Ibrahima salvó a su hija de la mutilación genital

Ibrahima vino de Guinea sin papeles y sin trabajo. Ahora trabaja en un garaje del centro de Madrid, y gracias a su esfuerzo y a la fundación La Merced Migraciones, ha podido traerse a su hija pequeña, a la que ha salvado de la mutilación genital. Este fin de semana los mercedarios, expertos desde hace más de 30 años en el trabajo de inclusión de inmigrantes, dedican en Madrid su 5º Congreso internacional a las migraciones y la trata de personas

Cristina Sánchez Aguilar
Ibrahima (a la derecha) junto con sus compañeros del garaje y una de las trabajadoras de la fundación. Foto: Fundación La Merced Migraciones

Ibrahima vino de Guinea sin papeles y sin trabajo. Ahora trabaja en un garaje del centro de Madrid, y gracias a su esfuerzo y a la fundación La Merced Migraciones, ha podido traerse a su hija pequeña, a la que ha salvado de la mutilación genital. Este fin de semana los mercedarios, expertos desde hace más de 30 años en el trabajo de inclusión de inmigrantes, dedican en Madrid su 5º Congreso internacional a las migraciones y la trata de personas

Ibrahima es de Guinea Conakry. Llegó hace años a Madrid como inmigrante irregular en busca de papeles y trabajo. O al menos, eso parecía. Después de dar tumbos por diversas instituciones que no pudieron ayudarla, Ibrahima llegó un día hasta las oficinas de la fundación La Merced Migraciones, la organización social de los religiosos mercedarios que, desde hace más de 30 años, se dedica a acompañar los procesos de reinserción e inclusión de inmigrantes en la sociedad española.

«Cuando llegó a nuestra sede, Ibrahima buscaba trabajo de forma desesperada», recuerda el padre Luis Callejas, director de la fundación. Gracias a los técnicos del servicio de empleo detectaron el problema real que se escondía detrás de la historia del guineano. «Tiene una hija que en ese momento estaba en Guinea, y él quería conseguir dinero a toda costa para traerla y que la pequeña no tuviera que sufrir la mutilación genital». Todo el equipo se puso manos a la obra: contaron el caso a los abogados de la entidad, y empezaron a trabajar en la reagrupación de la niña. «Mientras, en paralelo, desde la fundación trabajábamos con él en su formación para el empleo», afirma el religioso.

Parte de esta formación consiste en trabajar en la empresa de inserción de la fundación, Puentes para la Inclusión. «Gestionamos un parking en la calle Orense, al lado de la basílica hispanoamericana de La Merced. Ibrahima tiene allí un puesto de trabajo, lo que le da la posibilidad de adquirir experiencia laboral, y también de tener un contrato e ingresos fijos», explica Callejas. Esto posibilitó no solo la reagrupación de su hija –su venida a España evitó la mutilación– sino también, poco tiempo después, la llegada de su mujer y su otro hijo.

Esta historia, que Luis Callejas cuenta con orgullo, es «muy significativa para nosotros. Muchas veces las instituciones damos respuesta y trabajo a las personas que llegan a pedir ayuda, pero no nos paramos a identificar las causas que les llevan al proceso migratorio».

Referencia en viviendas de acogida

Un momento de la intervención social. Foto: Fundación La Merced Migraciones

El de Ibrahima no es el único final feliz. La Merced Migraciones es una institución reconocida en España gracias a su trabajo con viviendas de acogida. «Es nuestra columna vertebral», señala el director. En estos momentos tienen nueve pisos residenciales en los que se da alojamiento a 75 jóvenes varones de 18 a 25 años. «Además de cubrir sus necesidades básicas y favorecer su integración inicial con aulas de capacitación para que aprendan español, nuestro objetivo es dar a los chicos una respuesta transversal, ayudarles en todas sus necesidades». Los jóvenes suelen estar en la fundación en torno a tres años, y durante ese tiempo se les acompaña para conseguir el permiso de trabajo, «una apuesta firme por nuestra parte». Aunque no puedan asegurar un puesto laboral, ponen toda la carne en el asador para que los chicos tengan la mayor experiencia en su currículo. Para ello crearon la empresa de inserción social que gestiona, en estos momentos, el garaje. El siguiente paso es que, «además de que aprendan el idioma y busquen trabajo, se sientan parte de la sociedad. Que no se vean exclusivamente como demandantes de caridad, sino que sepan que ellos mismos pueden generar un cambio en la sociedad».

La fundación tiene desde hace pocos años otro gran proyecto entre manos, «la asesoría jurídica gratuita a menores y familias, que ha tenido mucho éxito como experiencia piloto a nivel europeo». Han apostado por ella, pero «nos cuesta tener financiación. Estamos limitados y llegamos hasta donde podemos», concluye Callejas.

Cristina Sánchez Aguilar

 

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»Migración y trata, eje del 5º Congreso de Pastoral Mercedaria»]

Tender la mano a personas como Ibrahima es una prioridad para la Orden de la Merced. Por eso, dedica su 5º Congreso internacional de Pastoral Mercedaria, que se celebra desde mañana hasta el domingo en Madrid, al tema Migración, tráfico y trata. El encuentro será clausurado por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, con una Eucaristía en la parroquia Santa María de Cervellón. Y contará con la participación, entre otros, de Pablo Ordoñe, maestro general de la Orden; del director general de Servicios Sociales e Integración, Pablo Gómez; de José Luis Pinilla, SJ., director de la Comisión Episcopal de Migraciones; del vicario de Pastoral Social e Innovación de Madrid, José Luis Segovia; y del teólogo Xabier Pikaza. El acompañamiento a los inmigrantes, qué ocurre en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), el derecho de asilo o cómo intervenir en casos de trata son algunas de las cuestiones que abordarán los expertos de La Merced Migraciones y de otras entidades especializadas en este ámbito, como Karibu, Villa Teresita o las Adoratrices. Además, se podrán escuchar los testimonios en primera persona de víctimas de trata como Aadab e Isela, y de personas que viven el valor de la acogida en su día a día.

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