El hijo del otro. Entre el amor y el odio - Alfa y Omega

El hijo del otro. Entre el amor y el odio

Nos llega otra película sobre el conflicto palestino, El hijo del otro. Y una vez más en clave de superación y reconciliación, al estilo de la notable Una botella en el mar de Gaza. El mensaje es muy claro: la vida es más grande que el odio, la ideología y la política

Juan Orellana
Escena de la película El hijo del otro

Nos llega otra película sobre el conflicto palestino, El hijo del otro. Y una vez más en clave de superación y reconciliación, al estilo de la notable Una botella en el mar de Gaza. El mensaje es muy claro: la vida es más grande que el odio, la ideología y la política

Hace unos meses, celebrábamos la película japonesa De tal padre, tal hijo, de Hirokazu Koreeda. En ella, Ryota era un padre de familia adinerado y autosuficiente, que educaba a su hijo Keita de seis años en el rigor y la disciplina. Un día, su mujer Midori y él recibían una llamada del hospital en la que les informaban que Keita no era su hijo. Cuando nació, el hospital lo había cambiado por descuido con otro recién nacido. Los dos matrimonios damnificados se reunían para ver cómo y cuándo se realizaba el intercambio de hijos. Pues bien, ahora nos llega una cinta francesa que afronta una temática análoga, pero en un contexto político duro y radical. El hijo del otro está dirigida por la guionista de televisión y realizadora Lorraine Lèvy, que hasta ahora había dirigido dos comedias más bien románticas. El guión está escrito por ella, junto a Nathalie Saugeon, sobre una idea original de Noam Fitoussi.

El argumento arranca igual que De tal padre, tal hijo. La diferencia es que aquí el padre duro es un militar israelí, que ha educado a Joseph (Jules Sitruk) para ingresar en el ejército judío. El otro hijo equivocado es Yacine (Mehdi Dehbi), perteneciente a una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania. Cuando se descubre el error, el drama está servido. Si en la película de Koreeda la diferencia era social, la situación aquí es mucho más grave. En principio, los padres se odian, son enemigos mortales. El ocupado y el ocupante, el terrorista y la víctima. Para hacer el recorrido que todos deben hacer, padres e hijos, van a jugar un papel muy importante sendas madres, con un corazón más generoso -corazón de madre- que deja las cuestiones políticas en segundo plano. Por otra parte, Joseph y Yacine encarnan una generación que, aunque marcada por el odio de sus padres, anhela tiempos nuevos de paz y entendimiento. Por ello, los chavales van a iniciar entre ellos una relación personal y de amistad, al margen completamente de los planes de sus padres.

La película es un hermoso canto a la reconciliación, al descubrimiento del corazón humano que subyace bajo las banderas y etiquetas; pero también plantea la identidad de la familia: existe familia donde hay verdaderos vínculos. En ese sentido, más que intercambiarse los hijos, lo que estos padres consiguen es un hijo nuevo sin perder al anterior. Hay un personaje muy importante, el hermano de Yacine, Bilal (Mahmud Shalaby), un radical palestino lleno de odio hacia los judíos. Él representa a cierta generación joven apegada a los odios ancestrales. Para él sólo cabe el consejo que le da su madre: «Abre tu corazón».

Aunque a El hijo del otro se le puede criticar cierta artificiosidad al elegir un caso tan extremo, la película está planteada con equilibrio y con unos actores que consiguen que el film no caiga ni en el didactismo ni en el melodrama.

Emmanuelle Devos encarna magistralmente a la madre judía, Orith, y Areen Omari hace lo propio como madre de Yacine. La excelente banda sonora del compositor y cantante árabe Dhafer Youssef es muy interesante y nos ofrece una combinación de canciones árabes tradicionales con música electrónica moderna.

Una película que refresca y alegra la deprimente cartelera de las últimas semanas.

Juan Orellana