La alegría de vivir la fe en libertad

Colaborador

«He comenzado una vida nueva sirviendo al Señor». Lo contaba el domingo, a los seminaristas de Córdoba, el padre Petros, recién ordenado sacerdote en la probada Iglesia en Iraq.

La diócesis cordobesa acogió a un grupo de peregrinos iraquíes, del 11 al 15 de agosto: doce estudiantes del Seminario Siro-Católico de San Efrén, en Mosul, acompañados por su arzobispo, monseñor Yohanna Petros Mouche, junto con el arzobispo emérito y referente de la Iglesia en Iraq, monseñor Georges Casmoussa, y dos sacerdotes de la diócesis, ambos también iraquíes.

Durante los Días en las Diócesis, seminaristas de Córdoba e Iraq han compartido ratos de oración y la celebración de la Eucaristía. Después, cada uno ofrecía a los demás su testimonio de fe, en inglés, como buenamente podía…

«Ha sido un enriquiecimiento para nuestra propia vocación… Rezaremos mucho por vosotros», les dijo Florencio, seminarista cordobés. En nombre de los iraquíes, monseñor Casmousussa animó a mantener el contacto entre ambos Seminarios, y los invitó a visitar su país.

No ha pasado desapercibida la presencia de los iraquíes en la ciudad andaluza. En un par de días, se han hecho famosos por su alegría. En esta JMJ, pueden vivir libremente su fe, junto a otros muchos jóvenes, y lo demuestran abiertamente, bailando por las calles y cantando en siríaco y en árabe.

En la Vigilia eucarística, celebrada el domingo por la noche, en el estadio de El Fontanal, monseñor Casmoussa llamó la atención sobre cómo el Libro del Apocalipsis revela la persecución a la Iglesia en todos los tiempos. Ahora la sufren intensamente los cristianos en Iraq. Muchos han sido asesinados o secuestrados, y todos son tratados como ciudadanos de segunda clase.

«Sálvanos, Señor, porque estamos cansados y no podemos continuar así por mucho tiempo», dijo monseñor Casmoussa, en su oración final.

Jorge Fernández