Así es el trabajo de la Iglesia con migrantes que va a conocer el Papa
A pocas semanas de la visita de León XIV a Canarias, la Iglesia alza la mirada y la voz sobre el fenómeno migratorio: «Esto nos supera», asegura el obispo de Tenerife. Tratan de responder tanto en destino como en origen a pesar d ela falta de recursos. El proyecto Ben o las cooperativas de mujeres son ejemplo de ello
Una vez que el Papa ha regresado de África, la Iglesia ha girado su cabeza hacia España. El cambio de tercio tuvo lugar en el mismo vuelo desde Malabo (Guinea Ecuatorial) hasta Roma, donde los medios de habla hispana presentes pactaron preguntarle por su próximo viaje a nuestro país y el fenómeno migratorio. En su respuesta, fue tajante. Habló del derecho de los Estados al control fronterizo y denunció que muchas veces se trata a los migrantes peor que a los animales.
León XIV también advirtió de que «el tema de la inmigración es muy complejo». Es un mensaje similar al que un día antes lanzó el obispo de Tenerife desde la sede de la Conferencia Episcopal. Durante un briefing para hablar sobre migraciones en el contexto del viaje del Papa, Eloy Santiago confesó que este fenómeno «es una realidad que nos supera».
Como muestra, el prelado habló de El Hierro. «Tiene 9.000 habitantes y solo el año pasado recibió a 25.000 personas. Es un esfuerzo mayúsculo». Los médicos, por ejemplo, «son unos pocos, y cuando llega un cayuco tienen que desatender a la población local ante la emergencia». En este sentido, el obispo reconoció que «nos faltan recursos de todo tipo». Y añadió: «Nos sentimos impotentes».
A pesar de la falta de recursos, la Iglesia se ha involucrado activamente en la atención a la población migrante. Entre las distintas actuaciones de Cáritas destaca el proyecto Ben, de Cáritas Tenerife, que está centrado en la acogida, el acompañamiento y la integración de personas migrantes en situación de vulnerabilidad o exclusión social.

La iniciativa se dirige a los jóvenes migrantes extutelados de entre 18 y 25 años. «Tienen la situación más complicada», asegura Jesús Alberto González, delegado de Migraciones de la diócesis nivariense. «Cuando los chicos cumplen la mayoría de edad, se quedan en situación de calle». De hecho, de cinco beneficiarios actuales —dos de Gambia, dos de Senegal y otro saharaui con pasaporte marroquí—, tres se encontraban sin hogar.
Ahora, sin embargo, viven bajo el techo de Cáritas, que los acompaña en su proceso de integración. La actuación de la entidad caritativa de la Iglesia comenzó «con la regularización del permiso de residencia y trabajo». Una vez ya en situación legal, la idea es que «se formen para optar a incorporarse al mercado laboral», resume González, conocido como Suso y que también forma parte del equipo de Cooperación Fraterna y Movilidad Humana de Cáritas Tenerife.
Pero lo primero es el idioma y el aprendizaje de los hábitos normales de convivencia. Para este último cometido, cuentan con un nutrido grupo de voluntarios, formado por entre ocho y diez personas. «Pensamos que la comunidad tiene que acompañar el proceso de integración» y, en efecto, están en cada uno de los pasos del proyecto. «Al final, el objetivo de la iniciativa es ayudarlos en su integración en la sociedad, por lo que poder contar con voluntarios que tienen distintas tareas en la casa es un aprendizaje muy significativo para ellos», concluye.
Trabajo en origen
La Iglesia, no obstante, no solo se preocupa por las personas que ya están aquí, sino que también defiende el derecho a no migrar; una decisión que pasa inexorablemente por contribuir al desarrollo socioeconómico de las regiones de origen de los migrantes. «¿Qué hace el norte del mundo para ayudar al sur o a esos países donde los jóvenes hoy no encuentran un futuro y, por eso, viven este sueño de querer ir hacia el norte?», se preguntó León XIV tras salir de África. El continente es considerado por muchos «como un lugar al que se puede ir a extraer minerales, a tomar sus riquezas para la riqueza de otros, en otros países». Pero «quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros lugares».
La Iglesia española dio hace tiempo el primer paso con la puesta en marcha del proyecto Hospitalidad Atlántica, que involucra a diez países y 26 diócesis, tanto de África como de Europa, todos ellos situados en torno a la ruta atlántica. Una de las patas del proyecto tiene que ver con la puesta en marcha de proyectos en los países de origen. Se trata de contribuir al desarrollo local para ofrecer un futuro a quienes les gustaría quedarse en su país pero se ven abocados a salir por falta de oportunidades.
Con este objetivo en el horizonte, la secretaria general de Cáritas Canarias, Cayi Suárez, explica a Alfa y Omega algunas propuestas que tienen habilitadas en el continente africano. «Colaboramos con Cáritas Mali, Cáritas Senegal y Cáritas Marruecos en la atención y formación de menores sin hogar que, al encontrarse en situación de extrema vulnerabilidad, es muy habitual que se vean obligados a migrar», subraya.
La entidad también ha puesto en marcha varias cooperativas de mujeres, centradas en el sector de la agricultura, para garantizar la seguridad alimentaria a la vez que fomentan el autoempleo. «Les proporcionamos las habilidades y competencias necesarias» a nivel legal. Además, «les damos acceso a la tierra», lo cual no suele ser habitual en los países de la región. Con ello, las beneficiarias «pueden autoabastecerse y también logran ingresos a través de la comercialización de los productos». Cáritas Canarias acompaña a cada cooperativa unos tres años, hasta que «las mujeres se hacen autónomas y ya nos vamos a ayudar a otras personas».