Las vacaciones no son evadirse, «como si la vida cotidiana fuera una prisión», advierte el Papa
Antes de celebrar Misa en el puerto de Rímini, León XIV ha acudido a la catedral y ha saludado una por una a decenas de personas discapacitadas, ancianas, enfermas y vulnerables
Cuando se estaba preparando la visita del Papa a la diócesis de Rímini, tras su participación en el Meeting de Comunión y Liberación, el obispo, Nicoló Anselmi, sugirió al Vaticano que el Papa pudiera detenerse unos minutos en la catedral. Quería preparar un encuentro, aunque fuera breve, entre el Papa y los enfermos, los discapacitados, los encarcelados, los ancianos y las personas pobres de la diócesis.
Aquí estáis en casa
El obispo se empeñó y, finalmente, se pudo hacer un hueco en la apretada agenda de León XIV en esta ciudad costera. Así, en el templo, decenas de estas personas vulnerables, junto a sus familias, han esperado al Papa con gran emoción. El obispo ha dedicado unas palabras de agradecimiento a León XIV por la visita a su diócesis. Después, el Papa ha pronunciado un breve discurso: «Esta es la catedral de Rímini y aquí estáis en casa. Sí, porque el Señor Jesús, al encontrarse con los enfermos, los discapacitados y los pobres, los acogía y los colocaba en el centro para sanarlos y para devolverles una vida digna».
En este caso, más elocuentes que cualquier frase o declaración han sido los abrazos, los besos y las bendiciones. El Papa ha saludado uno por uno a los asistentes. Muchos, como los ancianos o los discpacitados, estaban en silla de ruedas. León XIV se ha inclinado hacia todos y cada uno de ellos y les ha saludado, bendecido y escuchado. Ha sido el momento más conmovedor de la jornada.
Acoger, liberar, perdonar
Después, se ha dirigido al puerto de Rímini, en papamóvil, donde le esperaban miles de fieles. El Pontífice ha presidido la Misa al caer la tarde, en primera línea de playa, en el mismo lugar donde la celebró 44 años antes Juan Pablo II. En su homilía, León XIV ha subrayado que en la Iglesia «la autoridad es servicio». Quienes ejercen la autoridad también tienen el deber que cualquier otro bautizado, es decir, «abrazar, reunir, acoger, liberar, perdonar, emancipar a quien está prisionero el pecado y de sus consecuencias, haciéndoles administradores rectos y sabios de los bienes que Dios nos confía para que todo abunde, en la caridad, en bien de todos».
De esta forma, el Papa ha insistido en que todo lo que «somos y tenemos es regalo de Dios», que nos llama a amar «con un corazón similar al suyo».
Como Rímini es destino vacacional, ha hablado además de acogida. Ha invitado a los riminenses a ser siempre acogedores, tanto con los turistas como con los que buscan refugio lejos de su propia tierra. Rímini es una diócesis que alberga multitud de nacionalidades de personas que trabajan, sin ir más lejos, en el turismo.
El Papa también ha advertido de que algunas formas de entretenerse dejan vacío en el corazón. «Hay quien lo llama “evasión”, como si la vida cotidiana fuera una prisión de la que huir», ha dicho el Pontífice. Por el contrario, ha señalado que el lugar para descansar, encontrar a Dios y encontrarnos, «no está fuera, en el caos, sino dentro de nosotros, en lo profundo del alma».