«Los gitanos seguimos con las mismas ganas de formar parte de la gran familia cristiana»
La pastoral gitana regaló a León XIV un libro sobre cinco siglos de leyes que marginaron a su pueblo durante el encuentro en CEDIA
«El hecho de que tengamos una Constitución que nos defiende no garantiza que la sociedad la cumpla. Pesan cinco siglos de marginación». Con esta convicción resume Carlos Chevallier Bueno la realidad que sigue afrontando buena parte de los gitanos en España. Hace un mes, este miembro de la pastoral gitana de la archidiócesis de Madrid formó parte del grupo que saludó a León XIV durante su visita al centro CEDIA 24 Horas de Cáritas Diocesana de Madrid, en el encuentro con la pastoral social.
Al término de la cita, uno de sus compañeros, Carlos Muñoz, entregó al Santo Padre un libro escrito por él sobre la historia de las leyes antigitanas en España. Se trata de un recorrido por cinco siglos de normas que contribuyeron a la exclusión de este pueblo.
«Fue un momento bastante emocionante», recuerda Muñoz. «Llamé su atención y le dije que quería regalarle ese libro. Él extendió la mano, lo aceptó y me dio las gracias. Fue algo que no me esperaba. Fueron solo unos segundos, pero se me hicieron eternos».
La obra recorre la evolución de la legislación desde la Pragmática de 1499, promulgada por los Reyes Católicos, que prohibía el nomadismo y el uso de la lengua y la vestimenta tradicionales de los gitanos, hasta la aprobación de la Constitución de 1978.
Una vulnerabilidad que va más allá de lo económico
Chevallier reconoce que la elección de la pastoral gitana para participar precisamente en el encuentro con la pastoral social le provoca sentimientos encontrados. Subraya que su misión no se limita al ámbito asistencial y admite que «hay un cierto debate» sobre su ubicación dentro de este ámbito pastoral.
También matiza la frecuente identificación del pueblo gitano con la vulnerabilidad social. «Por supuesto que hay sectores amplios que viven una situación de vulnerabilidad socioeconómica», afirma. Sin embargo, considera que el problema de fondo es otro: «El conjunto del pueblo gitano sufre una vulnerabilidad histórica y sociológica».
A su juicio, esa situación es consecuencia de cinco siglos de marginación institucional y social, que «han creado en la sociedad un estigma hacia la cultura gitana y hacia el pueblo gitano en general».
«Nadie debe ser excluido»
Del mensaje de León XIV, Chevallier destaca especialmente su insistencia en que «nadie sea excluido en la Iglesia ni en la sociedad». Aunque reconoce que les «hubiera gustado alguna referencia específica al pueblo gitano», del mismo modo que el Pontífice habló de otras realidades de exclusión, asegura que el mensaje recibido les llena de esperanza.
«La antropología que transmite nos toca el corazón y nos hace vivir con esperanza las dificultades a las que nos enfrentamos», señala.
Para Muñoz, el regalo supuso también una oportunidad para «hacernos visibles, ya que desgraciadamente no se nos da mucha visibilidad». Y añade que, pese al «maltrato histórico», también dentro de la propia Iglesia, «los gitanos seguimos estando aquí con las mismas ganas de formar parte de la gran familia cristiana».
La presencia de la pastoral gitana no pasó desapercibida. «Como buenos gitanos, salimos de CEDIA con la bandera de nuestro pueblo», recuerda entre sonrisas. Gracias a ello, varios vecinos que esperaban ver al Papa los identificaron enseguida. «Nos dieron las gracias por habernos hecho presentes y por conseguir que el Papa tuviera noticias de nosotros».
Los gitanos llevan su cultura a las parroquias
Además de su labor en la pastoral, Carlos Muñoz es profesor de lengua romaní. Junto a Carlos Chevallier y Luis Guevara visita parroquias, especialmente aquellas donde reside una importante población gitana, para dar a conocer la realidad de su pueblo.
«Explicamos nuestras actividades, la historia y la cultura gitanas y respondemos a las dudas de los consejos pastorales», explica Chevallier.
En el encuentro con León XIV también participaron Ramón Salazar, antiguo delegado de la pastoral gitana en Madrid y actualmente colaborador en Toledo; Rubén, estudiante de Ingeniería Geológica y representante de una nueva generación de gitanos católicos comprometidos con su pueblo y con la Iglesia; y Toñín, muy implicado en la vida cofrade.
Fue precisamente Rubén quien pudo entregar al Santo Padre una estampa de los mártires gitanos Ceferino y Emilia la Canastera. Chevallier recuerda igualmente otro momento que le emocionó: «El cardenal Cobo, al vernos, sonrió con mucha alegría y nos saludó, a pesar de estar pendiente de la despedida del Papa».