La Iglesia lucha contra las esclavitudes modernas - Alfa y Omega

La Iglesia lucha contra las esclavitudes modernas

La Iglesia no va a echarse atrás en su lucha por proteger a los niños de los abusos, aseguró el Papa ante una delegación de la Oficina Internacional Católica de la Infancia. Repasó algunos de los retos actuales…

Redacción

La Iglesia no va a echarse atrás en su lucha por proteger a los niños de los abusos, aseguró el Papa ante una delegación de la Oficina Internacional Católica de la Infancia. Repasó algunos de los retos actuales en el trabajo a favor de los niños. Comenzó haciéndose «cargo de todo el mal que algunos sacerdotes -bastantes en número, no en comparación con la totalidad-» han hecho, y pidiendo «perdón del daño por los abusos sexuales a los niños. La Iglesia es consciente de este daño», que es «un daño personal, moral, de ellos»; pero no se puede olvidar que ha sido perpetrado por «hombres de Iglesia. Y no vamos a dar un paso atrás en lo que se refiere al tratamiento de estos problemas y a las sanciones que se deben poner; al contrario, creo que debemos ser muy fuertes; con los chicos no se juega».

El Santo Padre recordó, además, que los niños tienen «el derecho a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva». Defendió también «el derecho de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos», y rechazó «todo tipo de experimentación educativa. Con los niños y jóvenes no se puede experimentar. No son cobayas». Denunció que los horrores de la manipulación educativa de las grandes dictaduras del siglo XX «conservan su actualidad bajo ropajes diversos y propuestas que, con pretensión de modernidad, fuerzan a caminar a niños y jóvenes por el camino dictatorial del pensamiento único». Por otro lado, invitó a «llevar adelante los proyectos contra el trabajo esclavo, contra el reclutamiento de niños soldados».

La trata, crimen contra la Humanidad

Dentro de este mismo afán de luchar contra las esclavitudes modernas, el Papa calificó de «llaga en el cuerpo de Cristo» y de «crimen contra la Humanidad» la trata de personas, y pidió «aunar esfuerzos» para erradicarla. Lo hizo ante los cerca de 120 participantes en el segundo congreso celebrado en el Vaticano en torno al tráfico humano, que tuvo lugar los días 9 y 10 de abril en la sede de la Pontificia Academia de las Ciencias y las Ciencias Sociales.

El encuentro, que nació de una propuesta del episcopado inglés, tenía como objetivo mostrar cómo el trabajo en red de la Iglesia con la policía ha supuesto notables avances en la lucha contra la trata, partiendo de la experiencia vivida en Londres. El Pontífice se refirió a esta colaboración: «Son dos enfoques diferentes. Unos son autoridades del orden público que luchan contra esta trágica realidad por medio de una aplicación firme de la ley», dijo ante la veintena de jefes de policía llegados de países como España, Brasil, India, Estados Unidos, o la Europol y la Interpol. Lo otros, continuó, «son agentes humanitarios y sociales, cuya misión es la de proporcionar acogida a las víctimas, calidez humana y la posibilidad de rescatar sus vidas». Dos visiones, admitió, que «pueden y deben ir de la mano. El diálogo y el intercambio de opiniones, sobre la base de estos dos enfoques complementarios, es muy importante. Por este motivo las conferencias como ésta son extremadamente útiles y, yo diría más aún, necesarias».

El jefe de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol), Ronald K. Noble, secundó esta visión y pidió que las fuerzas de seguridad y los líderes espirituales se esfuercen por fortalecer cuatro áreas: «prevención, cuidado, integración de las víctimas y cooperación conjunta». También el jefe de la policía metropolitana de Londres, Sir Bernard Hogan-Howe, agradeció la labor de las religiosas «para establecer los primeros contactos con las víctimas, de modo que se atrevan a acudir a las autoridades». Al término de las sesiones, los jefes de policía suscribieron una Declaración en la que manifiestan «su empeño personal en desarrollar la colaboración con la Iglesia y la sociedad civil para llevar ante la justicia a los responsables de estos horribles delitos y para aliviar el sufrimiento de las víctimas». Este empeño se materializa en el compromiso de volver a reunirse en noviembre, en Londres, para continuar el trabajo.

M.M.L. y C.S.A.