Me duele darme cuenta de que durante todos estos años tendría que haber rezado mucho más por el Santo Padre. Todavía puedo darle todo mi apoyo y orar por la Iglesia y por el próximo Papa. Esta Cuaresma, la oración va a caer por su propio peso, y será una Cuaresma que acabe, como todas, en la felicidad pascual; en este caso, intensificada por la alegría de un nuevo Santo Padre, y por saber que nuestro Joseph Ratzinger sigue con nosotros, dando ejemplo de oración intensa y estudio hondo.