Repollo de la huerta rehogado con pimentón del monasterio de Zenarruza - Alfa y Omega

Repollo de la huerta rehogado con pimentón del monasterio de Zenarruza

Al monasterio cisterciense de Zenarruza, en medio de la montaña de Vizcaya, le atraviesa literalmente por el medio el Camino de Santiago

Cristina Sánchez Aguilar
Ocho monjes forman la comunidad de Zenarruza. Foto: Monasterio de Zenarruza

Es una receta sencilla, que casa perfectamente con el modo de vida de los ocho monjes cistercienses que habitan este monasterio de Zenarruza, un corazón de vida en Vizcaya al que atraviesa literalmente el Camino de Santiago y que se encuentra a 45 kilómetros de Bilbao. «La ruta para los peregrinos pasa por el patio mismo del monasterio, por lo que no tenemos clausura amurallada, es una clausura delimitada por la propia naturaleza», asegura fray Antonio María, actual prior de la comunidad.

Enmarcado en las estribaciones del pico Oiz, Zenarruza –que significa ladera fría– «fue siempre un importante enclave dentro de la ruta jacobea», explica el prior. La leyenda sobre su origen se encuentra en unos documentos conservados en San Millán de la Cogolla, que recogen cómo el 15 de agosto del año 968, día de la Asunción, las gentes de Gerricaitz se encontraban celebrando Misa en Santa Lucía cuando un águila se lanzó al osario del cementerio y cogió con sus garras una calavera. Todos siguieron su trayectoria hasta la ladera de enfrente, la de Zenarruza, donde el ave soltó los huesos. «La fuerza emotiva del momento hizo que todos manifestasen su convicción de levantar en esa ladera una ermita en honor a la Virgen».

Así, a partir del siglo X Zenarruza se convirtió en un lugar deseado donde los vecinos querían ser enterrados a toda costa. En el siglo XIV, motivadas por el crecimiento de las peregrinaciones a Santiago, las familias más representativas de la zona pusieron en común parte de sus bienes para que se estableciese en el lugar un grupo de clérigos. Es así como el templo vio elevada su categoría de parroquia a colegiata en 1379. En esta época se costruyeron una importante biblioteca y la iglesia actual, reconocida en 1948 como Monumento Nacional de Euskadi.

El monasterio tiene su origen entre los siglos IX y X. Foto: Monasterio de Zenarruza

Pero ya en el siglo XIX Zenarruza fue perdiendo su influencia. En 1851, en el concordato con la Santa Sede en que se actualizaba la lista de colegiatas, Zenarruza ya no aparecía como tal.Así, la que había sido primera y única colegiata de Vizcaya volvió a su rango de parroquia de un núcleo de caseríos.

Desde entonces, el monasterio vivió una etapa de deterioro. La desaparición de la comunidad que vivía en él y sucesivos incendios abocaron al conjunto a una situación límite. Pero por la peculiaridad de su historia en Vizcaya y el valor de su conjunto artístico, la Diputación y la diócesis de Bilbao asumieron un plan de revitalización a partir de 1980.Finalmente, en 1988 se asentó en el monasterio vasco la primera comunidad de monjes cistercienses, llegados de la abadía de Santa María de la Oliva, en Navarra.

Su principal medio de vida actualmente es la hospedería y un albergue para peregrinos –«gratuito, pero siempre dejan donativos»–. Además, venden algo de repostería en una pequeña tienda y desde hace unos meses «aprovechamos que un hermano sabe coser» y han comenzado a confeccionar ropa litúrgica.

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La receta

INGREDIENTES

  • Un repollo o col
  • Cuatro dientes de ajo
  • Una cucharadita colmada de pimentón de la Vera
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Agua
  • Sal
  • Vinagre (opcional)
  • Almendras (opcional)

PREPARACIÓN

El repollo rehogado con pimentón dulce o picante es una de las opciones más sabrosas y saludables para hacer con verdura de la huerta. Retiramos al repollo las hojas externas y lo cortamos en tiras gruesas. Lavamos la verdura con agua fría y, a continuación, la cocemos en una olla con agua suficiente para que cubra el repollo. Cuando esté hirviendo, echamos un puñado de sal y cocinamos hasta que esté tierno, alrededor de 20 minutos. Pelamos los ajos, los cortamos en rodajas finas y rehogamos a fuego medio con un par de cucharadas soperas de aceite de oliva. Apartamos la sartén del fuego y, cuando enfríe un poco, echamos la cucharada de pimentón de la Vera, un poco de sal y el vinagre (opcional). A continuación añadimos el repollo bien escurrido y volvemos a rehogar todo junto durante cinco minutos.  Como extra se pueden añadir unos frutos secos picados al rehogado para conseguir un plato más completo en nutrientes y aún de mejor sabor. Las almendras van estupendas.