«Nos gusta mucho nuestra parroquia y la queremos un montón»
San Fulgencio abarca un gran territorio y una amplia pastoral de actividades. El secreto es un consejo parroquial formado por laicos «muy implicados»
En el barrio de San Isidro, al norte de Carabanchel, la actividad de la parroquia de San Fulgencio y San Bernardo extiende su labor hacia lugares tan dispares como Madrid Río, los cementerios de San Isidro y de San Justo, la casa de las Misioneras de la Caridad, la ermita de san Isidro y el colegio diocesano San Bernardo. Esto hace que en su día a día se incluyan realidades muy diversas, desde los más pequeños a los difuntos, o de las monjas que atienden a los pobres a las Misas en dos templos parroquiales.
¿Cómo se puede llegar a todo? «El secreto fundamentalmente es que en la parroquia funciona un consejo de pastoral vivo», dice Pedro José Lamata, párroco del templo, a quien muchos llaman familiarmente PJ. De hecho, «la reunión con el consejo de pastoral es uno de los mejores momentos del mes, porque son todos laicos muy implicados en la parroquia, que viven mucho la pastoral. Nos gusta nuestra parroquia y la queremos un montón», testimonia.

El barrio ha experimentado varios cambios a lo largo de los años. En los 60 se fueron construyendo las viviendas, habitadas sobre todo por las familias de funcionarios de los ministerios y militares. Más tarde llegó una época en la que el barrio se fue deteriorando poco a poco, por la cercanía de la M-30, por la contaminación y porque sus calles fueron muy castigadas por la droga. Eso cambió con el soterramiento de la M-30 a principios de siglo: «De repente se convirtió en un lugar en el que apetece vivir: las casas son hoy muy demandadas, todo está todo mucho más limpio y ya se ven muchas más familias», reconoce el párroco. Así, «aunque no han cambiado los trabajos de la gente y no hay más dinero en el barrio, sí se percibe un mejor ambiente y una mayor confianza», añade.
Todo este movimiento poblacional se nota en la parroquia: «San Fulgencio, aunque no sea muy grande, sigue teniendo bastantes niños y a la Misa dedicada a ellos sigue viniendo un grupito fiel, de 30 o 40, que se están preparando para la Primera Comunión». De estos, quizá solo la mitad hace la Confirmación, pero aun así «nos alegra que hay gente que viene de otros sitios por la vida joven que tenemos». En San Fulgencio hay bastantes actividades para jóvenes, atraídos por varios grupos de revisión de vida que usan la metodología de la Acción Católica, con sus reuniones semanales de oración y formación; el segundo viernes de cada mes, toda la muchachada se reúne en el Encuentro CCC: contempla, comparte y cena. Y en verano se juntan para una peregrinación anual, como la que ha tenido lugar hace pocas semanas en Covadonga, mientras otros con inquietud vocacional viajan hasta Perú para hacer una experiencia misionera.

En este mismo sentido, la parroquia se toma en serio el discernimiento de los novios, y hay varias parejas que se están formando con el horizonte del matrimonio entendido como vocación. En cuanto al resto de la feligresía, aquí ha encajado muy bien la propuesta de la Acción Católica, con sus tres grupos de adultos habituales, que se suman a los hermanos que salen de los retiros de Emaús, organizados junto a otras parroquias del entorno. Por último, PJ valora la nutrida asistencia semanal a la lectio divina con la que se preparan las lecturas dominicales o la oración de adultos siguiendo el método del Oratorio de Niños Pequeños, «algo sorprendente y bonito».
En cuanto a la labor de caridad, debido a la evolución del barrio, el número de personas atendidas se ha reducido a menos de la mitad, pero siguen existiendo necesidades. Una experiencia que está funcionando muy bien es la atención conjunta que prestan las parroquias del arciprestazgo en las instalaciones de las Misioneras de Jesús, María y José, una labor que se visualiza especialmente en los abarrotados campamentos urbanos para niños.
Por último, Lamata destaca la revitalización de la fiesta de san Isidro a cargo de Manuel González López-Corps, que fue párroco de San Fulgencio. «Cada vez viene más gente a la verbena y a la Misa, y se puede decir que cada año suceden auténticos milagros», concluye.