Garbanzos con castañas de las ursulinas de Sigüenza - Alfa y Omega

Garbanzos con castañas de las ursulinas de Sigüenza

Las ursulinas de Sigüenza llevan más de 200 años siendo una institución educativa en la zona y hasta cuentan con una beata como antigua alumna. Permanecen ocho religiosas, responsables de un internado y un colegio

Cristina Sánchez Aguilar
Las ursulinas celebraron en 2018 su bicentenario en Sigüenza. Foto: Ursulinas de Sigüenza

Los torreznos de Sigüenza, que se asan al horno a 80 ºC durante una hora y media antes de freírlos en aceite bien caliente, son la especialidad de las ursulinas de la localidad, y la receta que más gusta a la familia de la madre M.ª Asunción, la superiora. Aquí dejamos esta sugerencia para un aperitivo crujiente y nada desdeñable, aunque pedimos a la religiosa otra receta para estómagos más livianos y apareció con esta delicia: garbanzos con castañas. Nada pasa por casualidad.

La Compañía de Santa Úrsula, fundada por santa Ángela de Mérici en el siglo XVI, llevan más de 200 años en el pueblo seguntino. Su labor fundamental es la de la educación; de hecho, para ello nacieron de la mano de una pionera, «la primera mujer que se dedicó a la enseñanza de las niñas», como asegura la superiora. «En 1535 nadie pensaba que las mujeres pudieran estudiar; las chicas estaban dedicadas al cuidado de sus familias». Pero esta religiosa italiana, a quien el Papa Clemente VII quería a su lado en Roma, supo que su labor sería fundar una orden en Brescia tras los años terribles del saqueo de Roma por las tropas de Carlos V.  Estaría dedicada a Úrsula, su santa más admirada, y formada por monjas que no tenían que vivir en clausura y que enseñaban a estudiar a las niñas en sus propias casas. Cuatro años después de la muerte de santa Ángela el Papa aprobó la orden, aunque a partir del Concilio de Trento tuvieron que vivir en clausura, pero sin dejar de dedicarse a la enseñanza.

Desde entonces se expandieron por Europa. Fue de un convento francés desde donde llegaron las primeras ursulinas a España, huyendo de la Revolución francesa. Entraron primero a Valencia y más tarde, en 1807, llegarían a Molina de Aragón, curiosamente el mismo año en que su fundadora fue canonizada. 

En esta localidad de Guadalajara volvieron a sufrir los estragos de la contienda de la que escaparon, pues comenzó la guerra de independencia contra la invasión francesa. La ciudad fue asediada y el obispo ofreció a las monjas refugio en Sigüenza. Aunque volvieron a Molina de Aragón tiempo después, una de las religiosas, M.ª Teresa del Carmen, quiso fundar un convento en Sigüenza en 1818 y, desde entonces, las ursulinas cuidan del alma educativa de la localidad.

No se libraron de la Guerra Civil, que convirtió el edificio en un cuartel para milicianos y ocasionó múltiples destrozos. Pero en 1960 las monjas pudieron volver a poner en marcha su vocación de enseñar a las niñas. El internado se abrió y, con el paso de los años, el monasterio se convirtió en internado, colegio y casa de las religiosas.

«Gracias a Dios nuestro convento está unido al colegio, de eso vivimos, por lo que la pandemia no nos ha afectado tanto como a otras congregaciones», asegura la madre M.ª Asunción mientras los niños gritan de fondo. «Perdona si se escucha un pitido, es la hora de salir de clase», cuenta divertida. Las ocho religiosas que forman parte de las ursulinas de Sigüenza son «todas españolas y muy mayores» y, como «la mayoría de las congregaciones», necesitan vocaciones. Pero estas monjas educadoras, tan queridas por el pueblo, de momento son una institución en la zona –solo hay que ver el acto homenaje por sus 200 años de presencia en Sigüenza–. Y hasta tienen en sus filas a una antigua alumna que ahora es beata. Eusebia García García, conocida como Teresa del Niño Jesús, había estudiado con las ursulinas en los años 20 y después había ingresado en las carmelitas de Guadalajara. Fue asesinada durante la persecución religiosa de 1936. «Mataron a las tres monjas que había en el convento, y las tres fueron beatificadas» por san Juan Pablo II en 1987.

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La receta

INGREDIENTES

  • 750 gramos de garbanzos
  • Un kilo de castañas
  • Media cebolla
  • Dos huevos duros
  • Aceite de oliva

PREPARACIÓN

Dejamos los garbanzos a remojo la noche anterior. Ponemos agua con sal en una olla y, cuando esté hirviendo, añadimos los garbanzos previamente lavados. Dejamos cocer durante dos horas a fuego lento. Mientras, asamos las castañas en el horno. Para ello, las lavamos bien para que luego se pelen mejor. Rasgamos un poco la piel a cada castaña, las extendemos en una bandeja de horno y las mantenemos en el horno durante más o menos una hora a fuego fuerte.  Una vez que comprobamos que están asadas, las limpiamos y reservamos.  Cortamos la cebolla y sofreímos. Añadimos a la olla de los garbanzos las castañas y la cebollita, y dejamos que todo siga cociéndose durante media hora más. Servimos y ponemos por encima los huevos cocidos cortados en cuadraditos pequeños.