La protesta - Alfa y Omega

La protesta

La foto, o su detonante, pone en cuestión tanto sus motivaciones reales como la respuesta reactiva de una política movida por la emocionalidad. Ni representa la crisis real de la vivienda en nuestro país, ni la respuesta posible está abordando la dimensión del problema

Sandra Várez
La acampada de Sol por la vivienda
Foto: EFE / Rodrigo Jiménez.

Hace poco menos de 20 años, en pleno reventón de la burbuja inmobiliaria, la vivienda era ya una de las principales obsesiones de muchos jóvenes españoles. Mientras postulábamos a las diferentes opciones de acceso a la vivienda pública, pateábamos las zonas «no tensionadas» del centro de Madrid y los barrios periféricos o más asequibles en busca de un lugar para emprender una vida de cero, con una casa en propiedad, sin avales, tratando de no comprometer a familiares ya endeudados por la suya.

En la España que entraba de lleno en la crisis de 2008, la vivienda era una realidad muy inaccesible para muchos, pero seguía siendo una de las principales prioridades a la hora de iniciar un proyecto de vida asociado a la premisa de un techo propio. El ahorro era todavía un factor determinante, que permitía, al menos, plantearse la posibilidad de dar, aun con mucho sacrificio, el primer paso. En aquel momento, la vivienda propia era el objetivo principal para consolidar la aspiración de independencia en un hogar diferente al que hasta ahora tenías. A lo largo de estas décadas, múltiples factores han hecho que tener una casa en propiedad no se considere un fin último en la escala de prioridades: por los cambios en el sentido del arraigo, del compromiso y del apego hacia aquello que perdura en el tiempo.

Quizá eso puede explicar, en parte, por qué la protesta por la vivienda no se ha producido antes, a pesar de que la situación extrema a la que se ha llegado en este tiempo permite hablar de una emergencia social. Pagarla se lleva de media la mitad de la renta de los españoles, con una diferencia entre los salarios y los gastos que se dispara especialmente cuando se trata del alquiler —los datos desde 2011 hablan de una subida de un 30 % de los salarios y de un 80 % del alquiler—. 

Una situación límite que ha llevado a echar en falta una mayor exigencia hacia quienes tienen que tomar las decisiones por parte de ese activismo que estos días ha tomado la Puerta del Sol. Sin embargo, la foto de la protesta o, más bien, su detonante, pone en cuestión tanto sus motivaciones reales, como la respuesta reactiva de una política movida, también como signo de este tiempo, por la emocionalidad. Ni el detonante —el caso muy particular y excepcional de Maricarmen— representa la crisis real de la vivienda en nuestro país, ni la respuesta posible está abordando la dimensión del problema. Al contrario, solo lo simplifica, genera desconfianza y perpetúa injusticias y desigualdades. Si la exigencia legítima del derecho a la vivienda de manera justa y ordenada muere con la foto, entonces es que la vivienda en realidad no era una prioridad.