La asamblea desde Pakayacu

«El Papa ya ha dejado claro que no hay fundamento para la ordenación de mujeres diaconisas. Pero planteamos conferir de alguna forma oficial a las consagradas ministerios que ya realizan», explica monseñor Rafael Cob, miembro del equipo que ha preparado el instrumentum laboris

María Martínez López
Monseñor Cob, obispo de Puyo (Ecuador), con dos indígenas, de una comunidad rural. Foto: Rafael Cob

El español Rafael Cob, obispo del vicariato apostólico de Puyo (Ecuador) y miembro del equipo que ha preparado el instrumentum laboris del Sínodo de los obispos, atiende a Alfa y Omega entre dos visitas pastorales en pleno Amazonas: a Pakayacu y Sarayacu la semana pasada, y esta a Montalvo Boveras. Lugares de población indígena, a los que solo se accede en barca, y a los que «yo como obispo voy una vez al año, para administrar los sacramentos. Un sacerdote celebra la Eucaristía cada tres o seis meses. Cuando esto ocurre, viene la gente de las comunidades cercanas (los que están a una hora a pie o dos en canoa) y pasan varios días juntos, conviviendo».

El resto del tiempo son religiosas o catequistas laicos los que dirigen la celebración de la Palabra, distribuyen las formas consagradas, bautizan, presiden los matrimonios y administran las parroquias. También realizan un importante ministerio de consolación ante el duelo.

Toda esta labor será uno de los puntos clave de debate del Sínodo. «El Papa ya ha dejado claro que no hay fundamento para ordenar mujeres diaconisas –aclara Cob–. Pero eso otro ya está ocurriendo. Lo que planteamos es conferirles de alguna forma oficial [a las consagradas] esos ministerios» que ya realizan, así como profundizar en los que pueden encargarse a los laicos. En definitiva, «potenciar la Iglesia ministerial».

Un proceso que debe ir acompañado –reconoce también– de una reflexión sobre «las causas por las cuales no hay todavía suficiente número de sacerdotes nativos en estas regiones y cuál sería la forma de preparar sacerdotes para esta realidad». «La cosmovisión de las comunidades indígenas es diferente de la occidental. Y el desafío de tener sacerdotes propios», que conozcan la cultura a la que predican, «se hace muy difícil por los compromisos que la Iglesia pide a todo sacerdote».

Aplicaciones globales

Originario de Burgos, el vicario apostólico de Puyo es consciente de que el problema de la falta de sacerdotes y cómo algunos se tienen que multiplicar para atender a muchas comunidades empieza a resonar en su terruñoespañol. Y lamenta que «en la realidad española quizá no se esté dando importancia a la ayuda que suponen los ministerios de los laicos. En las iglesias latinoamericanas están tomando cada vez más fuerza. Creo que es una de las vetas que tenemos que desarrollar».

No en vano, el Sínodo de obispos sobre el Amazonas es una convocatoria para la Iglesia universal y «tiene una dimensión global. El Papa al convocarlo habló de “nuevos caminos para la Iglesia”, no solo para la local». Y, aunque «el Papa nos ha insistido mucho en que no nos salgamos de este foco, para promover el crecimiento de una Iglesia con rostro amazónico», algunos de sus planteamientos pueden aplicarse a «situaciones similares en otras regiones del mundo

Rito penitencial con plantas

Las visitas de monseñor Cob también ilustran cómo vive la Iglesia amazónica la inculturación tan presente en el instrumentum laboris. Él, por ejemplo, insiste en que los jóvenes se confirmen con sus atuendos típicos, y reconoce el valor de algunos rituales. Estos días ha participado en la kamachina: de madrugada, la gente cuenta lo que ha soñado y los mayores dan consejos a los jóvenes «a modo de corrección fraterna. Los pueblos indígenas tienen unos valores muy importantes».

El intercambio cultural llega también a la liturgia con gestos como, dentro del acto penitencial de la Misa, frotarse el cuerpo con plantas como signo de purificación. «Saben muy bien que hay partes de su cultura que se identifican con partes de la nuestra –explica el vicario apostólico de Puyo–. La Iglesia les ofrece elementos de una cultura universal. Y ellos aceptan todo lo que desarrollamos en la liturgia. Pero, además, tienen otros signos que se pueden añadir y que son más comprensibles para su forma de pensar».

Con todo, junto a la inculturación, monseñor Cob defiende que debe darse la «interculturalidad, un diálogo para que nosotros podamos aprender la sabiduría de esas culturas –no son solo un museo, sino culturas vivas que nos enseñan cada día–, pero también ellas puedan contemplar la belleza de otras». Desgraciadamente, no es así como se produce el contacto con la cultura occidental. «Muchos jóvenes salen a la ciudad y empiezan a copiar las costumbres que ven y tienen vergüenza de las suyas y de hablar en su idioma. Se aculturan».

«Esto es un gran desafío» que se quiere llevar al Sínodo, continúa. Pero que también exige iniciativas en cada diócesis, para «ver cómo acompañarlos. En Puyo tenemos una casa de acogida para niños abandonados y otra para transeúntes indígenas. También, en el ámbito de la misión urbana, nos estamos planteando por ejemplo darles formación o celebrar la Eucaristía en su idioma».

¿Cuál es la importancia del Sínodo para la Amazonía para el resto del mundo y de la Iglesia?

Creo que ciertamente el Sínodo para la Amazonía tiene una dimensión global, no es solamente a nivel de la región de la Amazonía, sino a nivel universal, para todo el mundo y toda la Iglesia. El mismo título del Sínodo nos lo da ya, en cierta manera, cuando el Papa al convocarlo dice, nuevos caminos para la Iglesia, no solamente para la Iglesia local, de la Amazonía, sino también para la Iglesia universal. Esto es también muy importante a la hora de pensar en situaciones en que tanto en la Amazonía, como en otras regiones del mundo, pueden ser similares.

La segunda parte del título del Sínodo, para una ecología integral, esto todos lo entendemos, dada la realidad que vive hoy nuestro planeta, el cuidado de la casa común, como dice el Papa Francisco, es para todos. Por eso, el Sínodo, al tratar esta segunda parte importante, implica a todo el mundo, no solamente a la Iglesia, incluso a la sociedad civil. Porque tanto el cambio de clima, que es un problema global, como el agua, que es un elemento vital para vivir para toda persona humana. Igualmente, la pérdida de la biodiversidad en el mundo, especialmente en las zonas donde más diversidad hay, como es la Amazonía, plantea verdaderamente una reflexión seria y profunda que tiene dimensiones para todo el Planeta, globales.

En esos nuevos caminos para la Iglesia, ¿qué es lo que la Iglesia de la Amazonía puede aportar, inclusive enseñar?

Bueno, yo creo que bastante puede aportar, ya que la realidad de vida de la Iglesia en la Amazonía es ciertamente diferente a la realidad que puede vivir el continente europeo u otros continentes. También en otros continentes, como Asia o África, pueden darse situaciones similares. Entre estas situaciones, sabemos que ciertamente la presencia de lo esencial en la vida cristiana de nuestra Iglesia católica es la Eucaristía, y sabemos que la escasez de sacerdotes o misioneros, que puedan atender y llevar la Buena Noticia del Evangelio a estos pueblos, es minoritaria.

Por eso, se impone el que podamos preparar nuevos sacerdotes, de nuevas generaciones nativas de estas tierras, en perspectiva a como poder entender a la realidad de su pueblo. Eso lleva consigo revisar minuciosamente cual son las causas por las cuales no hay todavía suficiente número de sacerdotes nativos en estas regiones, o igualmente, cual sería la forma de poder preparar sacerdotes para esta realidad.

Llevando esa realidad para España, en muchas diócesis, sobre todo en las zonas rurales, eso de tener Misa todos los domingos ya es algo que forma parte del pasado. ¿El Sínodo para la Amazonía podría orientar para encontrar nuevos caminos para esas nuevas realidades que se presentan hoy en España?

Pienso que sí, porque por ejemplo, nosotros tenemos en la realidad amazónica los ministerios de los laicos, que para la Iglesia son una ayuda muy importante, que quizás no están dando en la realidad española, en la parte rural, quizás es muy mínima. Sin embargo, el protagonismo de los laicos en las Iglesias latinoamericanas está tomando cada vez día más fuerza. Creo que es una de las vetas, por decirlo así, que tenemos que desarrollar para hacer una Iglesia, como ya se ha dicho, más ministerial.

No solamente me refiero al ministerio diríamos de la liturgia, en la que los laicos puedan ser protagonistas también, como ministros de la Palabra, ministros de la Eucaristía, sino también otros ministerios en el sentido más amplio de la palabra, que en sí mismo tomó la Iglesia primitiva, por ejemplo los diáconos, que fueron creados para el ministerio de la caridad. Es otra rama importante, que debemos también profundizar en ver ese ministerio que nace de la vocación cristiana, pero de la vocación bautismal, de toda manera que todo cristiano sabemos que estamos llamados para servir.

Ese servicio en la Iglesia puede ser de diferentes maneras, y por lo tanto desde diferentes ministerios, tanto para la cuestión litúrgica, que ahora parece que es lo que más predomina, y no debiera ser así, sino que hay otros muchos ministerios, por ejemplo el ministerio de la consolación, el ministerio de otros sacramentos que la Iglesia tiene, el de la caridad especialmente, donde los laicos pueden hacer una tarea importantísima de cara a atender a tanta gente que sufre, a tanta gente necesitada. Esto creo que hay que desarrollarlo mucho más.

Los pueblos indígenas han conseguido establecer una relación armónica con la naturaleza, hacer realidad el llamado desarrollo sostenible. ¿Cómo los pueblos indígenas pueden ayudar en esos nuevos caminos para una ecología integral, para el cuidado de la casa común?

Como decía el Papa, estos pueblos ancestrales, originarios, tienen una sabiduría muy importante que todavía no acabamos de aprender. Toda su cosmovisión en relación a la vida, a la naturaleza en la que viven. Igualmente todo ese pensamiento en relación al más allá, a la trascendencia, al espíritu, la dimensión espiritual humana. Ciertamente, como decía el Papa, hay otra formas de dar sentido a la vida, diferentes quizás de una cultura occidental, donde lo que prima no es precisamente los valores que estos pueblos tienen.

El saber vivir en la austeridad, el saber buscar la felicidad de la filosofía del tener, el saber compartir y vivir mejor la fraternidad en su misma forma y organización que los pueblos tienen, de preocuparse unos de otros, de preocuparse del sentido comunitario, que eso quizás en otras culturas, como la de Europa, donde predomina el individualismo, donde predomina quizás la codicia, la ambición, choca con estas culturas. Yo creo que ahí nos enseñan mucho a la hora de vivir el Evangelio, los valores que Jesús nos ha dejado y nos enseñado con su propia vida. Inclusive creo que pueden enseñar mucho las comunidades indígenas y estos pueblos ancestrales a nivel universal de la Iglesia.

Usted forma parte del consejo presinodal, que se encontró con el Papa Francisco el año pasado y este año se va a encontrar nuevamente. ¿Cómo percibe que está el Papa Francisco ante el Sínodo para la Amazonía?

Creo que como mucha gente, que está ante el Sínodo para la Amazonía con mucha esperanza, y ciertamente el Papa también. Veo al Papa Francisco que confía que este Sínodo para la Amazonía podía traer a la Iglesia nuevas fuerzas para renovarse y emprender, como él mismo decía, nuevos caminos. En ese sentido, hemos caminado, y en esta primera parte presinodal, donde hemos tenido un tiempo de consulta a través del documento preparatorio, que se elaboró en el primer encuentro, nos ha ayudado mucho, y pienso que nos ayudará más ahora después de la síntesis de los aportes de los pueblos amazónicos, tanto indígenas como campesinos. Creo que va a ser muy rico para poder seguir trabajando. En este segundo momento, que será en el mes de mayo, habrá un avance mayor para desembocar en el propio Sínodo que se celebrará en octubre.

María Martínez/Luis Miguel Modino