. Se citan como ejemplos los pontificados de Alejandro III (siglo XII), Urbano VIII (siglo XVII) y Benedicto XIV (siglo XVIII).

Mártires de la caridad en Colombia

En sus cuatro años de pontificado, Francisco ha beatificado a varios mártires que hubieran encajado a la perfección en este supuesto, aplicable por ejemplo al arzobispo salvadoreño Oscar Ataúlfo Romero. El caso guarda similitudes con Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca (Colombia), asesinado por la guerrilla el 2 de octubre de 1989. Un decreto firmado el 7 de julio por el Papa reconoció su martirio, junto al de un sacerdote colombiano asesinado unas décadas antes en circunstancias similares.

Jesús Emilio Jaramillo fue el primer pastor de una diócesis con fuerte presencia de la guerrilla y los paramilitares que decía que «la gran enfermedad de Colombia se llama miedo». «Le tenemos miedo a los grupos armados. Todos nos tenemos miedo, todos nos callamos por miedo. Nadie ve. Y lo más grave hermanos, hasta matamos por miedo».

Por romper ese muro invisible de miedo, el ELN (la guerrilla más antigua del país) le asesinó tras interceptarle en un retén cuando el obispo regresaba de una visita a varias comunidades. Su beatificación, según ha publicado la prensa colombiana, será presidida el 8 de septiembre en Villavicencio por el Papa durante su viaje a Colombia. Junto a Jaramillo ascenderá a los altares el sacerdote Pedro Ramírez Ramos, muy querido por el pueblo, que ya le consideraba mártir y se refería a él como el mártir de Armero, localidad del departamento de Tolima en la que fue murió asesinado en 1948 durante las turbulencias políticas entre conservadores y liberales.

A Ramírez Ramos se le avisó del peligro que corría, pero se negó a huir. Sus asesinos le decapitaron y comenzaron a jugar a patadas con ella. Unas prostitutas lograron rescatar su cuerpo, que custodiaron celosamente.

Ricardo Benjumea