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«La familia tiene carta de ciudadanía divina»

El Papa se encontró la noche del sábado con cerca de 20.000 personas en el parque Franklin de Filadelfia para celebrar la vigilia de oración de la Fiesta de las Familias. A los presentes recordó que «Dios dio a su pueblo la muestra de amor más grande: su hijo. Y ¿dónde lo mandó? ¿A un palacio, a una ciudad, a hacer empresa? No. Lo mandó a una familia. ¡Dios entró al mundo en una familia! ». También recordó que «la familia tiene carta de ciudadanía divina» y es, pese a las dificultades, «una fábrica de esperanza»

Redacción

El Papa se encontró la noche del sábado con cerca de 20.000 personas en el parque Franklin de Filadelfia para celebrar la vigilia de oración de la Fiesta de las Familias. A los presentes recordó que «Dios dio a su pueblo la muestra de amor más grande: su hijo. Y ¿dónde lo mandó? ¿A un palacio, a una ciudad, a hacer empresa? No. Lo mandó a una familia. ¡Dios entró al mundo en una familia! ». También recordó que «la familia tiene carta de ciudadanía divina» y es, pese a las dificultades, «una fábrica de esperanza»

Cerca de 20.000 personas se reunieron la noche del sábado en el parque Benjamin Franklin de Filadelfia para participar en la vigilia de oración de la Fiesta de las Familias con el Papa Francisco. Acompañaron al Pontífice rostros conocidos como el actor Mark Wahlberg, que ejerció como de maestro de ceremonias, y artistas de la talla de Aretha Franklin, Juanes, Andrea Bocelli o la Orquesta de Filadelfia.

El Papa elaboró un discurso improvisado en el que habló de la importancia de la familia en el plan de Dios. «Una sociedad crece fuerte, buena, hermosa y verdadera si se edifica sobre la base de la familia», dijo a los presentes. El Pontífice estuvo arropado por varias familias de todo el mundo que contaron su testimonio: dos novios, un matrimonio de ancianos, una mujer con dos hijos (uno de ellos afectado por parálisis cerebral), una familia jordana, y una familia numerosa africana.

«Dios dio a su pueblo la muestra de amor más grande: su hijo. Y ¿dónde lo mandó? ¿A un palacio, a una ciudad, a hacer empresa? No. Lo mandó a una familia. ¡Dios entró al mundo en una familia!», exclamó. «Dios siempre golpea las puertas de los corazones. Le gusta hacerlo. Le sale de adentro. Pero ¿saben qué es lo que más le gusta? ¡Golpear las puertas de las familias! Encontrar las familias, unidas, que se quieren, que hacen crecer a sus hijos y los educan, y los llevan adelante, y que crean una sociedad de bondad, de verdad y de belleza». El Papa afirmó que «la familia tiene carta de ciudadanía divina» y es, pese a las dificultades, «una fábrica de esperanza». Dificultades que se superan, recalcó, con amor, pues «el odio no supera ninguna dificultad. Solo el amor es capaz de superar esa dificultad. El amor es fiesta, gozo y seguir adelante».

El Pontífice también hizo alusión a la guerra: «La guerra. El amor, la belleza y la verdad de Dios, y la destrucción de la guerra. Y entre esas dos posiciones, caminamos nosotros hoy. Nos toca a nosotros elegir, decidir el camino para andar».

Para terminar, habló de la importancia del cuidado de los niños y los abuelos. «Los niños y los jóvenes son el futuro, son la fuerza, los que llevan adelante, son aquellos en los que ponemos esperanza. Los abuelos son la memoria de la familia, son los que nos dieron la fe, nos transmitieron la fe», y animó a cuidar de ambos, porque «un pueblo que no sabe cuidar a los niños y que no sabe cuidar a los abuelos, es un pueblo sin futuro, porque no tiene la fuerza ni la memoria que lo lleve adelante».

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