Tarta de Santiago de las religiosas del monasterio de Santiago Apóstol - Alfa y Omega

Tarta de Santiago de las religiosas del monasterio de Santiago Apóstol

En pleno casco antiguo de Toledo, las religiosas del monasterio de Santiago Apóstol tienen una guardería y elaboran delicias como esta tarta o los inigualables mazapanes de la región

Cristina Sánchez Aguilar
En la II República solo quedaron dos hermanas en la comunidad. Hoy son 21. Foto: Comunidad de Comendadoras de Santiago

Podríamos pensar que esta foto de la comunidad de las monjas comendadoras de Santiago es una consecuencia de la globalización. Monasterio en el casco antiguo de Toledo, capa blanca impertérrita y cruz de la orden al pecho, y una mayoría de rostros asiáticos sonrientes. Pero la globalización, en este caso, tiene nombre de sacerdote, el padre Jerónimo, que fue quien llevó el carisma de la orden a la India y trajo nuevas vocaciones bajo el brazo. Esto fue hace la friolera de 30 años, lo que ha otorgado hasta la doble nacionalidad a algunas hermanas. «Después vino una chica de República Dominicana y estuvo en el noviciado con siete indias. Yo pensaba que se iba a aburrir sin entenderlas, pero ¡cuál fue mi sorpresa cuando supe que había aprendido a hablar hindi!», asegura la superiora, sor Lucía, riendo. «Ahora, cuando llaman los familiares de sus hermanas desde allí, ella es la que coge el teléfono y se entiende con ellos». 

Quién se lo iba a decir a Fernando II de León y sus doce caballeros cuando fundaron, en el año 1160, la Orden Militar de Santiago para proteger a los peregrinos de los ataques musulmanes en su camino hacia Compostela –de ahí la insignia de la cruz en forma de espada–. Tras cuatro siglos de vicisitudes, ya en 1502, la rama femenina de la orden llegó a Toledo y ocupó el monasterio de la Santa Fe, situado dentro del Alcázar.  «El gran decoro que a lo divino y a lo humano guardan», diría de ellas la infanta doña Sancha en sus escritos. «La santidad en sus obras y las muchas religiosas insignes en virtud que han florecido en este convento». 

Pero la gloria de las religiosas no ahuyentó los impactos políticos del siglo XIX en la vida religiosa. Sufrieron la desamortización de Mendizábal y la revolución de septiembre de 1868, acaudillada por Prim. La consecuencia de estos avatares fue que la comunidad quedase reducida a dos monjas, una de ellas impedida. Su hermana, Francisca Dávila, no dejó de acudir a rezar el oficio al coro ni un solo día. Gracias al monasterio de Granada, de la orden, llegaron más monjas y se evitó el cierre del monasterio. Fue con la II República cuando el Gobierno «impuso tan grandes impuestos que era imposible pagarlos y se vieron obligadas a vender el monasterio», que ahora pertenece al Estado, explica sor Lucía. Las religiosas tuvieron que ir a refugiarse «a una parte que no ocupaban las dominicas de su convento», ya en pleno casco antiguo de Toledo. Y poco a poco, el edificio, «que estaba muy estropeado  por la falta de uso», fue tomando forma hasta ser el monasterio de Santiago Apóstol que hoy habitan 21 religiosas. Con milagro incluido. «En los años difíciles de la posguerra no se pudo hacer la restauración necesaria, y una noche de 1946 se desplomó el techo de las celdas, quedando la mayor parte de las monjas bajo los escombros», explica. «Pero el Señor veló por ellas: las vigas quedaron apoyadas en los catres de las camas y no se rompieron ni las gafas de una hermana que aparecieron debajo de la mesa». Tan aparatoso fue el accidente, que «los bomberos sacaron a las hermanas de entre los escombros haciendo boquetes para pasar de una celda a otra». Pero a la mañana siguiente, la comunidad estaba celebrando Misa como sin nada [bueno, con una cantidad de polvo que tardó en desaparecer].

Está claro que la orden tenía que estar en Toledo. Además de su oración, y un espectacular obrador en el que el dulce estrella es esta tarta de Santiago cuya receta nos ofrecen amablemente, las comendadoras tienen otra tarea: una guardería en la que han llegado a cuidar hasta de 80 niños. «Ahora vienen menos, no solo por la pandemia, sino porque los colegios empezaron a ofrecer también servicios de guardería y los padres quieren llevar a sus hijos al mismo centro», afirma la superiora. Por eso ahora están más dedicadas a los dulces, para poder sobrevivir. No estaría de más que siguieran conjuntando educación con devoción.

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Tarta de Santiago

Ingredientes

  • 250 gramos de almendras crudas
  • 250 gramos de azúcar blanquilla
  • 5 gramos de mantequilla
  • Tres huevos
  • Azúcar glas

Preparación

Se muele la almendra, pero que no quede como harina, sino en trocitos pequeños. A continuación se baten la mantequilla, el azúcar y los huevos, todo junto. Después se añade la almendra molida a la mezcla y se vuelve a batir hasta que quede como puré. Se echa la masa en el molde y se mete 20 minutos en el horno a 170 grados.  Una vez templada, se pone un molde de la cruz de Santiago en el centro y se espolvorea la tarta con azúcar glas.