Justicia y perdón, justicia y gracia - Alfa y Omega

Justicia y perdón, justicia y gracia

Papa Benedicto XVI

Al culminar la Guerra Fría, cuando el mundo estaba todavía negociando pactos con la amenaza que constituía la existencia y la proliferación de armas de destrucción masiva, el Papa Juan XXIII escribió lo que ha sido definido como «una carta abierta al mundo». Era un llamamiento muy sentido de un gran pastor, cercano al final de la propia vida, para que la causa de la paz y de la justicia fuese promovida con vigor en cada uno de los sectores de la sociedad, a nivel nacional e internacional.

Mientras el escenario político global ha cambiado notablemente durante el medio siglo que ha pasado desde entonces, la visión propuesta por el Beato Juan XXIII tiene todavía mucho que enseñarnos, mientras luchamos por afrontar los nuevos desafíos en favor de la paz y de la justicia, en la era de la postguerra fría, mientras sigue la continua proliferación de armamentos.

Efectivamente, no habrá paz entre los hombres si no hay paz en cada uno de ellos, es decir, si cada uno no instaura en sí mismo el orden querido por Dios. Paz y justicia son frutos del orden justo que está inscrito en la misma Creación, inscrito en el corazón humano, y, por tanto, es accesible a todas las personas de buena voluntad, a todos los peregrinos de verdad y de paz. La encíclica Pacem in terris, del Papa Juan XXIII, era y es una fuerte invitación a comprometernos en aquel diálogo creativo entre la Iglesia y el mundo, entre creyentes y no creyentes, que el Concilio Vaticano II se propuso promover.

Ofrece una visión profundamente cristiana del lugar que ocupa el hombre en el universo, en la segura confianza de que, actuando así, propone un mensaje de esperanza a un mundo que tiene hambre de ella, un mensaje que puede resonar entre las personas de todo credo y de ningún credo, ya que su verdad es accesible a todos.

En este espíritu, después de que los ataques terroristas sacudieron al mundo en septiembre de 2001, el Beato Juan Pablo II reiteró que «no hay paz sin justicia; no hay justicia sin perdón». El concepto de perdón debe insertarse en el debate internacional sobre resolución de conflictos, con el fin de transformar el lenguaje estéril de la recíproca recriminación, que no lleva a ninguna parte. Es la combinación de justicia y perdón, de justicia y gracia, la que está en el centro de la respuesta divina al pecado humano; en otras palabras, en el centro del «orden establecido por Dios».

Los errores históricos y las injusticias pueden ser superados únicamente si los hombres y las mujeres están inspirados por un mensaje de curación y de esperanza, un mensaje que ofrece una vía para seguir adelante, para salir del impass que a menudo aprisiona a las personas y a las naciones en un círculo vicioso de violencia.

Animémonos, pues, mientras luchamos por la paz y la justicia en el mundo actual, confiados en que nuestra búsqueda común del orden establecido por Dios, de un mundo en el que la dignidad de cada persona humana reciba el respeto que le es debido, puede dar fruto y lo dará.

Confío vuestras deliberaciones al cuidado maternal de Nuestra Señora, Reina de la Paz.

(15-IV-2012)
del mensaje del Papa a Mary Ann Glendon, presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales