La gratitud, el valor para ir «más allá de uno mismo»
La Universidad de la Mística de Ávila organiza una jornada sobre la gratitud y su relación con la interioridad y la trascendencia
La Cátedra Edith Stein del CITeS–Universidad de la Mística en Ávila, acoge este viernes la jornada Gratitud. Interioridad, relación y trascendencia. La psicóloga Almudena Duque, de la Universidad Pontificia de Salamanca, abordará Los efectos de la gratitud en el bienestar.
En conversación con Alfa y Omega, Duque distingue entre el agradecimiento como una forma de relación social, que consiste en «dar las gracias por una acción concreta», y la gratitud entendida como «una disposición más profunda ante la vida». Esta última lleva a reconocer y valorar aspectos que a menudo pasan inadvertidos, como la salud o la familia. «La gratitud tiene que ver con dar gracias por muchas cosas que posiblemente no sean tan visibles», explica. Además, está relacionada con ciertos rasgos de la personalidad y con la capacidad de ir «más allá de uno mismo».
La psicóloga advierte de que hoy en día el ritmo de vida dificulta prestar atención al presente: «Con frecuencia, mientras se lee un libro o se realizan tareas cotidianas, la mente está ocupada en las obligaciones pendientes o en lo que sucederá después. Ni siquiera a veces somos muy conscientes o tenemos atención plena sobre lo que estamos haciendo, sino que pensamos en lo que va a venir», señala. Esta falta de atención deja poco espacio para reconocer aquello «por lo que merece la pena estar agradecido».
Bienestar emocional
También apunta a la relación entre la dificultad para vivir el presente y el bienestar emocional. Según explica, «las personas que permanecen atrapadas en los acontecimientos pasados pueden experimentar más síntomas depresivos, mientras que quienes se preocupan excesivamente por lo que puede ocurrir en el futuro pueden sufrir ansiedad». En ambos casos, esa tendencia dificulta encontrar motivos de agradecimiento. «No están nunca en el momento presente. Por lo tanto, es mucho más difícil encontrar esos momentos de agradecimiento», afirma.

Entre las prácticas que pueden ayudar a cultivar la gratitud, Luque menciona el diario de gratitud y la carta de gratitud, respaldados por investigaciones científicas. Estas herramientas pueden mejorar el estado de ánimo durante unas horas o unos días, pero Duque advierte de que sus efectos no necesariamente se mantienen a largo plazo. «Para que la gratitud tenga una influencia más sostenible tiene que ser algo que se cultive desde la trascendencia y desde la interioridad», sostiene.
Un valor a construir
Este proceso no implica negar las experiencias negativas. Se trata de reconocer que, incluso en medio de la adversidad, pueden aparecer pequeños momentos de alivio o bienestar. «Una persona puede seguir atravesando una situación difícil y, sin embargo, haber disfrutado de unas horas en las que se ha encontrado mejor. Son esas pequeñas cosas» las que conviene aprender a reconocer, explica la psicóloga.
La doctora en Psicología de la UPSA recuerda, además, que la gratitud es una disposición «relativamente estable» de la personalidad. Aunque algunas prácticas pueden ayudar a modificar ciertos aspectos, no basta con entrenarlas para convertir de repente a una persona poco agradecida en alguien que lo sea mucho. Por eso, defiende que la gratitud se entienda «como un valor personal y no tanto como una herramienta instrumentalizada para salir del hoyo cuando estoy en él», resume.
Desde una perspectiva creyente y cristiana, la psicóloga relaciona la gratitud con la gratuidad, una comprensión más existencial de la vida. En este sentido, explica que la fe puede ayudar a reconocer la existencia «como un don» y a distinguir entre el agradecimiento por hechos concretos y una actitud más profunda de gratitud. «La gratitud sería mucho más existencial», afirma, aludiendo a la fe en que «Dios está por encima de nosotros y de que siempre, de alguna forma, tiene reservado algo bueno para cada uno».