«Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Conviene dejar que mueran refugiados para que la unidad de Europa no salte por los aires

El Jesús humillado «con burlas, insultos y salivazos» le hace pensar al Papa «en tantos inmigrantes, en tantos prófugos, en tantos refugiados, en aquellos de los cuales muchos no quieren asumir la responsabilidad de su destino». Francisco ha unido la conmemoración de la Pasión y Muerte de Cristo con la denuncia de la tragedia de esos refugiados. Pese a no mencionar explícitamente la situación concreta de Europa, su homilía del Domingo de Ramos no dejó lugar a dudas, tras el bochornoso acuerdo alcanzado por la UE con Turquía para devolver a los refugiados interceptados en Grecia. El Papa llevaba varios días insistiendo en el tema: «¡Cuántos de nuestros hermanos están viviendo una real y dramática situación de exilio!», decía el miércoles anterior. «Y cuando tratan de entrar en algún otro lugar les cierran la puerta», dejándolos a la intemperie.

Cuando, de Macedonia a Austria, varios países cortaron el 24 de febrero la ruta de los refugiados, el comisario de Inmigración de la UE alertó de que peligran «la unidad de Europa y vidas humanas». Refugiados y unidad de Europa. Las dos. Pero esa y se ha convertido en un o: hay que elegir entre lo uno o lo otro.

Los países del este y de los Balcanes dieron la puntilla insolidaria, pero la realidad es que nadie había secundado a Alemania en la acogida de refugiados, salvo Suecia, que luego se retractó. Varios países, por el contrario, han ido introduciendo restricciones a la libertad de movimientos, espoleados por el rechazo a los migrantes en la opinión pública. Schengen, uno de los pilares de la Unión, peligraba seriamente. Y si cae Schengen –advirtió la Comisión Europea–, el euro va detrás. Eslóganes como Welcome refugees o Wilkomenskultur [cultura de la bienvenida] sonaban tan lejanos como el recuerdo del Hosanna del Domingo de Ramos desde la perspectiva del Huerto de los Olivos en el Jueves Santo. Ha llegado a Europa la hora de Caifás: «Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Conviene dejar que mueran refugiados para que la unidad de Europa sea preservada. Ese es, en esencia, el acuerdo con Ankara.

Alfa y Omega