¿Por qué se profana la Eucaristía en estas fechas y qué se debe hacer? Un experto responde
Jorge Castro, profesor de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra, explica algunas claves ante el robo de hostias y recomienda no cerrar las iglesias pero fijar los sagrarios y poner alarmas
—Un robo de hostias consagradas como el que se ha producido en Parla (Madrid) siempre conmueve a los creyentes. ¿Con qué fines se puede perpetrar?
—Todos los posibles objetivos son sacrílegos. Pero si tuviéramos que ordenarlos por gravedad gravedad, en escala ascendente uno de ellos puede ser para ofender los sentimientos religiosos de los creyentes. En alguno de los que ha habido en Galicia, por ejemplo, tiraron unas formas en una plaza como desprecio a la fe de los católicos.
Luego vendrían los usos relacionados con la hechicería o la superstición, por ejemplo al atribuirles efectos curativos. Y en último término, los más graves serían los rituales satánicos o lo que se llaman misas negras, que implica usar la forma consagrada en un contexto similar al litúrgico con la idea de humillar la presencia real de Jesucristo cortándola, pisándola, escupiendo y otras muchas cosas muy desagradables, normalmente con invocación al poder de Lucifer.
—Existe una cierta alarma ante el supuesto aumento de estas profanaciones en torno a Halloween. ¿Está justificado, realmente crecen?
—Sí. Gracias a Dios no es que exista una gran difusión de personas que quieran o conozcan lo que es una misa satánica. Pero entre los grupos que tienen estas ideas saben muy bien que son momentos especiales. Tienen fe, pero para el mal.

—¿Qué establece el derecho canónico ante estos casos?
—Es un delito que tiene la máxima pena entre las previstas, que es la excomunión latae sententiae; es decir, automática por el simple hecho de cometer el delito previsto. Así lo recoge el canon 1.382, como uno de los delitos contra los sacramentos —la terminología que se usa desde la reforma de 2021—. Esto es así tanto si se hace con fines sacrílegos o como desprecio. Esta es una pena que solo puede levantar el Papa a través de la Penitenciaría Apostólica. Sin una respuesta suya, el obispo no puede hacerlo.
—No parece que sea algo que preocupe a los profanadores, pero ¿se dan casos en que sí, tras una conversión?
—Hay veces que alguno en algún caso lo ha manifestado él mismo. Por eso es importante y se suele hacer una Misa de reparación por el daño producido. No es que esté prescrito pero es conveniente.
—Esas celebraciones se hacen para desagraviar al Señor, ¿qué relación tiene con esto?
—Para no perder la conciencia hacia el carácter sagrado de la Eucaristía. Estos hechos son un escándalo porque se trata mal lo que para los católicos es lo más sagrado. Los bienes más importantes son delicados. Además, estas Misas se celebran pidiendo la conversión del pecador, pues en la comunión de los santos entra el mail pero también las oraciones de los cristianos, que queremos que todos los hombres se salven.
—Todo esto es respecto al profanador. Pero, ¿se suelen recuperar las formas? ¿Y qué hay que hacer entonces?
—Cuando la profanación es por ofender los sentimientos religiosos o para quedarse con el copón si es de oro, en algunos casos sí se encuentran. Cuando incluye las otras finalidades no se suele. En cualquier caso, en las conversaciones con la Policía se debe explicarle la importancia de las formas y el deseo de recuperarlas cuantos antes para consumirlas si se puede y, si no, disolverlas de la forma establecida: en agua para verterla luego en tierra.
⛪️Profanación en la parroquia de La Asunción de Parla Es la séptima profanación que hemos registrado este año
— Observatorio Libertad Religiosa (@olreligiosa) October 22, 2026
Por eso tienen que avisar a un sacerdote, para que tenga la constancia de que todo se realiza convenientemente. Este tema suele surgir en las conversaciones en el momento de la denuncia y los agentes suelen tener respeto.
—¿Qué pueden hacer los sacerdotes o los encargados de los templos, como los sacristanes, para intentar impedir estos robos?
—Es muy importante que los sagrarios estén absolutamente fijados con algún tipo de mecanismo. Además, es bueno tener una puerta blindada y alarmas, incluso de proximidad para proteger un perímetro de unos metros porque así se evita cualquier intento de acercarse.
Vale la pena invertir en esto, y cuando hay parroquias pequeñas a las que les puede suponer un coste alto, es una oportunidad para que las diócesis negocien en conjunto con alguna empresa. Y no dejar de abrir las iglesias. Cerrarlas sería la victoria del mal.