Entre las ruinas de Mosul: «La fraternidad es más fuerte que el fraticidio» - Alfa y Omega

Entre las ruinas de Mosul: «La fraternidad es más fuerte que el fraticidio»

Desde las ruinas de Mosul, el Papa ha invitado a los cristianos a que vuelvan a casa y acojan su papel «en el proceso de sanación»

Cristina Sánchez Aguilar
(CNS photo/Paul Haring)

Resurgiendo de sus cenizas, como la cruz de madera que destaparon ante Francisco, hecha con fragmentos de otra, quemada por el Estado Islámico. Así se encuentra este domingo la comunidad cristiana –y todos los habitantes– de la ciudad iraquí de Mosul, el epicentro de la persecución y la destrucción del ISIS.

A primera hora de este domingo, tercer día en la tierra de Abrahán, Francisco se detuvo en Hosh al-Bieaa, entre las ruinas de la plaza de la Iglesia, un lugar donde había cuatro de los templos cristianos más antiguos de la ciudad, y que fueron reducidos a piedra y hierro por los terroristas.

En la oración de sufragio por las víctimas de la guerra, Francisco ha asegurado que «es cruel que este país, cuna de la civilización, haya sido golpeado por una tempestad tan deshumana, con antiguos lugares de culto destruidos y miles y miles de personas –musulmanes, cristianos, yazidíes y otros– desalojadas por la fuerza o asesinadas».

A pesar de todo, «reafirmamos nuestra convicción de que la fraternidad es más fuerte que el fratricidio, la esperanza es más fuerte que la muerte, la paz es más fuerte que la guerra». Esta convicción «habla con voz más elocuente que la voz del odio y de la violencia; y nunca podrá ser acallada en la sangre derramada por quienes profanan el nombre de Dios recorriendo caminos de destrucción».

Testimonios compartidos

Antes de la oración, el párroco de la iglesia de la Anunciación de Mosul, Rail Kallo, ha compartido con los presentes que volvió hace tres años a la ciudad, después de que fuera liberada y cómo ha reconstruido el templo, destrozado por los yihadistas. «Mis hermanos musulmanes me han acogido con amor», ha recalcado. Además, ha destacado que de las 500 familias cristianas que había en su parroquia, ahora solo hay 70. «Tienen miedo de volver», pero «es importante que vuelvan».

Ante esto, Francisco ha destacado que la disminución de los cristianos en Oriente Medio «es un daño incalculable, no solo para las personas y las comunidades afectadas, sino para la misma sociedad que dejan atrás». Sobre la experiencia de acogida compartida con los musulmanes, el Santo Padre ha recogido que «el Espíritu hace florecer en el desierto y es posible esperar en la reconciliación y en una nueva vida».

Gutayba Aagha, musulmán sunita, también ha hablado de la convivencia entre cristianos y musulmanes en la ciudad, que está ayudando a la comunidad a «recuperarse de las heridas», y ha invitado a los cristianos a volver a su casa. «Usted nos ha recordado que la verdadera identidad de esta ciudad es la convivencia armoniosa entre personas de orígenes y culturas diversas», ha contestado el Papa. Por eso, «acojo con agrado su invitación a la comunidad cristiana a regresar a Mosul y a asumir el papel vital que le es propio en el proceso de sanación y renovación».

«Queremos una voz profética para ayudar a este pueblo que sufre y que soporta el peso de la violencia, la injusticia y la desigualdad social», ha apostillado el arzobispo de Mosul, Najeeb Michaeel. Con la esperanza de que «las buenas semillas comienzan a brotar entre los jóvenes y las personas de buena voluntad», el arzobispo ha clamado que «juntos decimos no al fundamentalismo, no al sectarismo y no a la corrupción».

«Nosotros, hijos de iglesias, mezquitas y mausoleos, somos hermanos en la humanidad, con un solo corazón y una sola voluntad», ha concluido, ejemplo tácito de lo que el Papa pide con Fratelli tutti.