La Virgen del Rosario visita a los internos de Soto del Real: «Se despidieron de Ella con lágrimas» - Alfa y Omega

La Virgen del Rosario visita a los internos de Soto del Real: «Se despidieron de Ella con lágrimas»

Begoña Aragoneses
Foto: Atanasio Serrano.

El padre Atanasio Serrano se emociona cuando relata el momento preciso en que los internos de Soto recibían, dentro de los muros de la prisión, a la Virgen del Rosario. «Vinieron un montón de presos muy emocionados y empezamos a cantar con alegría».

Se le quiebra la voz efectivamente a este sacerdote, salesiano de Don Bosco y párroco de Soto del Real (parroquia Inmaculada Concepción) desde hace tres años. La peregrinación con la Virgen a la cárcel se había programado para el 31 de mayo, el mes de María, pero por circunstancias se hubo de retrasar. El primer domingo de junio estaba el Papa en Madrid celebrando el Corpus, y el segundo se celebraba el Corpus en Soto, así que se decidió que fuera el tercer domingo de junio.

Foto cedida por Atanasio Serrano.

«Nos lo pidió el padre Paulino» [Paulino Alonso, trinitario, capellán de este centro penitenciario], explica el padre Atanasio, y «nosotros siempre estamos disponibles». Así que fueron a buscar la imagen de la patrona de Soto, Nuestra Señora del Rosario, que descansa en una ermita en «un lugar precioso», en el parque natural de la Cuenca del Manzanares.

Miembros de la cofradía que cuida a la Virgen y de la feligresía de la parroquia, una veintena, fueron los encargados de portar en andas la imagen hasta el interior de la prisión. Previamente, en el aparcamiento, habían estado ya rezando el rosario y cantando a la espera de poder entrar.

Ya en el interior se produjo el momento que tanto emociona al padre Atanasio, en el que los anderos entregaron la Virgen a los internos. La llevaron a través de los dos patios hasta el salón de actos, donde se había preparado la Eucaristía. Estaba lleno, cuenta el padre Atanasio, y allí la Virgen fue recibida en pie, con aplausos y cantos alegres por parte de los internos.

Foto: Atanasio Serrano.

La Misa fue presidida por el padre Paulino y concelebraron el padre Rómulo, «obispo claretiano jubilado que acude cada día a la cárcel y es el principal confesor», y el propio padre Atanasio, junto al padre Roberto, salesiano que acaba de llegar de África. «Fueron casi dos horas de Misa; no había prisa», reconoce el párroco de Soto.

La jornada concluyó de nuevo con la procesión de la Virgen por los dos patios centrales, ya de salida. «Los internos se despidieron de Ella con lágrimas», pero se quedaron con un recuerdo que a modo de regalo les había preparado la Cofradía de la Virgen del Rosario: un rosario bendecido, que recibieron con entusiasmo aunque a algunos les tenían que explicar, ríe el padre Atanasio, que «no es un amuleto para colgarlo al cuello».

Madre que va a ver a sus hijos

La Virgen María es especial para los presos. «Es Madre en un momento de orfandad», destaca el padre Atanasio. Por eso, el que vaya a la cárcel es todo un acontecimiento, «un día inmenso». No solo porque se rompe una rutina, «una vida tan monótona, a veces con tanto sufrimiento», sino porque la Virgen acude a ver a sus hijos, a «personas creyentes, a veces luchando en la fe y en las decisiones; es una inyección en vena».