La salud de León XIV no es un directo
El domingo, después del rezo del ángelus, el Papa anunció que le operarían de un nódulo en un pulmón. Me pareció un gesto valiente, franco, decididamente contemporáneo. Transparente. Después, al sentarme a escribir estas líneas, me di cuenta de que quería más. Quería el diagnóstico completo
De la lectura de los aforismos de Gonzalo Robles, También se admiten soluciones (Rialp, 2024) se me enroscaron más cosas de las que pensaba. Una de ellas es la sospecha de la transparencia, que antes, como buen hijo del siglo, me parecía tan estupenda. Dice Robles en el octogésimo cuarto aforismo: «Transparencia, dogma de nuestro tiempo que esconde hipócritamente la realidad de que ninguna comunidad organizada —desde la familia al Estado, pasando por la empresa— puede sobrevivir sin ciertos niveles de privacidad y discreción».
El domingo, después del rezo del ángelus, el Papa anunció que le operarían de un nódulo en un pulmón. Me pareció un gesto valiente, franco, decididamente contemporáneo. Transparente. Después, al sentarme a escribir estas líneas, me di cuenta de que quería más. Quería el diagnóstico completo. ¿Qué le habían dicho los médicos? ¿Que era probablemente benigno? ¿Por qué, entonces, una semana entera de recuperación? ¿Qué día sería la operación? —luego, el martes, se informó de que sería ese mismo día—. La realidad es que no tengo derecho a esa información. Está muy bien que ni ustedes ni yo sepamos todos los detalles del ingreso del Papa, que le atañen a él, a su familia y, en términos de gobierno de la Iglesia, a sus colaboradores más estrechos.
Con un gesto más bien histriónico, el protagonista de The Young Pope, la serie de Sorrentino, toma como primera medida despedir al fotógrafo del Vaticano en cuanto resulta elegido Papa. Su gran obsesión es mantener en privado todo lo que puede de sí mismo. No sé si la decisión sería acertada o prudente para un Pontífice de verdad, pero cumple la función de las historias ficticias de hacernos reflexionar sobre lo público, lo privado y lo íntimo.
Nuestro tiempo vive el irresistible delirio de que todo es público, inmediato y escrutable. Por supuesto que no es verdad, pero nos creímos la gilipollez aquella de que lo personal es político, y el chute de Instagram que llevamos en vena nos creemos que nos autoriza para saberlo todo de todos ya mismo (y para contarlo todo de nosotros mismos, cosa que es aún peor).
Para rezar por el Papa no necesitamos saber nada más de lo que sabemos. Que haya ido muy bien la operación y la recuperación sea rápida y tranquila, si Dios quiere. No vale la pena que andemos refrescando la página de Alfa y Omega toda la semana a ver si hay un nuevo fragmento informativo. No news, good news. Podemos esperar hasta el día 20.
¿Nos inquieta saber si podrá viajar el mes que viene a Hispanoamérica, como estaba previsto? Por supuesto. Pero qué queréis que hagamos. De momento, todo sigue en pie. También entendemos que puede haber cambio de planes si la operación no va tan bien como se espera. Algunos andan preocupados por el recuerdo del ingreso del Papa Francisco, también por problemas en el pulmón. No es probable ningún paralelismo; los cuadros son muy distintos y, en cualquier caso, tampoco necesitamos tanta transparencia. A ver si conseguimos convertir esa preocupación en avemarías. Eso sí que sería productivo.