Los canutazos de los martes en Castel Gandolfo se han convertido en uno de los focos informativos para quienes cubren la información vaticana. Este martes tenía un interés especial entre los vaticanistas, privados de la tradicional comparecencia del pontífice en el avión de vuelta a Roma.
Dialogar y escuchar, no criticar e insultar
En esa coyuntura es importante prestar atención a las palabras del Papa al ser preguntado sobre qué esperar de la clase política española. León XIV hacía una invitación al diálogo, a escucharnos unos a otros, a no siempre estar criticando, insultando a la oposición sin llegar a acuerdos para el bien común.
La tentación ante estas palabras es pensar que no tienen nada que ver con nosotros, que es cosa de los políticos… En realidad, lo que pasa en el mundo político es reflejo de lo que se vive en la sociedad. Salimos de casa con la lengua preparada para disparar a quien tengamos enfrente, todavía más si le vemos como parte de «la oposición».
La larga lista de «la oposición»
En ese término «la oposición» englobamos a diferentes tipos de personas, pero lo que menos nos preocupa es la persona en sí. Forma parte de esa oposición aquel de quien nos separan nuestro lugar de nacimiento, nuestras creencias, nuestras opciones políticas, nuestra orientación sexual, nuestra edad, nuestro… Podríamos seguir enumerando categorías eternamente. Lo peor es que ese número va aumentando cada día.
Pero no perdamos la esperanza de que algún día conseguiremos entendernos. Si lo hiciésemos, deberíamos asumir que hemos fracasado como humanidad y que los sentimientos animales, la falta de racionalidad, se van imponiendo en nuestro modo de contemplar al otro.
La cuestión fundamental es la dignidad humana, elemento central de las intervenciones del Santo Padre en su viaje a España. Una dignidad humana que es algo intrínseco al ser persona, pero que también condiciona nuestro ser seres racionales cuando no la respetamos. El Papa mostraba el camino: «tratar a las personas con respeto, como se merecen».
Comunión, diálogo, unidad en la diversidad
Este miércoles en su catequesis semanal abundaba en esa idea, refiriéndose a los fieles que encontró en su visita: «los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad». Algo que dice ser «el servicio propio del Sucesor de Pedro», pero que podríamos decir es la actitud necesaria en todo aquel que se dice cristiano.
El Papa hablaba de «la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial», por parte de la sociedad española. Ese fundamento lo cifra en Cristo y tiene como exigencias «la búsqueda de la verdad y la sed de justicia». Eso nos lleva a reflexionar sobre estos conceptos, que, en la mente de no pocos, han perdido validez. Se trata de aquellos que se sienten dueños de la verdad y de quienes para hablar de justicia el rasero cambia dependiendo de las circunstancias.
Una esperanza de entendernos que nace del Evangelio, pero también de personas concretas, como algunas de las que aparecían en las palabras de la catequesis del pontífice: Renzo, las víctimas de abusos, los presos, los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos, los migrantes… Es la esperanza de quienes nunca la pierden: los pequeños y los pobres. Un ejemplo que nos muestra que el camino no es engrandecerse ni querer tener más a cualquier precio.
Encuentro con espíritu de fraternidad
El Papa llamaba a «entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo». Y decía que los frutos de eso «el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador».
¿Queremos realmente asumir ese camino que nos conduce a la civilización del amor? ¿Sentimos la necesidad de entendernos? Sin duda, alzar la mirada nos ayudaría. Con ello conseguiríamos «ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud», que decía hoy el Papa en la Plaza de San Pedro. Su invitación es clara: «Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión». Hacerlo es el mejor camino para entendernos… Y mira que lo necesitamos, cada día más.