La sotana esteparia: Gregorio Pérez Santana, sacerdote madrileño en Kazajistán

«Por aquí hace un frío que pela», reconoce Gregorio Pérez Santana, que cambió por petición propia el solecito invernal de su Madrid natal por los diez grados bajo cero –como poco– de un día normal de enero en Almaty, la ciudad más poblada de Kazajistán. El sacerdote llegó en septiembre al país, el noveno más grande del mundo y la última de las repúblicas soviéticas en declarar su independencia. Atiende la parroquia de Kapchigay, donde a duras penas se comunica con sus fieles, escasos y además rusoparlantes, y colabora con una casa de acogida para niños de familias sin recursos. De mayoría musulmana, el Gobierno kazajo mantiene bajo supervisión a las minorías religiosas, a las que deja libertad para ejercer su pastoral; eso sí, bajo techo y sin hacer proselitismo

Cristina Sánchez Aguilar
Gregorio, con niños de una de las casas de acogida. Foto: Archivo personal de Gregorio Pérez Santana

Un país de mayoría musulmana, con la herencia del comunismo ruso en los talones y kilómetros de estepa inhabitada. No suena muy paradisíaco, pero usted pidió a monseñor Osoro específicamente ir a Kazajistán. ¿Por qué?

Desde pequeño leía libros sobre la Iglesia perseguida en Rusia y me impresionaron mucho, pero dejé aparcada esa inquietud. Me ordené sacerdote en 2000 y durante años he cuidado de mis padres, mayores y enfermos. En el 2010 nombraron obispo de Almaty a José Luis Mumbiela, un español, y eso me encendió una luz, porque ir de misiones a un lugar así era lo que yo estaba buscando. Cuando mis padres fallecieron en 2014 pedí a monseñor Osoro que me dejase venir.

¿Sigue siendo una Iglesia perseguida, ahora que no es parte de la URSS, pero los cristianos son minoría?

Cuando escuchamos Kazajistán nos asustamos, pero aquí no hay mujeres con burka ni fundamentalistas. El Gobierno se cuida mucho de que no haya violentos. Hay libertad religiosa por ley y hay muchas religiones minoritarias. Lo que no permiten es el proselitismo. Tú puedes predicar, pero en tu recinto, no en la calle. Eso está prohibido. Por lo demás, yo voy con sotana y nadie me mira mal. Eso sí, corrupción hay un rato. Como todos los países excomunistas, no estaban preparados para la libertad y a la hora de regir el país los aprovechados se quedaron con la mayoría de la riqueza y los pobres se quedaron más pobres.

¿Cuántos católicos hay?

Somos un 1,2 %. Aproximadamente el 60 % de la población es musulmana y hay un 35 % de ortodoxos rusos. Los católicos son descendientes de los deportados por Stalin a Siberia y a esta estepa, así que tenemos rusos, polacos, alemanes, checos… y también muchos coreanos. En la parroquia a la que voy los domingos casi toda la comunidad es de Corea.

Foto: Archivo personal de Gregorio Pérez Santana

Una auténtica torre de Babel. ¿Cómo se comunica con ellos?

Pues de momento mal [ríe]. Estoy estudiando ruso, pero es un idioma muy difícil para los que no somos eslavos. Para que te hagas una idea, las homilías las preparo en español y una señora me las traduce al ruso, así que… ¡no sé lo que estoy diciendo! Y de momento confesar no puedo. Salgo a dar la comunión a los enfermos, bendigo casas, he tenido algún entierro… y todo esto lleva mucho tiempo, porque la extensión es enorme. El otro día tuvimos una convivencia de jóvenes y el lugar de reunión estaba a 800 kilómetros. Solo la diócesis de Almaty es como media España de superficie.

¿Y cuántos curas hay para cubrir esa pedazo de extensión?

Pues pocos. Kazajos todavía ninguno. Solo hay un seminario en todo Kazajistán, y está a 1.000 kilómetros de aquí. En la diócesis somos 18 curas y todos de fuera: argentinos, españoles, italianos, coreanos, polacos…

Si no hay vocaciones… de conversiones ni hablamos.

Algún ortodoxo se pasa a la Iglesia católica, pero poco más. En la parroquia tenemos un matrimonio de un musulmán y una católica y él se convirtió, pero no es lo normal. El Gobierno vigila discretamente que no nos dediquemos a convertir musulmanes. Nuestro trabajo es la pastoral con los católicos que ya hay, que no han tenido durante años ni sacramentos ni sacerdotes y que están desperdigados por la estepa sin poder acudir a Misa.

Eso, y cuidar a los niños de las casas de acogida.

Sí, tenemos junto a la parroquia cuatro casas con niños huérfanos y de familias pobres. Si no tuvieran esto se quedarían en la calle. Hace unas noches fui al pueblo de al lado, que depende de mi parroquia, y saqué a una mujer y a su hija de casa porque el marido, borracho y maltratador, las echó. Ahora viven con nosotros.

¿Y cómo se sostiene? Porque de Kazajistán no recibe un duro.

De la Providencia y de organizaciones como Ayuda a la Iglesia Necesitada o el Centro Académico Romano Fundación, una institución española que recibe donaciones específicas para Kazajistán. Estamos constantemente pidiendo dinero a organismos internacionales, porque si no, no podemos sacar el proyecto adelante. En breve me voy a México, donde vive mi hermano, también sacerdote, para buscar fondos.