La UPSA formará sobre abuso psicológico y sectas: «Puede aparecer también en entornos digitales»
El fenómeno del abuso psicológico «se ha hecho más complejo», asegura Julián Cádiz Rodríguez, director del Título Experto en Abuso Psicológico y Sectas que la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) presenta este jueves. Valora los pasos que está dando la Santa Sede para combatir estas prácticas en la Iglesia
—¿Responde la creación de este diploma a un aumento de este tipo de abusos y de comportamientos sectarios?
—Responde a que estamos ante una realidad que hoy conocemos y visibilizamos mucho más. Existe una mayor conciencia sobre el abuso psicológico, el control coercitivo y las consecuencias que determinadas dinámicas pueden tener sobre las personas.
Además, el fenómeno se ha hecho más complejo. Ya no podemos pensar únicamente en el modelo tradicional de una persona que entra en un determinado grupo religioso. Estas dinámicas pueden aparecer en contextos muy diferentes: grupos religiosos, espirituales, terapéuticos, ideológicos o también en determinados entornos digitales.
Y ahí lo digital tiene un papel importante. Las redes sociales permiten nuevas formas de captación, influencia y creación de comunidades. Y pueden facilitar también situaciones de dependencia o aislamiento. Por eso necesitamos profesionales que sepan reconocer estas dinámicas independientemente del contexto en el que aparezcan.
—¿Es lo mismo abuso psicológico y comportamientos sectarios?
—No, no es lo mismo. El abuso psicológico es un concepto más amplio. Hablamos de comportamientos que pueden generar sometimiento, dependencia o daño psicológico mediante mecanismos de control, manipulación, intimidación o aislamiento.

El fenómeno sectario puede incluir este tipo de dinámicas, pero no podemos decir que todo grupo religioso o espiritual sea abusivo, ni que todos los grupos funcionen de la misma manera. Por eso es importante analizar las prácticas concretas. Más que poner etiquetas, tenemos que preguntarnos qué está ocurriendo dentro de ese grupo y qué consecuencias está teniendo para la persona.
—No todo grupo religioso es abusivo. Pero ¿hay en algunos ámbitos de la Iglesia prácticas sectarias?
—Puede haber determinadas dinámicas que presenten características de tipo sectario en algunos contextos, pero sería un error trasladar esa etiqueta a la Iglesia en general. Lo que tenemos que analizar son las prácticas concretas. Por ejemplo, una concentración excesiva del poder en una persona, el aislamiento respecto al entorno, el control de las relaciones, la dificultad para cuestionar al líder o la utilización sistemática de la culpa y el miedo.
También hay que distinguir entre una comunidad con una identidad fuerte y una comunidad que utiliza mecanismos de control coercitivo. No son necesariamente lo mismo.
—¿Cómo valora los pasos que se están dando en la Iglesia para combatir las formas no sexuales de abuso?
—Creo que es positivo que se esté dando cada vez más visibilidad a formas de abuso que durante mucho tiempo han recibido menos atención, como el abuso psicológico o espiritual. Y hay un paso especialmente significativo: la Santa Sede está estudiando específicamente la cuestión del abuso espiritual y su posible tipificación como delito en el derecho canónico.
En 2024 se creó un grupo de trabajo para estudiar esta cuestión y en 2025 se confirmó que ese trabajo continúa. Me parece importante porque supone reconocer que existen determinadas formas de abuso vinculadas al ámbito espiritual que necesitan ser identificadas y abordadas de manera específica.

—¿Quedan cosas por hacer?
—Sí, especialmente en el ámbito de la formación. Necesitamos profesionales preparados para detectar y abordar estas situaciones desde diferentes ámbitos: psicología, trabajo social, educación, derecho, ámbito sanitario y también ámbito eclesial.
El abuso psicológico y las dinámicas coercitivas son fenómenos complejos y no pueden abordarse desde una única perspectiva. Hace falta que los profesionales sepan identificar las señales, evaluar qué está ocurriendo y, cuando sea necesario, trabajar de manera coordinada.
Ese es también uno de los objetivos del diploma: ofrecer una formación especializada y multidisciplinar que permita comprender mejor estas situaciones y dar una respuesta adecuada a las personas afectadas y a sus familias.
La @upsa inaugura hoy, a las 10:00 h, el nuevo Diploma de Experto en Abuso Psicológico y Sectas.
— Diócesis de Salamanca (@diocesissalaman) October 1, 2026
El acto incluye la ponencia de Luis Santamaría del Río sobre la vigencia del documento vaticano sobre las sectas, 40 años después de su publicación. pic.twitter.com/midzaA26cu
—¿Cómo puede una persona detectar que ella misma o algún ser querido está sufriendo abuso psicológico de este tipo?
—Hay algunas señales que deberían hacernos prestar atención, sobre todo cuando aparecen varias juntas: un aislamiento progresivo de familiares y amigos, un control cada vez mayor de las relaciones, miedo a cuestionar a una persona o al grupo, sentimientos constantes de culpa o la sensación de que abandonar ese entorno tendría consecuencias terribles. En un ser querido podemos observar también cambios importantes en su manera de relacionarse, en sus decisiones o incluso en cómo percibe a las personas que están fuera del grupo.
Pero una señal aislada no significa que exista abuso. Lo importante es observar si se está produciendo una pérdida progresiva de autonomía y de capacidad para tomar decisiones libremente.
—¿Qué se puede hacer?
Ante una situación así, creo que lo más importante es no romper el vínculo con esa persona. Ridiculizar sus creencias o enfrentarse directamente al grupo puede hacer que se aísle todavía más. Es mucho más útil mantener una relación de confianza, escuchar, hacer preguntas y conseguir que esa persona sepa que tiene alguien al que puede acudir si en algún momento necesita ayuda.