«Jesús no pide invocaciones refinadas. Toda existencia humana puede convertirse en oración» - Alfa y Omega

«Jesús no pide invocaciones refinadas. Toda existencia humana puede convertirse en oración»

Francisco ha clamado durante la audiencia general por todos los niños hambrientos que hay en el mundo, ha pedido a los fieles tenerlos presentes en la oración y ha reconocido la labor de los misioneros, que «quemáis vuestra vida sembrando la palabra de Dios con vuestro testimonio»

José Calderero de Aldecoa
Foto: CNS

Durante la audiencia general, el Papa ha continuado despiezando la oración del padrenuestro y en esta ocasión se ha referido al «Danos nuestro pan de cada día», lo que le ha llevado a clamar por «los niños hambrientos» a lo largo del mundo. «Pensemos en los niños que están en los países en guerra: en los niños hambrientos de Yemen, en los niños hambrientos de Siria, en los niños hambrientos de todos esos países donde no hay pan, en Sudán del Sur. Pensemos en esos niños y pensando en ellos digamos juntos, en voz alta, la oración: “Padre, danos hoy nuestro pan de cada día”».

Esta petición, sin embargo, tiene que estar acompañada de generosidad porque «el pan que pedimos al Señor en la oración es el mismo que un día nos acusará. Nos reprochará la poca costumbre de partirlo con los que nos rodean, la poca costumbre de compartirlo. Era un pan regalado a la  humanidad y, en cambio, solamente lo han comido algunos, el amor no puede soportarlo. Nuestro amor no puede soportarlo; y tampoco el amor de Dios puede soportar este egoísmo de no compartir el pan».

Al contrario, «el pan que el cristiano pide en oración no es «mío», sino «nuestro». Esto es lo que quiere Jesús. Nos enseña a pedirlo no solo para nosotros, sino para toda la fraternidad del mundo». En este sentido, ha pedido imaginar «esta oración rezada no en la seguridad de un apartamento cómodo, sino en la precariedad de una habitación en la que uno se  las arregla, donde falta lo necesario para vivir. Las palabras de Jesús adquieren nueva fuerza». Y ha exclamado: «¡Cuántas madres y padres, incluso hoy, se van a dormir con el tormento de no tener cada mañana pan suficiente para sus hijos!».

Por último, el Pontífice quiso dejar claro que «Jesús no pide invocaciones refinadas, al contrario, toda existencia humana, con sus problemas más concretos y cotidianos, puede convertirse en oración».

Protagonismo de sor Maria

Una vez finalizada la catequesis, el Santo Padre ha presentado a una monja sentada a su lado. Se trataba de la religiosa italiana Maria Concetta Esu, de 85 años, misionera en África desde hace casi 60 años, durante los cuales ha ayudado a nacer a más de 3.000 niños, y a quien puso como ejemplo de todos aquellos que «no son noticia».

Bergoglio le dio las gracias por su trabajo e hizo extensible su agradecimiento a todos los «misioneros y misioneras, sacerdotes, religiosos y laicos, que esparcen las semillas del Reino de Dios en cada parte del mundo. Vuestro trabajo es grande. Quemáis vuestra vida sembrando la palabra de Dios con vuestro testimonio y en este mundo no sois noticias. No salís en los periódicos».