La donación de órganos y el problema de la muerte: «Hay que tener todas las precauciones»
El investigador Daniel G. Ovejero abordará la cuestión en el V Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España, de la que es miembro
Contrariamente a lo que pudiera parecer, no es tan fácil determinar el momento exacto de la muerte de una persona. Hay infinidad de circunstancias y de criterios a tener en cuenta. En el caso de los pacientes con soporte vital o ventilación mecánica, la línea que señala el umbral de la muerte se desdibuja aún más.
Si en todo ello, además, introducimos la variable de la donación de órganos, la cuestión se complica porque «el órgano tiene que tener una condiciones biológicas muy concretas para que el trasplante resulte exitoso», advierte en entrevista con Alfa y Omega el investigador del Hospital Nacional de de Parapléjicos de Toledo, Daniel G. Ovejero. «Se tiene que mantener la temperatura, la oxigenación, porque si no queda tocado».
G. Ovejero abordará la cuestión este jueves 17 de septiembre durante una ponencia en el V Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España, donde disertará acerca de El problema de la muerte.
—¿Por qué el problema de la muerte? ¿Cómo se certifica la muerte de una persona? ¿Cuáles son los criterios?
—Hay un criterio incontrovertible, que es el cese permanente de la actividad cardiorespiratoria, y tiempo transcurrido. Es decir, cuando deja de circular la sangre y dejas de tener respiración, si esperas un tiempo razonable se desencadena todo el proceso de postmortem.
El problema es que esperar un tiempo totalmente seguro —unas horas, por ejemplo— es incompatible con la donación de órganos, porque estos se tienen que mantener en unas condiciones biológicas concretas para que el transplante sea exitoso.
Así, dentro del criterio cardiorespiratorio hay otra modalidad, que es la donación en asistolia, que regula el tiempo para determinación de la muerte. La ley obliga a esperar cinco minutos. Me explico. Si tú estás en la clínica con una respiración asistida, con un soporte vital externo, pero el equipo médico, de acuerdo con la familia, decide retirar las medidas de soporte vital por considerarlas inútiles —y no caer así en obstinación terapéutica—, pues el protocolo dictamina la desconexión. A partir de ahí, hay que esperar cinco minutos. Si en ese periodo de tiempo no has recuperado espontáneamente la circulación y la respiración, pues se puede empezar la extracción de órganos.
Por último, otro criterio para determinar la muerte, y proceder a la donación de órganos, es el criterio neurológico que determina la muerte cerebral. En España para proceder con el criterio neurológico hay que hacer una serie de pruebas que demuestren que no solo hay cese del electroencefalograma —la corteza cerebral, sino también del cerebro profundo.
—Al acercarse tanto al umbral, ¿existe el riesgo de determinar la muerte de un paciente que pudiera haberse recuperado?
—El riesgo existe, o existía. Por eso ahora el diagnóstico de muerte es tan complejo y tan completo. Hay que hacerlo bien y tener todas las precauciones. Siempre hay que respetar lo que se conoce la regla del donante muerto. Es decir, tú puedes donar órganos de un paciente muerto, pero no puedes causar la muerte para donar órganos. Cuando te acercar tanto al umbral, pues tienes que afinar mucho para no cruzar esa línea que éticamente tiene muchas implicaciones. Sería una falta de respeto a la dignidad de la persona viva.
—¿Cuál es la postura de la Iglesia al respecto? ¿Cuáles son los condicionamientos éticos de ese diagnóstico de muerte?
—La Iglesia, a lo largo de los años, a través de distintos Papas y documentos, ha dado dos pautas importantes. Primero se ha pronunciado sobre la donación de órganos de manera favorable, diciendo que es un hecho de gratuidad y de caridad hacia el otro. Como segunda pauta, señala que es imprescindible que haya un consentimiento explícito y una certificación cierta de que el donante está fallecido.
—Le pregunto también acerca de posibles conflicto éticos o prácticas fraudulentas. En otros países se produce el tráfico de órganos. ¿En España hay algún protocolo para evitar esto?
—Efectivamente en el protocolo de donación se exige que, para evitar o para minimizar conflictos éticos, el equipo que determina la muerte y el que realiza el trasplante sean distintos. Esto quiere añadir una capa extra de precaución y así evitar intereses no declarados o intereses que confundan el diagnóstico.
—¿Cómo va España en la estadística de donación? ¿Somos un país de donantes?
—Sí, España es uno de los países con más donaciones de órganos. También es verdad que es uno de los países que acepta la donación de órganos en unas condiciones más permisivas. Lo que hablábamos de la donación en asistolia. Además, hemos desarrollado estructuras que optimizan, por así decirlo, la extracción de órganos.