La parroquia que «hace de vínculo» cuando se van los veraneantes - Alfa y Omega

La parroquia que «hace de vínculo» cuando se van los veraneantes

Santa María del Castillo, en Buitrago del Lozoya, es el templo de referencia en la «sierra pobre» de Madrid. Sus fieles tratan de combatir la soledad de los vecinos

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto: Wikimedia Commons / Carlos Delgado.

Cada fin de semana de julio, muchos madrileños cogen el coche con destino a la sierra norte en busca de una temperatura más suave que la de la capital. Una de las poblaciones de referencia en este fenómeno semanal es Buitrago del Lozoya, que en estas fechas llega a multiplicar su población hasta por diez.  

«El pueblo se llena estos meses, pero en invierno Buitrago se queda muy vacío», afirma Juan Carlos Burgos, párroco de Santa María del Castillo, el templo local. Aun así, Buitrago sigue siendo la localidad de referencia de la zona, «porque todos los pueblos de alrededor se quedan más vacíos todavía y sus habitantes tienen que venir aquí para todo, hasta para comprar en el supermercado». 

El templo hace de nexo social.

El templo hace de nexo social. Foto: Parroquia Santa María del Castillo.

Como ha pasado en toda la sierra norte, Buitrago también ha experimentado en las últimas décadas un éxodo rural, por lo que lo que abunda entre sus habitantes es la gente mayor. No ayuda a la recuperación demográfica el hecho de que la vida en general sea aquí bastante más cara que en la capital, por lo que hace tiempo que dejaron de oírse las voces de los niños, a no ser en verano. Tampoco hay muchos inmigrantes, salvo los que están de paso durante unos meses en las dos residencias de acogida temporal que tienen la Comunidad de Madrid y la Cruz Roja. 

En medio de este pueblo amurallado, que tuvo un papel destacado en la época de la Reconquista, se levanta hoy una de las iglesias más originales de la provincia. Fue muy dañada durante la Guerra Civil y reconstruida posteriormente gracias a la tenacidad de Francisco Ruiz, que fue su párroco durante 55 años. «Don Francisco creó una escuela de oficios por la que pasaron multitud de chavales de la sierra, que consiguieron trabajo gracias a ello», cuenta Burgos.  

Capilla con iconos de corte ortodoxo.

Capilla con iconos de corte ortodoxo. Foto: Parroquia Santa María del Castillo.

Gracias a la labor de aquellos jóvenes, Ruiz levantó de nuevo el templo y quiso que fuese un símbolo de diálogo interreligioso. Por este motivo, en su versión primitiva aquí había tres lugares de culto, con dos espacios —uno judío y otro musulmán— que flanqueaban la nave central, cristiana. Hoy apenas quedan restos visibles de todo eso en el edificio, que en cambio sí ha incorporado en una de sus capillas varios iconos cristianos de corte ortodoxo. Lo que pervive es una torre neomudéjar que se ha convertido en los últimos años en una auténtica atracción turística para los veraneantes, pues son muchos los que suben a ella para ver las campanas y disfrutar de las vistas de las montañas desde lo alto. 

En lo pastoral, Santa María del Castillo ha estado siempre marcada por el acento social que le imprimió su primer sacerdote. Esta línea de trabajo la continúa hoy la Cáritas parroquial, algo muy necesario «porque esta parte de la sierra de Madrid sigue estando muy castigada», hasta el punto de que popularmente se la llama «la sierra pobre». En este mismo sentido, el párroco destaca la labor de los visitadores de personas mayores y enfermas, «porque hay mucha gente mayor, con historias de soledad muy marcadas». 

El belén viviente de Buitrago del Lozoya tiene repercusión nacional.
El belén viviente de Buitrago del Lozoya tiene repercusión nacional. Foto: Parroquia Santa María del Castillo.

De alguna manera, Santa María del Castillo «hace una labor de vínculo entre los vecinos». No solo es la única iglesia de esta parte de la sierra que mantiene la Misa diaria, sino que sus locales acogen también actividades como costura o baile, que sirven para hacer vida social y evitar que la gente se quede en casa, sobre todo en los fríos inviernos. 

En cuanto a la catequesis, hasta la fecha la comunidad de Buitrago del Lozoya venía formando a todos los niños de la zona. «Por un lado eso está bien, porque creas grupo, pero por otro hacemos un flaco favor a sus parroquias de origen», confiesa el cura. Por eso, todos los sacerdotes del entorno se están poniendo de acuerdo para que los niños reciban la formación en sus propios pueblos.

Precisamente esta visión de comunión entre los presbíteros es otro de los desafíos de la Iglesia en esta zona. «Ser cura de pueblo no tiene nada que ver con ser cura en Madrid —afirma Juan Carlos Burgos—. Con tanta distancia entre unos y otros, necesitamos apoyarnos y ser capaces de generar vínculos entre nosotros».