Sara Casero: «Hemos visto niños que salieron con sus padres y llegaron huérfanos» - Alfa y Omega

Sara Casero: «Hemos visto niños que salieron con sus padres y llegaron huérfanos»

Las UPAIM, puestas en marcha por el Gobierno Canario y UNICEF, tratan de hacer frente a los impactos emocionales de la infancia migrante

José Calderero de Aldecoa
Sara Casero
Sara Casero es especialista en migraciones de UNICEF Canarias. Foto: UNICEF.

Hablar de migración en Canarias también es hacerlo de salud mental, una situación que podrá conocer el Papa durante su visita al archipiélago y que ya ha palpado la comisionada de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, Belén González. La responsable del área viajó hasta las islas a principios de mes para ver cómo trabajan las Unidades Psicosociales Ambulatorias para Infancia Migrante (UPAIM). Se trata de un recurso puesto en marcha por el Servicio Canario de Salud en colaboración con UNICEF y que cuenta con la financiación del Ministerio de Sanidad. Sara Casero es especialista en migraciones dentro de esta agencia de la ONU y explica a Alfa y Omega cómo funcionan las UPAIM.

—Me imagino que un porcentaje de los que llegan tendrán afectada su salud mental de uno u otro modo.
—Correcto. Piensa que la ruta a Canarias es una de las más peligrosas del mundo. Dependiendo de cada embarcación, pueden llegar a estar incluso más de diez días en alta mar. Es un trayecto que implica hambre y sed, seguro. Yo siempre invito a todos a que imaginen lo que puede ser pasar varios días en un bote, que muchas veces se queda sin gasolina y está a la deriva. Es frecuente, además, que tengas que ser testigo de la muerte de algunas de las personas con las que compartes barco. A veces, los muertos son tus propios padres o hermanos. En Canarias hemos visto niños que no salieron huérfanos de origen y que han llegado huérfanos a Canarias. Ya siento ser tan explícita, pero es que hay chicos que han tenido que ver cómo tiraban cuerpos por la borda porque con menos peso hay más posibilidades de llegar. Es verdad que son situaciones que no tienen por qué generar directamente un trastorno, pero desde luego tienen un impacto emocional que necesita ser tratado por un profesional para evitar que derive en un problema de salud mental.

—Diría que ni siquiera hay que vivir dramas como los que ha descrito para que se requiera la ayuda de un profesional.
—Tal cual. La adolescencia, y la preadolescencia, son etapas en las que definimos quiénes somos. Pasarlas migrando determina la persona que vas a ser. Han atravesado este periodo vital, que psicológicamente es determinante, moviéndose, separándose de su familia, alejándose de los referentes positivos, de sus vínculos, de las personas con las que van generando vínculos en el camino. Todo ello, según nos dicen los expertos, tiene un impacto directo en la salud mental. Ante esta situación es clave, entre otras cosas, la acogida que les brindamos. Pero a día de hoy, ante el volumen de llegadas —Canarias tenía un sistema de protección con 1.700 plazas y en los últimos años ha tenido que abrir hasta más de 60 centros para atender a 5.500 niños—, la infancia migrante va a centros de emergencia. Hay alguno de ellos que está montado hasta en un antiguo palomar. Y eso está en nuestra mano cambiarlo.

—¿Cómo funcionan las UPAIM?
—Son unidades psicosociales ambulatorias. Su objetivo es dar apoyo al sistema de protección de infancia, a los centros de emergencia. Son multidisciplinares. Están formadas por diferentes perfiles, tanto de la psicología, como psiquiatría, como mediadores interculturales. Trabajan con un modelo preventivo. La idea es ir a la raíz para evitar que se desarrollen trastornos mayores y evitar así que tengan que acudir posteriormente a especialistas. Y no solo trabajan con los chicos: también se da formación a los profesionales en temas como detectar la violencia sexual, en temas de disciplina positiva, consumos, etc.

—¿Puede ayudar a nivel psicológico a estos chicos que un líder mundial de la talla del Papa se preocupe por su situación y vaya a verlos?
—Desde luego que sí. Yo creo que hay cierta invisibilización de la realidad tan cruda que viven; y sentirse invisibles tiene un impacto directo en su bienestar emocional. Por ello, que alguien visibilice lo que han sufrido  ya es reparador. Además, que venga una figura de tanta relevancia como el Papa ayudará a poner el foco en que Canarias no puede gestionar esto sola. Para ofrecer una acogida digna necesitamos la implicación de todos. Hay que volver a poner en el centro los derechos de la infancia.