La fe, «un factor protector» ante los efectos psicológicos del volcán de La Palma - Alfa y Omega

La fe, «un factor protector» ante los efectos psicológicos del volcán de La Palma

Carmen Linares, decana del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife afirma que muchas personas demandan atención religiosa en estos momentos y reivindica la presencia de los psicólogos en los planes de emergencia, no contemplados en este caso

Fran Otero
Dos vecinas de Todoque, afectadas por el volcán de La Palma, se abrazan. Foto: Ignacio Gil

Se han cumplido ya dos semanas desde que el volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, entrara en erupción. 15 días de miedo, incertidumbre, de tristeza y de pérdidas. Situaciones que deben ser acompañadas psicológicamente para evitar males mayores en el futuro. Es lo que está haciendo un nutrido grupo de psicólogos que se ha trasladado hasta la isla bonita para ofrecer sus servicios a los vecinos.

Entre ellos se encuentra Carmen Linares, la decana del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife, que coge el teléfono a Alfa y Omega en una pausa. Nos explica que en estos momentos atienden en tres lugares: Los Llanos, El Paso y Fuencaliente: «Aprovechamos los puntos a los que se tienen que acercar los afectados a por comida o ropa para ofrecerles acompañamiento. Es un momento delicado, pues para la gran mayoría es la primera vez en la vida que tienen que pedir algo».

En la última semana han puesto en funcionamiento un dispositivo telefónico para las personas que no se pueden desplazar a los puntos de encuentro y a través del que están disponibles 60 psicólogos voluntarios. Hacen seguimiento a casos o llaman a personas mayores para comprobar que están bien o para ayudarles con los sentimientos que generan una situación como esta.

Según explica, se están encontrando dos grupos de personas: los que viven en la incertidumbre, esto es, no saben qué va a pasar con sus casas o no pueden volver a ellas porque están incomunicadas, y los que están en pleno proceso de duelo porque lo han perdido todo. Estas últimas, continúa, «han pasado de la ira a la rabia, la negación y el dolor más profundo».

«Les va a costar. Tenemos casos de personas que ya lo habían perdido todo con incendios, personas que acababan de firmar una hipoteca, se han quedado sin casa y les quedan 25 años de cuotas… Estamos empezando a ver situaciones muy complicadas, incluso con ideación suicida. Esto nos preocupa, porque, cuando aparece, quiere decir que el sufrimiento es tan grande que la persona es incapaz de afrontarlo», añade.

El volcán no para

Linares advierte de que la catástrofe provocada por el volcán es especialmente dura en comparación con otras: «En una riada lo puedes perder todo. Pero se acaba y puedes empezar de cero. Aquí no puedes hacer nada porque el volcán no para». En este sentido, apunta que las consecuencias de la erupción ya están causando inconvenientes a personas no directamente afectadas y a los negocios. Mucha gente, detalla, ya está manifestando «ansiedad, problemas para dormir, para concentrarse, para comer…». «Esto no solo afecta a los que han perdido la vivienda, sino a la normalidad de la isla», agrega.

Su trabajo consiste en explicar a las personas que están sufriendo esta situación que lo que están sintiendo es normal: «Esto les ayuda muchísimo y evita que el duelo se convierta en patológico, por tanto, en más complicado de resolver».

Que los afectados se sobrepongan a esta tragedia va a depender de lo que ella llama «factores protectores», así como de las experiencia previa de la persona. Entre estos, afirma, se encuentran las creencias, que «ayudan a que la persona salga adelante, pues tiene algo a lo que agarrarse». De hecho, confiesa que muchas les han mostrado la necesidad de acudir a un templo para rezar o de hablar con un sacerdote.

Minimizar el impacto

En cualquier caso, la psicóloga recuerda que la intervención que están llevando a cabo es de «emergencia y puntual», con el objetivo de «minimizar el impacto de estos sucesos y no se conviertan en un problema el día de mañana».

Quizás por eso no entiende que la atención psicológica no se haya contemplado en los planes de emergencia, cuando su sola presencia ha demostrado cuán necesaria es. «Tener a las personas y a las familias atendidas supone que los otros actores en la tragedia pueden hacer mejor su trabajo. Además, con nuestra labor evitamos que toda esta situación derive en un trastorno postraumático y, por tanto, ahorramos a la sociedad que se cronifique una situación», defiende.