La familia salesiana reflexionará durante un año sobre cómo lograr una vida más sostenible

En el Día Mundial del Medio Ambiente, Don Bosco Green Alliance lanza su campaña Rethink. Reconnect. Renew. El objetivo es que, después del parón de la pandemia, no se retomen sin más estilos, costumbres y actitudes que no son sostenibles ambientalmente

María Martínez López

En el Día Mundial del Medio Ambiente, Don Bosco Green Alliance lanza su campaña Rethink. Reconnect. Renew. El objetivo es que, después del parón de la pandemia, no se retomen sin más estilos, costumbres y actitudes que no son sostenibles ambientalmente

La pandemia de coronavirus, junto a sus consecuencias dramáticas a nivel sanitario y económico, ha sido un respiropara el medio ambiente, con la reducción de las emisiones de CO2 y de la contaminación del aire y del agua. Sin embargo, existe el «peligro de que estos sistemas vuelvan a comenzar con toda potencia de la maquinaria económica, ansiosa por compensar el tiempo y los beneficios perdidos».

Dejar que eso ocurra sería «dejar escapar una oportunidad maravillosa de preparar el camino para un futuro mejor». Para que no sea así, la Alianza Verde Don Bosco lanza este viernes, en el Día Mundial del Medio Ambiente, la campaña Rethink. Reconnect. Renew, a la que se suman entidades como Misiones Salesianas y Jóvenes y Desarrollo. Esta iniciativa pretende promover durante un año el debate y la formación sobre «cómo podemos repensar nuestros estilos de vida actuales, reconectar con nuestra humanidad, dedicar más tiempo a la naturaleza y construir un mundo que se preocupa no solo por las personas sino por toda la vida».

La labor de reflexión a la que se invita a todos los miembros de la familia salesiana y, a través de ellos, a otras muchas otras personas e instituciones, tiene cuatro objetivos principales: reducir el consumismo, así como nuestra dependencia de la tecnología y las comodidades materiales «que llevan a un estilo de vida insostenible», repensar cómo queremos que sea el futuro y reconectar con valores humanos como la amabilidad, la compasión y el compartir comunitario.

Para ello, se proponen diversas medidas para lograr un consumo más ético, rechazando por ejemplo los plásticos de un solo uso o la compra compulsiva de ropa; para reducir la dependencia de los bienes materiales (hacer un día de desintoxicación tecnológica a la semana, reunirse más con los seres queridos en torno a comidas sencillas), para practicar una espiritualidad ambiental y para formar comunidades locales centradas en cuestiones ambientales.

4.600 árboles en Mongolia

El apoyo a esta campaña es solo una manifestación más del compromiso de Misiones Salesianas con la sostenibilidad. Como explica su director, José Antonio San Martín, este compromiso se manifiesta de dos formas: aquí y en los países en desarrollo. En nuestro país, «hemos mejorado nuestras instalaciones para hacerlas menos agresivas con el planeta» mediante la instalación de placas solares.

Además, en la promoción del desarrollo, que es su principal tarea, «apoyamos proyectos de desarrollo sostenible en todo el mundo y acciones que ayuden a reducir nuestra huella y mejoren la vida del planeta».

Un ejemplo de estas actividades son los más de 4.600 árboles que los misioneros salesianos de Darkhan (Mongolia) plantaron hace unos días en el marco de la Semana Laudato si. El padre Simon Lee, superior de la comunidad, explica que esta proyecto nació como alternativa a la labor pastoral en la parroquia, el oratorio y el centro de enseñanza, interrumpida a causa de la pandemia. Para ponerlo en marcha, han contado con la ayuda de los colaboradores laicos.

«Cuando llegué a Mongolia como un chico de ciudad», explica el salesiano, originario de Corea del Sur, «empecé a aprender muchas cosas necesarias». Entre sus prioridades, además de ayudar a los jóvenes en necesidad, se encontraba «contribuir al ecosistema mongol. Este país tiene una superficie enorme y muy poca población, así que esta misión me está enseñando cómo vivir en la madre Tierra».

De hecho, apunta a que «si tuviéramos más dinero para comprar las semillas, plantaríamos muchos más árboles» para contribuir a la fijación de dióxido de carbono y la lucha contra el efecto invernadero. Para ello, también necesitan más tierra, si bien no descarta buscar otras comunidades a las que ofrecer los retoños.

Una fuente de energía estable

Otra apuesta de Misiones Salesianas es apoyar la instalación de placas solares en muchos centros educativos en África, América y Asia. Una reforma que, además de contribuir a la sostenibilidad evitando la dependencia de generadores y el consumo de combustibles fósiles, facilita mucho la labor de los salesianos que trabajan en ellos.

En el Centro de Formación Profesional Padre Bartolomé Ambrosio de Guatemala, por ejemplo, el gasto en electricidad de la maquinaria de carpintería, soldadura y tornero fresador era enorme, lo que limitaba la capacidad de la congregación de asumir otros gastos ordinarios.

En otras ocasiones, el problema son los continuos cortes del suministro eléctrico, que obstaculizan la enseñanza. Así ocurría en el Instituto Salesiano de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), que cada año capacita a más de 300 jóvenes. La instalación de paneles solares ha hecho mucho más fácil esta tarea.

María Martínez López