La curiosa parroquia que tiene dos templos unidos por una pared
San Roque creció después de la Guerra Civil gracias a un párroco que marcó al barrio. Hoy «la secularización avanza a mucha velocidad», lamenta su sucesor
En Carabanchel Bajo, muy cerca del Hospital Gómez Ulla, se levanta la parroquia de San Roque, cuyo origen se remonta al mismísimo san Isidro. «Se cree que él trabajaba las tierras por aquí, y seguramente la historia de los ángeles guiando los bueyes tuviera lugar aquí mismo», relata el párroco, Juan Antonio Navarro. La devoción al santo hizo que se levantara un altar y luego una capilla que se fue ampliando hasta la construcción de una iglesia que fue resultó muy deteriorada durante la Guerra Civil.
Ese templo fue reconstruido tras la contienda, pero dado que el barrio fue creciendo en población, don Casimiro Morcillo ordenó construir una nueva a su lado. Por este motivo, San Roque es hoy la única parroquia de Madrid que tiene dos iglesias: una a la que los feligreses de toda la vida llaman la Antigua, que se quedó pequeña para el crecimiento del barrio, y otra que se levantó pared con pared en 1942, más amplia. «Es el único templo de estas características en la diócesis. Y ambas iglesias siguen abiertas, según para qué actividades», afirma Navarro.
Como curiosidad, desde que acabó la Guerra Civil, San Roque solo ha tenido tres párrocos. Navarro destaca sobre todo la figura de Antonio Varela, quien estuvo al frente de la comunidad durante 56 años. «Este hombre fue un cura como pocos, le quería todo el barrio», recuerda. «Fue de los primeros en organizar viajes a Tierra Santa, en barco, y todavía quedan allí franciscanos que se acuerdan de él», añade.
También fue pionero en crear una guardería parroquial, al constatar las necesidades que comenzaban a tener las familias en aquel tiempo. «Todavía existe, una cosa preciosa», cuenta el sacerdote. Varela ayudó también a los jóvenes al crear una escuela de oficios «para los chicos que veía en la calle sin hacer nada, para que pudieran salir adelante. Compraba lo que fuera a la gente que venía a pedirle ayuda y si no tenía dinero, lo buscaba. Ha dejado una huella imborrable», constata su sucesor al frente de San Roque. El impulso de Varela al templo no se quedó ahí, sino que, desde su relanzamiento tras la Guerra Civil, de San Roque han salido nada menos que otras seis parroquias.
Hoy Carabanchel sigue siendo un barrio de trabajadores, que en los últimos años ha recibido una gran cantidad de inmigrantes. «Son gente buenísima, muy metida en la parroquia», asegura Navarro. Sin embargo, este hecho no logra rejuvenecer una zona ya de por sí muy envejecida: «No hay niños, no vienen, es una pena», lamenta. El sacerdote lo achaca a que «la secularización está avanzando a mucha velocidad».

Aun así, la parroquia sigue viva gracias a pequeños grupos de oración que trabajan con la Palabra de Dios; a otros tantos que se dedican a visitar enfermos «y darles no solo la Comunión sino un rato de compañía, y no solo en sus casas, sino también en las residencias»; y uno muy especial que gravita en torno al tema del purgatorio. También son muy activas las comunidades neocatecumenales, que además de tener sus celebraciones «dan vida a toda la parroquia», cuenta Navarro.
En la conversación, el párroco destaca un sistema nuevo que sigue al sacramento de la Confirmación, «que nos está dando un resultado fantástico». Explica que «es una familia de la parroquia la que se encarga de recibir en su casa a siete u ocho chicos. Trabajan la formación en virtudes, los mandamientos, y luego tienen la cena juntos. Al final se crea un vínculo fantástico».
Para los más jóvenes, hace unos pocos años nació lo que llaman «pastoral de juegos», formada por catequistas que invitan a los niños del barrio a jugar a la parroquia, un rato lúdico que termina con una oración. «Todo lo que se hace con la juventud es vida», concluye Navarro.