La última palabra no la tiene el desencanto

El año 2014 nos ha dejado variadísimas películas valiosas. Géneros diferentes para gustos diferentes; estilos distintos para públicos distintos. Pero las que el jurado de Alfa y Omega ha elegido como mejores tienen un factor común: la esperanza brilla siempre como horizonte último. Muchas de ellas son películas que parten de situaciones humanas duras y dolorosas, pero en las que la última palabra no la tiene el desencanto. En algunas triunfa la solidaridad (Dos días, una noche, Trash…); en otras, los lazos paterno-filiales (Nebraska, Alguien a quien amar…); en algunas, triunfan los vínculos de la amistad (Begin again…); en otras, la alegría de la acogida (La ladrona de libros, Las vidas de Grace…); finamente, hay películas en las que los personajes acaban encontrándose a sí mismos (Ida, El hijo del otro…) En todas ellas hay un camino de redención, una dilatación de la humanidad de los protagonistas. En medio de la confusión que nos rodea, las películas que Alfa y Omega premia este año son pequeñas antorchas que iluminan el túnel de nuestro tiempo

Juan Orellana

Mejor Película
Mejor Director

Nebraska, de Alexander Payne

El director Alexander Payne, con el protagonista, durante le rodaje de Nebraska

Woody Grant (Bruce Dern) es un anciano algo demenciado que está convencido de que ha ganado un millón de dólares, y quiere ir a la ciudad de Lincoln (Nebraska) a cobrarlos. A pesar de que su esposa y sus dos hijos le explican que se trata de un truco publicitario y que en realidad no ha ganado nada, él se empeña en ir a esa ciudad, situada a 1.200 kilómetros, aunque sea caminando. Su hijo David (Will Forte), finalmente, decidirá llevarle para que se convenza por sí solo de su error.

La filmografía de Alexander Payne, ganador de un Oscar, es muy heterogénea. Sin embargo, hay un planteamiento humanista que atraviesa casi todas sus películas, como A propósito de Smith, Los descendientes o Entre copas. Un humanismo servido con humor, en ocasiones de sabor surrealista, pero que permite tratar importantes cuestiones de manera fresca y aparentemente desenfadada. En Nebraska, rodada en blanco y negro, el núcleo dramático es la relación paternofilial, ya que se nos cuentan los esfuerzos que hace un hijo para reencontrarse con su padre y dignificar a su ya desnortado y alcohólico progenitor. Pero la película no sólo es un elogio de los lazos familiares, y de la restitución de un vínculo filial dañado, sino que también es un canto a la honorabilidad de la tercera edad.

La personalidad de la película estriba en cómo está contada: en ese tono que hace que el espectador se ría de los personajes, mientras tiene la sensación de que el director no lo hace. Un tono lo imprescindiblemente caricaturesco como para crear una distancia crítica inteligente respecto a la realidad social retratada. Humor irónico y humanismo se entrelazan, al estilo de Capra o de John Ford, pero sin renunciar a las señas de identidad de nuestros tiempos. De Capra resuenan esos personajes tan angelicales como mundanos; de Ford, la imponencia de un paisaje marcado por la lucha por la supervivencia.

Escena de Nebraska

Mejor Película Documental

La sal de la tierra, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

Fotograma de La sal de la tierra

Alfa y Omega se fija este año en un extraordinario documental en el que el famoso cineasta alemán Wim Wenders nos descubre la vida y obra del fotógrafo brasileiro Sebastiao Salgado, y lo hace de la mano de su hijo, el también fotógrafo Juliano Salgado, codirector y coguionista del film. El film va recorriendo cronológicamente su obra fotográfica, desde su recopilación La mina de oro de Serra Pelada, hasta la última, Génesis (2013), pasando por Éxodos, Trabajadores y Otras Américas. Mientras se nos muestran las mejores fotografías de cada álbum, Salgado va haciendo comentarios, tanto sobre la fotografía, como sobre el contexto de la misma y su propia vida. De esta forma, no sólo nos aproximamos a su obra y a sus concepciones estéticas y humanistas, sino también a su propia biografía, a su historia, a su mujer, a su padre, a su hijo con síndrome Dawn. El cineasta alemán sabe desaparecer detrás de la fuerza fotográfica de Salgado. La misma fascinación que experimentó cuando se topó con la foto Mujer ciega (Mali, 1985), y que le llevó a preguntarse quién era el fotógrafo que estaba detrás de ese retrato, es la que trata de generar en el espectador. Una fascinación que es sólo estética en primer término, ya que en seguida se transforma en fascinación moral. Wenders descubrió que aquel fotógrafo estaba interesado en algo más importante que la fotografía: las personas a las que retrataba. Esa preocupación humanista, compartida por el cine de Wenders, atraviesa toda la película, de tal manera que el asombro estético ante la genialidad fotográfica se da la mano con la congoja existencial y moral de muchas de sus obras, en especial las que muestran las consecuencias del hambre y de la guerra.

Mejor película musical
Mejor actriz (Keira Knightley)

Begin again, de John Carney

Keira Knightley, en su papel protagonista de la película Begin again

Dan es un productor discográfico que está separado de su mujer y se siente muy lejano de su hija adolescente, Violet. Por si fuera poco, su concepción de la industria musical parece haberse quedado desfasada, y él fuera del sistema. Casualmente, conoce a Greta, una joven letrista y cantante en un garito nocturno, y le propone la producción de un disco muy especial. Ella, que también está pasando por una crisis personal, se lanza a la aventura.

Esta película es la nueva obra de John Carney, el director y guionista de la famosa Once, película con la que comparte diversas virtudes, aparte de la calidad de sus canciones, en este caso con temas de Gregg Alexander. Comparte con ella su ternura de fondo, su mirada positiva sobre el ser humano y su fe en la posibilidad de redención de los personajes. Cuestiones como las crisis conyugales y de pareja, los problemas de la adolescencia, las relaciones paternofiliales, el declive profesional… son algunos de los temas que se entrecruzan en la película con naturalidad. Dentro del estupendo reparto, con Hailee Steinfeld, Mark Ruffalo, Catherine Keener, destaca Keira Knightley, no sólo por su interpretación, sino por su insospechada habilidad para la canción.

Mejor película de animación

El viento se levanta, de Hayao Miyazaki

Imagen de El viento se levanta

El gran maestro de la animación del Japón, Hayao Miyazaki, anunció su retirada en el último festival de Cannes con la película que ahora premia Alfa y Omega. Otra obra maestra que se suma a las anteriores como Mi vecino Totoro, Nausicaa, El viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke o El castillo ambulante, entre otras obras imprescindibles. En este caso, el cineasta ha optado por un tono más realista que el de su filmografía precedente. La película narra parte de la vida de Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico que diseñó el avión de combate Zero, que posteriormente fue usado en el ataque nipón a Pearl Harbor, aunque Horikoshi nunca quiso hacer aviones con fines bélicos. La película nos habla de la vocación temprana del personaje, paralela a su vocación al amor, todo narrado con la sensibilidad que caracteriza al cineasta japonés. La genialidad de sus paisajes, la delicadeza en el tratamiento de los conflictos humanos, la atención al detalle y la atmósfera poética que envuelve toda la cinta, la convierte en un excelente producto para disfrutar con toda la familia.

Mejor película de temática histórica

Dos vidas, de Georg Maas y Judith Kaufmann

Fotograma de la película Dos vidas

El nuevo cine alemán de revisión histórica sigue en plena efervescencia. Dos vidas es una película que aúna, en la misma trama, una mirada crítica sobre nazismo y comunismo a la vez. El guión tiene como telón de fondo unos sucesos reales que, en los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial, se conocieron como el Proyecto Lebensborn. En torno a 1935, el mandatario nazi Himmler fundó una sociedad llamada Lebensborn, cuya misión era seleccionar varones claramente arios para engendrar hijos que perpetuaran la casta elegida. Para ello, las mujeres noruegas eran un objetivo muy especial. Himmler creía que, como descendientes directos de las vikingas, ellas trasmitían dureza, valentía y fortaleza, ideales para la raza germánica. Cuando la guerra terminó, habían nacido unos 12.000 niños Lebensborn, hijos sobre todo de miembros de las SS. La derrota de Alemania hizo que muchos de estos niños llamados a la gloria se convirtieran en los bastardos de las SS que ya nadie quería. Al ser titulares de doble nacionalidad, noruega y alemana, en los años sesenta despertaron el interés de la Stasi y de las Fuerzas de Seguridad de la República Democrática Alemana. Dos vidas arranca en 1990, cuando el Muro de Berlín acababa de ser derribado y se anunciaba el fin de la Guerra Fría. Katrine (Juliane Kohler) es una mujer madura que creció en la Alemania del Este, pero que vive desde hace veinte años en Noruega con su madre (Liv Ullmann). Ella fue una niña Lebensborn, pero ahora es una feliz esposa de un marino de guerra noruego, madre de una joven y abuela de una pequeña niña. Esta paz familiar se ve rota cuando un abogado (Ken Duken) les pide a Katrine y a su madre que colaboren como testigos en un juicio que se quiere abrir en Estrasburgo para hacer justicia a los niños de la guerra supervivientes.

La película pone en su centro de gravedad unas cuestiones radicales: ¿hasta dónde se puede llegar cuando se intenta construir desde la mentira? ¿Cuál debe ser la reparación moral de una vida basada en la falsedad y la manipulación? ¿Qué consecuencias tiene anteponer las servidumbres ideológicas al amor a los tuyos? La película, en este sentido, quiere ser áspera como la propia realidad que cuenta, y no hacer concesiones a salidas edulcoradas o irreales. Tampoco quiere cerrar la puerta al arrepentimiento y al perdón entre los personajes, pero deja claro que ambas cosas implican un camino fatigoso y nada fácil.

Mejor película sobre el mundo del trabajo

Dos días, una noche, de los hermanos Dardenne

Marion Cotillard, en el papel de Sandra de la película Dos días, una noche

Sandra recorre las calles de su ciudad, acompañada de su marido, buscando a sus compañeros de trabajo para rogarles que renuncien a sus bonos para que ella pueda mantener su empleo. Ella acaba de salir de una enfermedad mental, y necesita su trabajo para mantener a su familia. Todos los personajes, de clase trabajadora, se enfrentan al mismo dilema: si cobran menos, Sandra conservará su puesto. Pero todos necesitan el dinero. Esta dialéctica solidaridad-individualismo está llevada con sensibilidad y elegancia por los hermanos Dardenne, sin caer en fáciles caricaturas y haciendo del matiz su seña de identidad. No hay buenos y malos. La película podría resultar algo tediosa, al repetir el esquema de las visitas a los compañeros, una a una, durante todo el metraje. Pero la extraordinaria Marion Cotillard despeja ese peligro y convierte el film en un periplo urbano magnético y conmovedor. La película es un festival de planos cortos de una mujer sufriente que lucha por recuperar su amor por sí misma, y de un marido incondicional que con sobriedad encarna el amor verdadero.

Mejor película sobre los lazos familiares

El hijo del otro, de Lorraine Levy

Escena de la película El hijo del otro

Una nueva película sobre el conflicto palestino, con un mensaje muy claro: la vida es más grande que el odio, la ideología y la política. El argumento arranca con un hecho: un hospital equivocó los expedientes de dos neonatos, y llevan 20 años viviendo con los padres equivocados. Uno de los padres es un duro militar israelí, que ha educado a Joseph para ingresar en el ejército. El otro hijo equivocado es Yacine, perteneciente a una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania. Cuando se descubre el error, el drama está servido, ya que en principio los padres se odian, son enemigos mortales: el ocupado y el ocupante, el terrorista y la víctima. Para hacer el recorrido que padres e hijos deben hacer, van a jugar un papel muy importante sendas madres, con un corazón más generoso que deja las cuestiones políticas en segundo plano. Por otra parte, Joseph y Yacine encarnan una generación, que, aunque marcada por el odio de sus padres, anhela tiempos nuevos de paz y entendimiento. Por ello, los chavales van a iniciar entre ellos una relación personal y de amistad, al margen completamente de los planes de sus padres.

La película es un hermoso canto a la reconciliación, al descubrimiento del corazón humano que subyace bajo las banderas y etiquetas; pero también plantea la identidad de la familia: hay familia donde hay verdaderos vínculos. En ese sentido, más que intercambiarse los hijos, lo que estos padres consiguen es un hijo nuevo sin perder al anterior.

Mejor película sobre el sentido de la vida

Las vidas de Grace, de Destin Cretton

Grace (Brie Larson), con sus chicos, en una escena de Las vidas de Grace

Grace trabaja como supervisora en un centro de acogida de adolescentes en riesgo de exclusión social, llamado Acogida Temporal 12. Un día, llega al centro una adolescente muy problemática que obligará a Grace a hacer frente a sus propios fantasmas y a sus heridas del pasado. La película no sólo ilustra la verdad que brilla dentro de cada experiencia de auténtica acogida, sino que muestra cómo nadie escapa a la necesidad de sentirse afirmado y abrazado. También el factor comunitario se subraya en el film, mostrando el valor sanador de una amistad compartida. Los distintos chavales van descubriendo el sentido de su vida a través de esas relaciones, que tienen sin duda un valor terapéutico. Algunos vienen de experiencias como el aborto, los malos tratos o el abuso sexual, y la salida no es fácil ni inmediata, pero el propio pasado tormentoso de Grace le ayuda a entender hasta el fondo el drama de los chicos y acompañarlos adecuadamente. No es, por tanto, una película de recetas facilonas ni soluciones artificiales, pero sí deja claro que siempre hay una posibilidad de descubrir el camino que lleva a la vida verdadera.

Mejor película de temática social

Trash, ladrones de esperanza, de Stephen Daldry

Fotograma del film Trash, ladrones de esperanza

De la mano de Stephen Daldry (Billy Elliot, Las Horas), llega otra historia dura y difícil, pero llena de luz. Es la historia de tres chicos de la calle brasileños: Rafael, Gardo y Rato, que, trabajando entre la basura encuentran una misteriosa cartera que contiene algo que podría cambiar sus vidas. Esto les llevará por un camino en donde la corrupción policial, carcelaria e incluso social serán los obstáculos de una arriesgada aventura. La película está contada desde una mirada infantil, y Daldry trata de conservar el espíritu infantil de la novela en que está basada, manteniendo un estilo como de fábula, para terminar en un desenlace claramente capriano. Llama la atención el montaje del film, la química de los tres jóvenes actores, y la presencia de Martin Sheen y de Rooney Mara, que además ofrecen una imagen amable de la Iglesia católica. En realidad, el sentido religioso popular atraviesa toda la cinta. La película no sólo es una denuncia de la pobreza en la que viven tantos niños de las favelas, sino un canto a la inocencia y la pureza de corazón, en la línea de las mejores obras del neorrealismo italiano.

Mejor guión

Diplomacia, de Volker Schlöndorff

Fotograma de Diplomacia

Agosto de 1944. El general alemán Dietrich Von Choltitz se dispone a destruir París antes de abandonarla. Son órdenes de arriba. El cónsul sueco Raoul Nordling intentará impedir que ejecute ese demencial deseo de Hitler. Esta película, tan galardonada en el pasado Festival de Valladolid, es una adaptación de la obra teatral homónima del dramaturgo francés Cyril Gely (2011), que ha coescrito el guión. Volker Schlöndorff vuelve a sus revisiones históricas de la Segunda Guerra Mundial (El tambor de hojalata, El noveno día), en este caso para presentar un conflicto moral de altura, muy bien escrito e inteligentemente resuelto. Las conversaciones entre los personajes van desvelando las verdaderas razones del corazón que mueven a los protagonistas más allá de la política, y nos sugieren que siempre es posible volver a alumbrar la propia humanidad aun en medio de la bárbara sinrazón de la guerra. La interpretación de los veteranos André Dussollier y Niels Arestrup es sencillamente memorable.

Mejor actor (Mikael Persbrandt)

Alguien a quien amar, de Pernille Fischer Christensen

Thomas Jacob (Mikael Persbrandt) y su nieto Noa, en Alguien a quien amar

Thomas Jacob (Mikael Persbrandt) es un hombre taciturno que vive desde hace años muy distanciado de su hija, y que un día recibe la visita de ésta, que le ruega se quede con su hijo Noa, de once años. Thomas decide quitárselo de en medio mandándolo a un internado. Pero se van a romper demasiadas cosas en su interior como para seguir viviendo como antes. Thomas encarna a la perfección al viejo europeo del cambio de siglo: ha probado todo tipo de drogas, «porque llenaban un vacío que había en mi interior», y ha vivido una paternidad tan irresponsable que ha abocado también a su propia hija al consumo de drogas. Huyó a Los Ángeles para hacer su carrera como cantante de rock, lejos de las heridas de su pasado. Pero ahora tiene que volver a Dinamarca con motivo de una gira y no tiene más remedio que mirar cara a cara a su hija y a su nieto. Y sólo ve dolor, fracaso y desencanto. Un espejo que le devuelve el verdadero rostro de una falsa ilusión convertida en nada. Esta situación no buscada, que le obliga a evaluar su trayectoria humana, su pasado y su presente, llevan a Thomas a hacer crisis y que su humanidad, sepultada bajo tanta costra, luche por emerger de nuevo. Se da cuenta de que, le guste o no, él pertenece a una carne y a una sangre, y que no puede volver a ser él mismo y disfrutar de paz moral si no mira de frente esa realidad y sigue las indicaciones de su corazón y su conciencia. Al final, es la presencia de un niño, frágil, de once años, abandonado por todos, la que puede rescatar a un adulto, adinerado, famoso, de una nada asfixiante y letal.

Mejor actor secundario (Geoffrey Rush)

La ladrona de libros, de Brian Percival

Hans Hubermann (Geoffrey Rush) y Liesel, en la película La ladrona de libros

La historia de Liesel fue imaginada y escrita en 2005 por el novelista australiano Markus Zusak, inspirado por los relatos de sus padres sobre la Segunda Guerra Mundial, relatos en los que siempre había un gesto de humanidad o sacrificio generoso. La película, narrada por la propia muerte, cuenta la historia de Liesel (Sophie Nélisse), una preadolescente que es enviada a vivir con una familia de acogida en Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial, el mismo día que fallece su hermano pequeño. La nueva familia de Liesel está formada por un bondadoso Hans Hubermann (Geoffrey Rush) y su malhumorada esposa, Rosa. Liesel llega a la nueva familia analfabeta y con una experiencia muy dura de la vida. Pero, en su nuevo ámbito, todo se va a convertir en experiencia educativa, que lejos de transformar su amargura en cinismo, le va a ir abriendo a descubrir la belleza de la vida y la grandeza de los seres humanos. Su padre de acogida le enseña a leer, y el judío Max le enseña a usar las palabras poéticamente para expresar sus vivencias. De su amigo Rudy, aprende el inocente coraje del amor; y de la mujer del alcalde, Ilsa Hermann, la compasión en medio del odio.

En el centro de esta película hay dos núcleos importantes: el valor de las palabras como forma de autoconocimiento y conocimiento de la realidad; y el valor de las personas por encima de cualquier connotación. En torno a estas dos afirmaciones de positividad, se va tejiendo el desarrollo personal de Liesel, que de esta forma crece incontaminada del odio y el horror que la rodea. Aunque esta hermosa fábula esté narrada por la muerte, es un indudable canto a la vida.

Mejor actriz secundaria (Itziar Aizpuru)

Loreak (Flores), de José María Goenaga y Jon Garaño

Itziar Aizpuru (en el centro), en Loreak (Flores)

La delicadeza es una forma de relacionarse, ciertamente poco promocionada, que consiste en tratar al otro como si de un objeto frágil se tratara. Es lo contrario de la invasión grosera, de la pretensión desconsiderada, de la presión exigente… Las generaciones más jóvenes ya no entienden los códigos de la delicadeza, que se les antojan frikis, obsoletos, e incluso alguno los puede considerar restos anacrónicos de un rancio machismo. Quienes piensan así tendrán dificultades para pillarle la gracia a la película Loreak, de José María Goenaga y Jon Garaño, una cinta cuyo suspense argumental se enraíza en la delicadeza: una mujer recibe flores de un admirador anónimo todas las semanas. De ahí arrancan las tres subtramas que nos hablan de los sentimientos silenciosos de las personas, esos que sólo deben aflorar ataviados de delicadeza. La trama de Ane (Nagore Aramburu), esa mujer que recupera la sonrisa al sentirse estimada por un anónimo pero delicado amigo; la trama de Lourdes (Itziar Ituño), una joven viuda que en silencio piensa que no supo mirar a su marido como realmente necesitaba; la trama de Tere (Itziar Aizpuru, premiada por Alfa y Omega), una mujer secuestrada por sus propios prejuicios y rencores, pero que desearía ser liberada. Tres mujeres cuyas vidas se cruzan, se tocan y se cambian por el detonante de un gesto de delicadeza: regalar un ramo de flores. Flores que no son más que la prolongación de una mirada delicada. Una significativa aportación del cine español.

Mejor fotografía (Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski)

Ida, de Pawel Pawlikowski

Hermana Anna -Ida- (Agata Kulesza), en el film Ida

Ambientada en la Polonia comunista, nos cuenta la historia de Ida, una joven novicia que llegó al convento cuando era un bebé, y ahora le ha llegado el momento de hacer su profesión perpetua. La superiora le ordena que, antes de dar ese paso, debe salir del convento y pasar unos días junto a Wanda, una tía suya, amargada y compleja, a la que desconoce por completo. La convivencia con Wanda revelará las graves razones por las que la superiora tomó esa decisión. Ida tendrá que replantease su vida desde los cimientos. Si la famosa cinta de Zinemmann con Audrey Hepburn, Historia de una monja, nos narraba los avatares que finalmente llevaban a la Hermana Lucas a abandonar el convento, aquí ocurre lo contrario. La Hermana Anna, conocida en el siglo como Ida, tendrá que poner a prueba todas sus certezas para retomarlas de una forma más madura y consciente. Una interesante historia sobre la capacidad de la fe de integrar el propio pasado. La interesante fotografía que premia Alfa y Omega es en blanco y negro, con encuadres fijos, en un formato 4 por 3, en el que no hay paisajes horizontales, pero sí los puede haber verticales.

Mejor Banda Sonora (Thomas Newman)

Al encuentro de Mr. Banks, de John Lee Hancock

Tom Hanks y Emma Thompson, en los papeles de Disney y Travers de la película Al encuentro de Mr. Banks

En 1961, la escritora Pamela Lyndon Travers viaja a Los Ángeles desde Londres, a su pesar, para negociar los derechos del guión de Mary Poppins con el mismísimo Walt Disney, que lleva veinte años intentando cumplir la promesa que hizo a sus hijas: llevar a Mary a la pantalla. Travers se resiste a ceder su novela a una industria a la que desprecia. Pero sus deudas la obligan a ceder. Se encontrará enfrente de un Walt Disney que desplegará todo su encanto y buenas maneras para sacar de Travers no sólo el deseado contrato, sino lo mejor de ella misma. Dirigida por John Lee Hancock, familiarizado con los cuentos por haber escrito en los últimos años el guión de Blancanieves y la leyenda del cazador y de Maléfica, y con unos solventes actores al frente (Tom Hanks y Emma Thompson), la película es un elogio de una forma de trabajar, que por muy pragmática que sea no da la espalda a la dignidad del trabajador y de su interlocutor. En un mundo de relaciones puramente interesadas y mercantiles, esta cinta propone un ideal muy diferente en el que trabajo y humanidad no están reñidos.

Juan Orellana


Jurado de los Premios Alfa y Omega de cine 2014

Bajo la presidencia de monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, se reunió, para decidir los premios Alfa y Omega al mejor cine del año, el Jurado compuesto por los siguientes miembros, por orden alfabético:

Álvaro Abellán García. Profesor de Comunicación y Humanidades y Vicedecano de la Facultad de Comunicación en la Universidad Francisco de Vitoria. Autor del blog www.DialogicalCreativity.es. Licenciado en Periodismo (Premio extraordinario de licenciatura) por la Universidad Complutense de Madrid. Director de Comunicación de LaSemana.es Máster en Filosofía (summa cum laude et honore) por la Universidad Francisco de Vitoria.

Belén Ester. Periodista y crítico de cine. Como tal ha ejercido durante más de diez años en diferentes medios de comunicación de prensa, radio y televisión. En la actualidad es crítico de cine en 13 TV y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Escritores Cinematográficos y colabora en diferentes medios. Además es autora de En tierra de hombres: Mujer y feminismo en el cine contemporáneo, con la Editorial Encuentro que se publicará en los próximos meses.

Jaime Noguera. Economista. Consultor experto en arquitectura organizacional y en desarrollo de personas. Crítico literario en Alfa y Omega y colaborador de diversos medios, además de crítico de cine.

Juan Orellana. Director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española. Presidente de SIGNIS ESPAÑA. Profesor Adjunto en la Universidad CEU San Pablo y director del Posgrado Universitario en Dirección Cinematográfica en la misma Universidad. Director de la revista Pantalla 90 y crítico de cine de Alfa y Omega, COPE, 13 TV, www.paginasdigital.es, y de la Agencia ACEPRENSA. Autor de numerosos libros de cine.

Juan Manuel de Prada. Escritor. Premios: Planeta (1997), González Ruano (1999), Nacional de Narrativa (2004), Primavera de Novela (2003), Biblioteca Breve (2007). Su última novela es Morir bajo tu cielo. Asimismo es crítico de cine.

Ninfa Watt. Doctora en Comunicación y licenciada en Periodismo y en Filología Hispánica. Vicedecana de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde es profesora de Ética y Deontología y de Periodismo especializado en Información socio-religiosa, y directora del Posgrado de Experto en Comunicación Social. Colaboradora de la cadena COPE, en el espacio de cine de El Espejo. Como representante de la Organización Católica Internacional del Cine y el Audiovisual en España, ha sido miembro de Jurados Internacionales de SIGNIS en varios festivales internacionales.